El decreto transfiere los deberes del Presidente y blanquea quién toma las decisiones en la Casa Rosada.
El Gobierno oficializó este jueves la creación de un nuevo cargo dentro de la Secretaría General de la Presidencia con una definición que llamó la atención incluso dentro de la Casa Rosada: tendrá entre sus responsabilidades la “conducción del Poder Ejecutivo Nacional”. La decisión quedó plasmada en el Boletín Oficial y fortalece el área que conduce Karina Milei, en un movimiento que, más que una reorganización administrativa, explicita dónde reside el poder político del Gobierno.
La resolución incorpora esa función dentro de la estructura de la Secretaría General de la Presidencia, el ministerio que conduce la hermana del Presidente y que desde el inicio de la gestión fue ampliando competencias hasta convertirse en el verdadero centro de gravedad de la administración libertaria.
No se trata de una formulación menor. La Constitución establece que el Poder Ejecutivo es ejercido por el Presidente de la Nación. Que la “conducción del Poder Ejecutivo Nacional” aparezca como una función asignada a un área dependiente de la Secretaría General supone un corrimiento político de enorme peso simbólico. Es una manera de reconocer por escrito una dinámica de poder que hasta ahora se observaba en la práctica.
Desde la llegada de Milei al Gobierno, Karina acumuló atribuciones que excedieron largamente las tareas tradicionales de una Secretaría General. Centralizó el armado político, controla el acceso al Presidente, interviene en la designación de funcionarios, conduce la estrategia electoral y tiene la última palabra en buena parte de las decisiones de gestión. En la Casa Rosada hace tiempo que la describen como la funcionaria con mayor poder del Gobierno.
La nueva estructura parece ir un paso más allá. Mientras Javier Milei conserva las atribuciones constitucionales de la Presidencia, la resolución formaliza que la conducción cotidiana del Poder Ejecutivo quede bajo la órbita del área que responde a Karina. Es un movimiento que institucionaliza una relación de poder que hasta ahora funcionaba de hecho.
No es casual que esa definición aparezca ahora. En los últimos meses, la Secretaría General fue absorbiendo funciones y consolidándose como el vértice desde donde se ordena el resto del gabinete. Ministros, secretarios y organismos descentralizados reconocen que muchas de las decisiones relevantes pasan antes por el despacho de Karina que por cualquier otra oficina de Balcarce 50.
La creación de este cargo también termina con una ficción que el propio oficialismo nunca se preocupó demasiado por sostener. Javier Milei repitió en innumerables entrevistas una frase que se volvió una marca registrada de su Gobierno: “El jefe es mi hermana”. Lo que hasta ahora era una definición política y personal encuentra desde este jueves un correlato administrativo.
La resolución no cambia el texto de la Constitución ni las responsabilidades legales del Presidente. Pero sí ofrece una fotografía bastante precisa de cómo funciona el poder dentro del Gobierno. Al colocar la “conducción del Poder Ejecutivo Nacional” bajo la Secretaría General, la administración libertaria blanquea institucionalmente lo que Javier Milei viene diciendo desde el primer día: la jefa es Karina.




