Los dueños y ejecutivos de Mercado Libre, DirecTV, ChangoMás y grupos energéticos compartieron la cena con Karina Milei y Martín Menem. Entre los asistentes hubo empresarios vinculados con privatizaciones, grandes contrataciones y sectores regulados. La mesa se pagó entre 200.000 y 300.000 dólares.
La escena estaba preparada para el aplauso. Javier Milei llegó a la cena anual de la Fundación Faro, en el Yacht Club Argentino de Puerto Madero, rodeado de funcionarios, dirigentes libertarios y algunos de los empresarios más poderosos del país. Horas antes, el juez Marcelo Martínez de Giorgi lo había sobreseído en la causa $LIBRA. El Presidente aprovechó el escenario para celebrar la decisión judicial y cargar contra los periodistas. Dijo que algunos “se tienen que quemar en la hoguera”.
Pero más interesante que detenerse en el discurso presidencial es mirar quiénes estaban sentados frente al escenario. La fotografía difundida por una cuenta de seguidores de Milei permite reconstruir una parte del mapa empresario que acompañó la velada. No se trata solamente de simpatizantes libertarios. En las mesas convivieron dueños de compañías, ejecutivos de multinacionales, operadores de negocios regulados y empresarios con intereses directos en decisiones del Gobierno.
En una de las mesas principales, cerca de Karina Milei y Martín Menem, estaba Adrián Werthein. Integrante de una de las familias empresarias tradicionales de la Argentina, Werthein participa de negocios de telecomunicaciones y medios a través del grupo propietario de DirecTV en América Latina. Su presencia resulta especialmente significativa porque el Presidente dedicó parte de su intervención a atacar al periodismo, mientras entre los invitados había empresarios con intereses en la industria de la comunicación.
También estuvo Peter Lamelas, embajador de Estados Unidos en la Argentina. Su participación sumó una representación diplomática de peso a una cena que mezcló la cercanía política con el acceso a los principales funcionarios del Gobierno.
Uno de los asistentes menos advertidos fue Juan Martín de la Serna, presidente de Mercado Libre en la Argentina. Su presencia abre una pregunta concreta: ¿quién pagó su participación? ¿Fue un gasto personal del ejecutivo, una erogación de Mercado Libre o una invitación de los organizadores?
La pregunta no es menor. Mercado Libre es una de las empresas más importantes del país y mantiene intereses directos en las políticas de comercio electrónico, importaciones, medios de pago y regulación financiera. Su presidente local asistió a una cena donde Milei pronunció una de sus intervenciones más agresivas contra la prensa. La participación del ejecutivo está documentada; el eventual financiamiento empresarial de su lugar en la mesa todavía requiere una explicación.
Otro de los nombres que merece atención es Nelson Damián Pozzoli, del grupo Inverlat, conocido por su participación en Havanna. Inverlat también integra la estructura accionaria de Edison, junto con empresarios de la familia Neuss y otros inversores. Es uno de los grupos que ganaron protagonismo en el negocio eléctrico. La relación societaria figura en documentación oficial del sector energético publicada en junio de 2026.
El dato es relevante porque Edison participa de la reorganización de activos energéticos, un terreno donde las decisiones estatales sobre concesiones, regulaciones y privatizaciones pueden modificar el valor de las empresas. La presencia de Pozzoli permite observar cómo los grupos que expanden sus negocios en áreas dependientes de decisiones públicas también encuentran espacios de interlocución directa con la Casa Rosada.
En otra punta aparecía Francisco de Narváez, propietario de ChangoMás. El empresario tiene una trayectoria política y comercial que atraviesa distintos gobiernos. Su presencia introduce una contradicción particularmente interesante: De Narváez también mantiene vínculos personales con Sergio Massa. Según la información aportada para esta nota, le facilitó un avión para un viaje privado al Caribe. Ese episodio requiere corroboración independiente, pero ilustra la amplitud de las relaciones políticas del empresario.
De Narváez no es un dirigente libertario ni un recién llegado al mundo de los negocios. Su presencia en Faro muestra que el acercamiento al poder no necesariamente exige fidelidad política exclusiva. Un empresario puede conservar relaciones con referentes del peronismo y, al mismo tiempo, participar de un encuentro organizado por el principal espacio de formación ideológica del mileísmo.
La lista de asistentes también incluyó a Ricardo Markous, CEO de Tecpetrol, la petrolera del Grupo Techint. Markous es uno de los principales ejecutivos del conglomerado de Paolo Rocca y conduce una compañía con intereses estratégicos en Vaca Muerta, la producción de gas y petróleo y la infraestructura energética. Su presencia muestra la participación de un grupo industrial cuya relación con el Gobierno combina oportunidades de inversión, intereses regulatorios y diferencias sobre la política económica.
En el sector financiero aparece otro nombre relevante: Fabián Kon, CEO del Grupo Financiero Galicia. El ejecutivo conduce el holding que reúne negocios bancarios, seguros y servicios financieros, incluida Naranja X. Galicia es uno de los actores centrales del sistema financiero argentino y, por lo tanto, tiene intereses directos en las decisiones del Banco Central, la política monetaria y la regulación bancaria. Su cargo está confirmado por la propia compañía, aunque su asistencia específica a la cena queda pendiente de corroboración independiente.
La convocatoria reunió además a Martín Migoya, de Globant; Rubén Cherñajovsky, de Newsan; Martín Eurnekian, de Aeropuertos Argentina; David Martínez, del fondo Fintech; Claudio Belocopitt, de Swiss Medical; Horacio Marín, presidente de YPF; Manuel Santos Uribelarrea, de MSU Energy; y Mariano Bosch, de Adecoagro. Una representación amplia de sectores que dependen, en distinta medida, de políticas públicas, concesiones, regulaciones o decisiones económicas del Estado.
Sobre el financiamiento de la velada también hay interrogantes. Distintas publicaciones mencionaron mesas de hasta 200.000 dólares y ubicaciones privilegiadas de 300.000 dólares. Sin embargo, la Fundación Faro sostuvo que la actividad no constituía una recaudación puntual y no difundió oficialmente los precios ni el listado de aportantes. Por eso, no es posible establecer cuánto pagó cada empresario, si lo hizo personalmente o mediante su compañía, ni quiénes concurrieron invitados.
La noche tuvo, además, un condimento judicial. El sobreseimiento de Milei en la causa $LIBRA le permitió al Presidente presentarse ante los empresarios como víctima de acusaciones infundadas. Pero la resolución de Martínez de Giorgi y el tratamiento de la prueba siguen siendo materia de controversia pública. No hay elementos suficientes para afirmar que existió un acuerdo entre el Poder Judicial y la Casa Rosada, aunque la proximidad temporal entre el fallo y la celebración presidencial alimentó las críticas.
La cena dejó así una fotografía política y económica. Los principales empresarios del país compartieron un ámbito privilegiado con el Presidente, sus funcionarios y los dirigentes libertarios. Algunos tienen intereses en privatizaciones, otros en concesiones, bancos, telecomunicaciones o energía. Todos conocen el valor de mantener abiertos los canales con el poder.







