Augusto Costa reivindicó la estabilidad fiscal y el gobierno bonaerense apeló una cautelar contra los tarifazos. La Cámpora juntó los dos episodios para cuestionar el rumbo económico del gobernador.
El kicillofismo ofrece señales de un acercamiento al mercado que alimentaron una nueva controversia en la interna peronista. Augusto Costa, ministro de Producción bonaerense y uno de los principales referentes económicos de Axel Kicillof, reivindicó la estabilidad y la lucha contra la inflación como prioridades económicas. Casi en simultáneo, el gobierno provincial apeló una cautelar que frenaba los aumentos de las tarifas eléctricas. La Cámpora tomó nota de ambos episodios y encontró argumentos para cuestionar lo que considera un perfil cada vez más liberal del gobernador.
Costa fue consultado sobre qué políticas de Javier Milei mantendría un eventual gobierno de Kicillof. Su respuesta sorprendió: “Dejaría un par de prioridades que fijó Javier Milei como la estabilidad y la lucha contra la inflación”.
La declaración circuló rápidamente en las redes sociales, presentada como un reconocimiento del kirchnerismo a la política económica libertaria. La interpretación fue rechazada por el propio ministro, que salió a aclarar que Milei había prometido estabilidad y una reducción de la inflación, pero que, a su juicio, no había conseguido ninguna de las dos cosas.
“Un recorte de Twitter con un copy mentiroso no puede ser la partida de ningún debate serio”, respondió Costa. Y agregó: “Si alguien infiere que Axel o yo pensamos que lo que hizo Milei fue un ordenamiento, revisaría bastantes cosas”.
La aclaración es pertinente. Costa no elogió los resultados del programa libertario. Por el contrario, cuestionó la destrucción de la actividad económica y sostuvo que el ordenamiento fiscal se apoya en el incumplimiento de compromisos con las provincias.
Pero el episodio dejó planteada una discusión más interesante que la polémica por un recorte televisivo. El ministro eligió colocar la estabilidad macroeconómica y la sustentabilidad de las cuentas públicas entre las prioridades de un programa alternativo. Un lenguaje que dialoga con las preocupaciones de los inversores y los acreedores, mientras el salario y el mercado interno atraviesan un deterioro persistente.
“Una cosa es ordenar las cuentas y otra es poner la rentabilidad de las empresas por encima del salario. Si Costa habla como el mercado y Axel defiende los tarifazos, después es difícil explicar cuál es la diferencia con el modelo que dicen combatir”, planteó un dirigente de La Cámpora.
La controversia encontró una audiencia particularmente receptiva en La Cámpora, donde las declaraciones de Costa se sumaron a otro episodio que había provocado malestar: la decisión del gobierno bonaerense de apelar una cautelar contra los aumentos de las tarifas eléctricas.
La administración provincial recurrió una medida impulsada por la Defensoría del Pueblo que había suspendido los incrementos autorizados para las distribuidoras EDEN, EDEA, EDES y EDELAP. El organismo cuestionaba la ausencia de audiencias públicas y reclamaba proteger a los usuarios.
La Provincia, en cambio, defendió la sustentabilidad económica del servicio y cuestionó los efectos de mantener suspendidos los incrementos. Su presentación coincidió en ese punto con los intereses de las distribuidoras, que buscaban recuperar la aplicación de las nuevas tarifas.
La decisión alcanzaba a cerca de un millón y medio de usuarios bonaerenses. La discusión judicial terminó exponiendo una tensión política: el gobierno de Kicillof defendió la necesidad de garantizar el equilibrio económico del sistema eléctrico frente a una medida que buscaba frenar aumentos sobre los hogares.
En La Cámpora vincularon ambos episodios para alimentar sus cuestionamientos al perfil económico del kicillofismo. La reivindicación de la estabilidad fiscal por parte de Costa y la defensa judicial de los aumentos tarifarios fueron leídas como señales de una mayor disposición a incorporar demandas del sector empresario.
El argumento que circula en esa interna es que el problema no consiste en reconocer la importancia de la estabilidad, sino en el orden de las prioridades. El kirchnerismo construyó buena parte de su identidad económica alrededor del salario, el consumo y el mercado interno. La pregunta es qué lugar ocupan esas variables cuando la sustentabilidad fiscal y la rentabilidad de las empresas ganan protagonismo.
La discusión tampoco es nueva. Kicillof intenta construir una propuesta económica que trascienda al kirchnerismo tradicional y pueda ofrecer previsibilidad a los sectores productivos. En ese esquema, Costa cumple un papel central como interlocutor del empresariado y como uno de los funcionarios encargados de darle consistencia económica al proyecto político del gobernador.
Desde el kicillofismo rechazan que esa búsqueda implique adoptar las recetas de Milei. Sostienen que la estabilidad macroeconómica es indispensable para recuperar la producción y el salario, y que la diferencia con los libertarios reside precisamente en la distribución de los costos y en el papel que debe cumplir el Estado.
Sin embargo, el episodio tarifario introduce un elemento concreto en una discusión que hasta ahora podía limitarse a las palabras. Ante el conflicto entre la protección inmediata de los usuarios y la sustentabilidad económica de las distribuidoras, la Provincia decidió recurrir la cautelar.
La Cámpora encontró en esa decisión un argumento para profundizar una disputa que excede las diferencias personales entre Cristina Kirchner y Kicillof. Detrás de la interna por el liderazgo del peronismo también aparece una discusión sobre el programa económico que debería ofrecer una alternativa al gobierno libertario.
El acercamiento al mercado, o al menos la adopción de parte de su lenguaje, no supone necesariamente un abandono de las posiciones históricas del kirchnerismo. Pero expone las tensiones de un espacio que busca ampliar su representación política mientras administra una provincia con restricciones fiscales, servicios públicos deteriorados y una economía golpeada por la recesión.
El interrogante es si el kicillofismo está construyendo una síntesis entre estabilidad y desarrollo o si, en su esfuerzo por mostrarse confiable ante los inversores, corre el riesgo de relegar las variables que históricamente definieron su identidad económica.
Por ahora, La Cámpora encontró en Augusto Costa y en los tarifazos dos elementos para instalar esa discusión. La disputa por la conducción del peronismo también se juega en la definición de qué significa ser amigable con el mercado y hasta dónde puede llegar esa amistad.







