Washington pidió eliminar el Comité de Descolonización de Naciones Unidas, donde Argentina reclama por las islas. La decisión genera malestar en medio de las tensiones por la Ley de Soberanía.
La relación entre Javier Milei y Donald Trump suma una contradicción incómoda. Después de las señales de respaldo estadounidense al reclamo argentino por las Islas Malvinas, Washington pidió cerrar uno de los principales espacios internacionales donde el país sostiene esa disputa diplomática con el Reino Unido.
El planteo fue presentado el 15 de octubre ante la Cuarta Comisión de la Asamblea General de Naciones Unidas. La delegación estadounidense reclamó poner fin al mandato del Comité Especial de Descolonización, conocido como C-24, con el argumento de que sus actividades representan un gasto innecesario y que el organismo perdió el sentido para el que fue creado.
El problema para la Argentina es que ese comité constituye una de las principales herramientas diplomáticas para mantener vigente la Cuestión Malvinas. Allí se examina anualmente el conflicto y se aprueban resoluciones que reconocen la existencia de una disputa de soberanía y reclaman a Buenos Aires y Londres retomar las negociaciones.
La posición estadounidense contrasta con las expectativas que había generado Trump cuando manifestó su apoyo a la Argentina. En el Gobierno habían interpretado esas declaraciones como una oportunidad para fortalecer el reclamo histórico. Ahora, la Casa Blanca propone desmantelar precisamente uno de los ámbitos donde ese reclamo consigue respaldo internacional.
La controversia aparece, además, en un momento de sensibilidad por la Ley de Soberanía. El debate sobre los instrumentos para defender los intereses argentinos en el Atlántico Sur agrega tensión a una relación bilateral que Milei presenta como estratégica.
El giro resulta especialmente llamativo porque fue el propio Milei quien vinculó su nueva ofensiva diplomática con las declaraciones de Trump. En septiembre, el presidente argentino reconoció que la posibilidad de que Washington revisara su posición histórica frente al Reino Unido había impulsado el endurecimiento de su política sobre Malvinas.
Ese cambio se tradujo en el envío al Congreso de la Ley de Defensa de la Soberanía Nacional, que propone endurecer las sanciones contra empresas que exploten recursos naturales sin autorización argentina. La iniciativa apunta especialmente a las actividades petroleras en el Atlántico Sur y fue presentada por la Casa Rosada como un paso decisivo en la recuperación de las islas.
La ofensiva también alcanzó al proyecto petrolero Sea Lion, impulsado por empresas británicas e israelíes. El Gobierno argentino recurrió a mecanismos internacionales para intentar frenar la explotación de hidrocarburos en aguas cuya soberanía reclama.
Pero mientras Milei busca fortalecer su reclamo mediante la Ley de Soberanía, Estados Unidos cuestiona la continuidad del comité de Naciones Unidas que lo mantiene en discusión. El contraste alimenta el malestar político alrededor de la iniciativa, aunque todavía no hay una reacción oficial argentina documentada frente al pedido estadounidense.
La paradoja es que Milei había elegido a Naciones Unidas para ratificar que Malvinas constituye una causa nacional y exigir al Reino Unido que vuelva a negociar. Apenas tres semanas después, su principal aliado internacional planteó terminar con el mandato de uno de los organismos que sostienen ese reclamo.
Por ahora, la propuesta de Washington no implica que el comité haya sido eliminado. Pero deja una señal política difícil de disimular: el respaldo de Trump que alentó el giro argentino sobre Malvinas no se traduce necesariamente en apoyo a las herramientas diplomáticas que utiliza Buenos Aires para reclamar su soberanía.







