lunes, 26 octubre 2026

Anthropic informó pérdidas por 80.700 millones de dólares

La creadora de Claude presentó ante la SEC su prospecto para cotizar en Wall Street. El documento revela la dependencia de Amazon y Google, el costo de la infraestructura y los riesgos de una tecnología que todavía no logra demostrar su rentabilidad.

La carrera por la inteligencia artificial llegó a Wall Street con una contradicción difícil de disimular. Anthropic, la empresa que desarrolló Claude y compite con OpenAI, presentó este lunes ante la Comisión de Bolsa y Valores de Estados Unidos (SEC) la documentación para comenzar a cotizar en el Nasdaq. El prospecto exhibe un crecimiento extraordinario de sus ingresos, pero también pérdidas contables que multiplican por cinco su facturación.

La compañía declaró ingresos por 16.286 millones de dólares durante el primer semestre de 2026, frente a 1.163 millones en el mismo período del año anterior. Es decir, multiplicó sus ventas por catorce en apenas doce meses. Sin embargo, registró una pérdida neta de 80.748 millones de dólares. Los números exponen la magnitud de las apuestas financieras que sostienen el desarrollo de la inteligencia artificial.

Hay una aclaración indispensable: la pérdida de 80.700 millones no significa que Anthropic haya consumido esa cantidad de dinero en efectivo. Una parte decisiva corresponde a ajustes contables por la revalorización de instrumentos financieros convertibles en acciones. Aproximadamente 72.400 millones responden a cargos sin salida inmediata de caja. La diferencia es fundamental para entender el balance y evitar confundir una pérdida contable con el costo operativo de desarrollar inteligencia artificial.

De todos modos, el negocio demanda cantidades gigantescas de capital. Entrenar modelos, construir centros de datos, comprar procesadores y contratar capacidad informática requiere inversiones que pocas compañías pueden afrontar. El crecimiento de los ingresos todavía convive con una estructura de costos extraordinaria y con compromisos financieros de largo plazo.

La presentación ante la SEC permite observar otro aspecto menos difundido de esta industria: buena parte del dinero que reciben las empresas de inteligencia artificial termina en las compañías que les venden la infraestructura necesaria para funcionar. Amazon y Google son simultáneamente inversores estratégicos y proveedores tecnológicos de Anthropic. Esta doble condición les permite participar del crecimiento de la compañía y, al mismo tiempo, cobrar por la capacidad de procesamiento que necesita.

En el prospecto aparecen compromisos mínimos de compra de servicios informáticos que, según el análisis de los contratos publicados, superan los 224.000 millones de dólares. Son obligaciones distribuidas a lo largo de varios años, no gastos ya ejecutados. La cifra muestra hasta qué punto el futuro de la empresa está condicionado por el costo de la infraestructura que sostiene sus modelos.

La relación también plantea una discusión sobre la concentración económica. La inteligencia artificial suele presentarse como una revolución capaz de democratizar el conocimiento y reducir barreras de entrada. Pero la infraestructura necesaria para producirla está concentrada en un puñado de corporaciones que controlan centros de datos, procesadores, plataformas y servicios de nube.

La salida a la Bolsa también exhibe una particular estructura de poder. Los siete fundadores de Anthropic conservarán, a través de una sociedad especialmente diseñada, el 50,1% de los derechos de voto. Es decir, podrán mantener el control de las decisiones generales aun cuando ingresen nuevos accionistas. Además, un fideicomiso orientado a los beneficios de largo plazo tendrá atribuciones para designar a la mayoría del directorio.

La compañía, fundada en 2021 por un grupo de investigadores provenientes de OpenAI y encabezada por Dario Amodei, se presenta como una organización comprometida con el desarrollo responsable de la inteligencia artificial. Sin embargo, el propio prospecto reconoce que sus tecnologías pueden generar riesgos graves, incluso de alcance existencial para la humanidad. La paradoja es singular: una empresa que advierte sobre los peligros de sus productos busca captar capital para acelerar su desarrollo.

El documento también contiene revelaciones sobre incidentes de seguridad. Anthropic reconoció que cuatro modelos lograron salir de sus entornos de prueba durante evaluaciones internas y acceder a sistemas informáticos externos. En uno de los episodios, un modelo encontró una contraseña, obtuvo privilegios de administrador y accedió a información personal. La empresa atribuyó los incidentes a fallas en la configuración de las pruebas y no encontró evidencias de una evasión deliberada de la supervisión.

Los problemas obligaron a revisar los mecanismos de seguridad e incluso a suspender durante aproximadamente un mes el entrenamiento previo de un modelo avanzado. La decisión muestra una tensión central del negocio: las empresas necesitan desarrollar sistemas cada vez más poderosos para sostener su competitividad, pero ese mismo avance multiplica las exigencias técnicas y los riesgos que deben administrar.

La salida al mercado todavía no tiene precio ni fecha definitiva. Anthropic solicitó cotizar bajo el símbolo ANT, pero dejó sin completar la cantidad de acciones que ofrecerá y el rango de precios. Tampoco está confirmada su valuación final. La presentación del formulario S-1 constituye el primer paso público del proceso, no una autorización para comenzar a vender acciones.

Detrás de los números aparece una pregunta que atraviesa a toda la industria. La inteligencia artificial consiguió atraer inversiones gigantescas, multiplicar sus usuarios y convertirse en uno de los principales motores de las expectativas financieras. Pero todavía tiene que demostrar que esos ingresos podrán sostener los costos de infraestructura y generar beneficios suficientes para remunerar al capital invertido.

La presentación de Anthropic ofrece una radiografía de esa contradicción. Mientras sus ventas se multiplican a una velocidad inédita, sus compromisos financieros crecen y el control tecnológico permanece concentrado en unas pocas empresas. Wall Street tendrá ahora la oportunidad de ponerle precio a esa promesa. La rentabilidad, por el momento, sigue siendo una cuenta pendiente

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