miércoles, 13 mayo 2026

El economista que atacó a la universidad pública y culpó a las villas por el fracaso educativo

Diego Recalde, vocero libertario, cuestionó el rol de la educación pública como herramienta de ascenso social y aseguró que, si funcionara, “no habríamos sextuplicado las villas miserias”. Las declaraciones explotaron en plena marcha universitaria.

“La universidad pública es una fábrica de pobres”. La frase no salió de un troll de redes ni de un streamer libertario buscando clics fáciles. La dijo el economista Diego Recalde en medio de una jornada marcada por la masiva movilización universitaria que volvió a poner en tensión el ajuste del Gobierno sobre el sistema educativo.

Recalde fue más allá. Sostuvo que la educación pública dejó de funcionar como motor de ascenso social y lanzó una frase que rápidamente encendió polémica: “Si efectivamente funcionara así, no habríamos sextuplicado las villas miserias en el país”.

Las declaraciones circularon con velocidad en redes sociales y generaron rechazo entre docentes, estudiantes y dirigentes políticos. Sobre todo porque aparecieron en un contexto extremadamente sensible para el Gobierno, que atraviesa una relación cada vez más conflictiva con las universidades nacionales.

La frase condensa además una mirada muy extendida dentro del universo libertario. La idea de que la educación pública ya no corrige desigualdades sino que reproduce pobreza aparece con frecuencia en dirigentes y economistas cercanos al oficialismo. El problema es que los datos muestran una realidad bastante más incómoda para ese relato.

Según distintos estudios del sistema universitario, los sectores populares siguen encontrando en la universidad pública una de las pocas herramientas reales de movilidad social ascendente. De hecho, gran parte de la matrícula universitaria argentina corresponde a estudiantes de primera generación, es decir, jóvenes cuyos padres nunca accedieron a estudios superiores.

El fenómeno de expansión de villas y asentamientos, además, tiene una relación mucho más directa con los ciclos de crisis económicas, destrucción del empleo formal y caída del salario real que con la existencia de universidades públicas. La urbanización precaria creció de manera acelerada después de las sucesivas crisis económicas, especialmente tras la década del noventa y el colapso de 2001.

Ahí aparece una contradicción llamativa. Mientras el oficialismo cuestiona el financiamiento universitario en nombre de la eficiencia, la economía acumula cierre de fábricas, caída industrial, pérdida de empleo registrado y deterioro del poder adquisitivo. Un combo que históricamente alimentó la expansión de la pobreza estructural y los cordones urbanos más vulnerables.

La frase de Recalde también dejó flotando una discusión más profunda: quién carga con la responsabilidad del deterioro social argentino. Para una parte del discurso libertario, el problema está en el Estado y sus instituciones públicas. Para otros sectores, la explicación pasa más por cuarenta años de desindustrialización, endeudamiento cíclico y concentración económica.

En paralelo, la marcha universitaria volvió a mostrar un dato político que incomoda al Gobierno. Las universidades siguen funcionando como uno de los pocos espacios capaces de articular transversalmente a estudiantes, docentes, científicos, sindicatos y sectores medios golpeados por el ajuste. Una foto difícil de digerir para un oficialismo que apostaba a encapsular el conflicto educativo como una simple pelea presupuestaria.

En redes, mientras tanto, las declaraciones de Recalde hicieron el resto. Porque hay frases que intentan explicar la realidad. Y otras que simplemente terminan retratando el clima ideológico de una época.

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