El dueño de Techint ya habló con Mauricio Macri y Maximiliano Pullaro. En el círculo rojo leen que empezó algo más grande que una ronda de café.
Paolo Rocca ya dejó de hablar sólo de tubos, acero y Vaca Muerta. En las últimas semanas empezó otra ronda. Más política. Más territorial. Más silenciosa. Primero fue una charla con Mauricio Macri. Después, una reunión con Maximiliano Pullaro. Y ahora, según reconstruyen en el empresariado y en sectores del radicalismo, el dueño de Techint prepara una serie de encuentros con gobernadores y jefes políticos del Interior. Nadie quiere decir todavía la palabra “armado”. Pero todos la piensan.
En Buenos Aires el movimiento empezó a leerse como algo más serio que un empresario buscando proteger negocios. Rocca viene golpeado por varias decisiones del gobierno de Javier Milei. La más sensible fue el gasoducto de Vaca Muerta a Río Negro. Techint quedó afuera de la obra civil y también perdió la pulseada por los caños frente a importaciones más baratas. En el grupo lo interpretaron como una ruptura de un vínculo histórico entre el Estado y el holding industrial más poderoso del país.
La relación con la Casa Rosada nunca terminó de acomodarse. Milei pasó de elogiar a Rocca a burlarse públicamente de los industriales que pedían protección. El apodo de “Don Chatarrín” todavía circula en el ecosistema empresario como una marca de esa pelea. En Techint creen que el Gobierno decidió construir un capitalismo sin industriales locales fuertes. O, peor: con empresarios disciplinados por importaciones y apertura.
En ese contexto aparecieron las reuniones políticas. La conversación con Macri tuvo una lógica obvia. El expresidente también mira con desconfianza el rumbo libertario y el desarme del PRO. Pero la charla con Pullaro llamó mucho más la atención. El gobernador santafesino viene construyendo perfil nacional, endureció discurso de gestión y se transformó en uno de los pocos dirigentes del Interior con volumen propio. Santa Fe, además, es territorio natural para cualquier intento de reconstrucción productivista.
“Paolo está convencido de que el país quedó sin representación industrial”, resumió ante Mosca un empresario con diálogo frecuente con el grupo. En ese mundo creen que el esquema financiero de Milei genera ganadores rápidos pero destruye capacidad productiva. La metáfora que usan es bastante gráfica: dólares entrando por ascensor y fábricas bajando por la escalera de emergencia.
La señal más fuerte no son las reuniones ya conocidas sino las que vienen. Rocca planea empezar a visitar gobernadores y armadores provinciales. La idea, según distintas fuentes consultadas, es explorar una red de dirigentes del Interior que compartan preocupación por el deterioro industrial, la caída del empleo y el avance importador. No necesariamente un partido. Tampoco una candidatura. Al menos por ahora.
El movimiento coincide con otro clima que empezó a crecer entre empresarios medianos, cámaras fabriles y sectores agroindustriales. Hay respaldo al orden macroeconómico y a la baja de inflación, pero cada vez más dudas sobre la sustentabilidad política y social del modelo. En privado, varios admiten que el consumo sigue deprimido, que la apertura golpea fuerte y que el crédito todavía no alcanza para compensar la caída de actividad.
Por eso las reuniones de Paolo generan ruido. Porque Rocca nunca fue un empresario de exposición política cotidiana. Habla poco. Opera más. Y cuando empieza a recorrer gobernadores, el círculo rojo toma nota. Sobre todo porque la Argentina atraviesa un momento raro: el gobierno más promercado en décadas está logrando que parte del establishment vuelva a hablar de industria nacional, desarrollo y protección.
En ese tablero, Pullaro aparece como una pieza interesante. Radical, moderado, con discurso de orden y gestión. Macri, mientras tanto, sigue orbitando como un expresidente que no termina de decidir si rompe, acompaña o espera. Rocca parece haber entendido que el vacío político del Interior puede transformarse en oportunidad.
Todavía no hay foto de lanzamiento ni manifiesto. Apenas reuniones reservadas, llamados y café. Pero en la política argentina las cosas importantes casi siempre arrancan así: en voz baja, con empresarios hablando de “preocupación productiva” y dirigentes provinciales escuchando atentamente.




