Augusto Marini presentó una oferta para manejar la señal porteña.También compite Argentinos Media. Las radios quedaron desiertas y habrá nueva licitación.
La Ciudad abrió las ofertas para concesionar el Canal de la Ciudad, Radio Ciudad y La 2×4. Y el dato político-mediático no tardó en explotar: entre los interesados apareció Augusto Marini, dueño de Blender y Carajo, dos de las usinas digitales más cercanas al ecosistema libertario.
La información se conoció este lunes tras la apertura formal de sobres realizada por Medios Públicos porteños. Según informó el área que conduce el macrismo en la Ciudad, hubo dos ofertas para la señal televisiva: una de Calle Group Media S.A., vinculada a Marini, y otra de Argentinos Media SA, ligada a Marcelo González.
La aparición de Marini metió ruido rápido en el mundo de los medios. Blender y Carajo crecieron durante el último año como parte de la nueva fauna streaming libertaria. Programas de estética descontracturada, estudios oscuros, micrófonos gigantes y una lógica de militancia digital donde la frontera entre entretenimiento, política y propaganda se volvió cada vez más fina.
La licitación del Canal de la Ciudad venía siendo observada de cerca porque implica algo más que una señal menor de cable. El canal tiene estructura, estudios, alcance, pauta y una marca histórica dentro del sistema de medios porteños. Traducido al idioma de época: una plataforma ya armada para amplificar discurso político sin tener que construir desde cero.
En el comunicado oficial, la Ciudad explicó que el modelo mantiene la titularidad estatal de los medios pero cede la operación a privados. El adjudicatario deberá garantizar continuidad laboral, mantenimiento técnico y el pago de cánones mensuales. La redacción suena prolija. La discusión real pasa por otro lado: quién se queda con una pantalla pública en plena reorganización del mapa mediático.
La movida además ocurre mientras el ecosistema libertario vive su propia interna silenciosa por influencia, negocios y cercanía con el poder. Blender, Carajo, Neura y otros proyectos orbitan sobre el mismo universo político y compiten por audiencia, pauta y terminales. En ese tablero, quedarse con un canal de televisión tradicional funciona casi como capturar una vieja fortaleza en medio de una guerra de streamers.
Las radios, en cambio, quedaron vacías. No hubo ofertas ni para Radio Ciudad AM 1110 ni para La 2×4 FM 92.7. La Ciudad anunció que abrirá un nuevo proceso para intentar concesionarlas más adelante. El dato también expone algo del momento: la televisión todavía conserva valor político y comercial; la radio aparece cada vez más relegada en la lógica de negocios privados.
En el mercado de medios llamó la atención que el comunicado oficial hablara de “optimizar recursos públicos” y “administración profesional”. Es el tipo de lenguaje que suele aparecer cuando el Estado busca correrse de estructuras que considera deficitarias, aunque manteniendo control formal sobre la marca y la licencia.
“Lo importante no es sólo quién gana la licitación, sino quién gana llegada”, resumió un empresario del sector que siguió el proceso. En tiempos donde un recorte viral vale más que una tapa y un stream puede ordenar agenda política, la pelea por el Canal de la Ciudad dejó de parecer una discusión administrativa. Ahora se parece bastante más a una disputa por megáfono




