sábado, 25 julio 2026

Dicen que Caputo se alista para volver a Wall Street con un bono que diseñó el UBS

En el mercado financiero empezó a circular un runrún que nadie descarta. La Argentina estaría preparando su regreso al mercado voluntario de deuda. No es una idea abstracta. Tiene diseño, tiene timing y tiene protagonistas. Y, sobre todo, tiene urgencia.

Según coinciden operadores y banqueros, el esquema se está armando bajo la ingeniería de la banca suiza UBS. El objetivo es ambicioso: lograr una colocación a una tasa de un dígito. Dicho en criollo, volver a endeudarse “barato” en un país que todavía paga caro su historia reciente.

El dato no es menor. Hoy el riesgo país se mantiene en niveles elevados. Eso implica que cualquier emisión debería convalidar tasas altas. Por eso el desafío técnico es grande. Hay que construir una narrativa que convenza a Wall Street de que esta vez es distinto.

Ahí entra la ingeniería financiera. La idea que circula es estructurar un instrumento que reduzca el riesgo percibido. Puede ser con garantías, con plazos cortos o con algún esquema híbrido. Nada confirmado. Todo en borrador. Pero el objetivo está claro: perforar el techo psicológico del doble dígito.

“Si logran cerrar en 9%, es un golazo”, deslizó en off un operador que sigue de cerca las conversaciones. No es casual. Ese número funcionaría como señal. Marcaría un antes y un después. Y abriría la puerta a nuevas colocaciones.

Detrás de todo esto hay una necesidad concreta. Luis Caputo necesita dólares. No para dentro de un año. Para ahora. El programa económico depende de eso. Sin divisas, el esquema empieza a mostrar grietas.

Los números no ayudan. El Banco Central viene comprando en el mercado, pero al mismo tiempo el Tesoro usa esos dólares para pagar deuda. Es un juego de suma cero. Entra por un lado, sale por el otro. El stock de reservas no despega.

A eso se suma el calendario. En 2026 hay vencimientos fuertes. Y en 2027, todavía más. Sin acceso al crédito, la única opción es ajustar más o conseguir dólares por otras vías. Ninguna de las dos es políticamente gratis.

El Gobierno apuesta a cortar ese nudo. Volver al mercado sería una señal potente. No sólo por los dólares. También por el mensaje. Implicaría que los inversores vuelven a prestarle a la Argentina. Aunque sea con condiciones.

Pero en Wall Street no regalan nada. Los fondos miran los números finos. Reservas netas, capacidad de pago, consistencia del programa. Y, sobre todo, la historia. Argentina ya prometió muchas veces que esta vez era diferente.

Por eso el plan se mueve con discreción. Sin anuncios. Sin conferencias. Paso a paso. Como quien prueba el agua antes de tirarse a la pileta. Porque el riesgo es evidente: salir y fracasar sería peor que no salir.

Mientras tanto, el reloj corre. Y los dólares, como siempre en la Argentina, son el termómetro real del modelo. Todo lo demás es relato.

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