viernes, 24 julio 2026

Kicillof se metió en la rosca judicial y dejó una frase filosa

El gobernador se reunió con los jueces Ariel Lijo, María Servini, Jorge Rodríguez y Diego Armella, además de la fiscal Cecilia Incardona. Axel llegó acompañado por el ministro de Seguridad, Javier Alonso, y por Santiago Pérez Teruel, uno de sus asesores judiciales. “No les voy a pedir nada para no deberles nada”, fue su definición tras el encuentro.

Kicillof también decidió asomarse a la interna judicial. No lo hizo con un discurso público ni con una declaración altisonante, sino en una cumbre reservada en Avellaneda, con Jorge Ferraresi como anfitrión y una mesa de alto voltaje institucional.

Del encuentro participaron los jueces Ariel Lijo, María Servini, Jorge Rodríguez y Diego Armella, además de la fiscal Cecilia Incardona. Kicillof llegó acompañado por el ministro de Seguridad, Javier Alonso, y por Santiago Pérez Teruel, uno de sus asesores judiciales. Según reconstruyeron cerca del gobernador, no conocía el detalle fino de la convocatoria antes de sentarse a la mesa.

La ausencia más llamativa fue la de Juan Martín Mena, el ministro de Justicia bonaerense. Mena mantiene buen diálogo con Kicillof, pero en la política todos conocen su terminal principal: responde directamente a San José 1111. En una reunión donde se hablaba de Justicia, esa silla vacía también decía algo.

Los asistentes le preguntaron al gobernador cuál era su mirada sobre el funcionamiento del Poder Judicial. Kicillof eligió una respuesta breve, casi defensiva, pero con pretensión de doctrina. “No les voy a pedir nada para no deberles nada”, dijo, según sus colaboradores.

La frase buscó marcar distancia. En un sistema donde las conversaciones judiciales suelen medirse menos por lo que se dice que por lo que queda flotando, Kicillof intentó dejar una señal: no quería aparecer como parte de un toma y daca. La política judicial, sin embargo, tiene esa particularidad. Nadie pide nada, nadie ofrece nada, pero todos saben para qué están reunidos.

El encuentro también dejó expuesta una tensión interna del peronismo bonaerense. Kicillof busca construir volumen propio en un terreno sensible, mientras las terminales judiciales del kirchnerismo siguen ordenadas por otros canales. Avellaneda funcionó, en ese sentido, como una estación intermedia: ni La Plata pura, ni San José 1111 del todo.

Ferraresi puso la casa política. Los jueces y fiscales escucharon. El gobernador ensayó autonomía. Y la Justicia, como casi siempre, quedó en el centro de una escena que nadie admite como rosca, aunque tenga todos sus modales.

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