Pagan 9.000 pesos el kilo que venden a 20.000, lo mismo que a carne argentina. Mientras el consumo por habitante continúa en caída libre.
Mientras el consumo de carne se desploma en la Argentina, un país que se caracterizó siempre por comer este alimento en cantidad, hay un hecho que retrata la realidad actual: en la nación de las vacas, cada vez hay más importación para “arbitrar” los precios internos.
Al mismo tiempo que las exportaciones de carne vacuna se dispararon con la apertura de los mercados internacionales y los buenos precios del producto, se dio el ingreso de carne vacuna desde Brasil para achatar los precios en las góndolas locales.
El lomo, vacío y la nalga brasileño se ven en cantidad en las góndolas de las cadenas de supermercados locales a precios de costo. Las grandes cadenas compran a $9.000 el kilo pero lo venden entre $20.000 y $23.000.
A lo largo de la historia, la Argentina importaba poca cantidad de carne, unas 500 toneladas por año, que se concentraba principalmente en momentos críticos como puede ser la Navidad. Ahora, según las cifras oficiales de 2025, esa cifra ascendió a las 32 mil toneladas; y en 2026 se prevé que siga ascendiendo a las 65.000 toneladas.
De acuerdo a los datos aportados por el director de la Sociedad Rural y consultor cárnico, Andrés Costamagna, el 80% del producto proviene de Brasil y lo siguen Paraguay y Uruguay.
Según contó, el lomo brasileño ingresa a los supermercados por $9.000 el kilo y luego en las góndolas se termina vendiendo entre $20.000 y $23.000, siendo así más barato que el lomo argentino.
La tapada de asado llega a las cadenas en $13.000 promedio y la nalga entre $14.000 y $16.000 por kilo. Amvos casos están un 25% más baratos que los cortes nacionales.
El experimento nacional es el esquema que se implementa en Uruguay, donde se abastece al mercado interno con cortes importados más económicos y se exportan los cortes caros a mercados que pagan más, como Estados Unidos, Israel y la Unión Europea.
El aumento de los precios de la carne vacuna se da en un contexto de caída en el poder adquisitivo en los consumidores, lo que llevó a que el consumo de carne se desplomara a niveles históricos.
A comienzos de la década de 2010, el consumo de carne vacuna por habitante era de 70 kilos por año. Años más tarde esa cifra retrocedió a 55-65 kilos per cápita y se estima que en 2026 retrocederá a 42-45 kilos.
En este contexto, otras proteínas ganaron terreno como el pollo, que se posición como líder en el ranking de consumo interno: ya se consumen 51 kg anuales por habitante. El cerdo, por caso, proyecta un consumo de 22 a 23 kg para este año. Por otro lado, por el bajo costo del maíz, la producción de huevos está a niveles récord, por lo que el precio del maple bajó de $9.000 a $5.000 en la ciudad de Buenos Aires.




