El escándalo explotó cuatro días después, Di Tullio salió al cruce de las críticas y crecen las versiones sobre una negociación judicial. La pregunta que agita al peronismo: ¿opera Massa o Axel?
Hay una pregunta que recorre al peronismo y llegó hasta San José 1111: ¿por qué los senadores que responden a Cristina Kirchner votaron el ascenso de Pablo Yadarola a la Cámara Federal porteña?
No es un juez cualquiera. Tampoco puede alegarse desconocimiento. Yadarola fue uno de los protagonistas del viaje a Lago Escondido que Cristina convirtió en una de las pruebas centrales de su denuncia contra lo que llamó el “Partido Judicial”. Sin embargo, el Senado terminó aprobando su pliego dentro de un paquete de nominaciones judiciales y el peronismo acompañó.
La contradicción es especialmente incómoda porque Cristina había sido durísima con Yadarola. En diciembre de 2022 reconstruyó públicamente los chats atribuidos a los participantes del viaje a Lago Escondido y mencionó por nombre y apellido a Yadarola, Julián Ercolini, Carlos Mahiques, Pablo Cayssials y Marcelo D’Alessandro, entre otros.
Cristina se detuvo incluso sobre los mensajes atribuidos a Yadarola acerca de cómo enfrentar las consecuencias judiciales del viaje y los intercambios destinados a construir una explicación sobre las facturas y el alojamiento. “Este es el país que hoy tenemos y este es el Poder Judicial que hoy tiene la República Argentina”, dijo. En otro tramo, después de repasar aquellos chats, lanzó: “¡Qué basuras, Dios mío!”.
Por eso cuesta presentar lo ocurrido ahora como una distracción parlamentaria. Sobre todo porque antes de la votación ya había aparecido un indicio. Cuando Yadarola y Pablo Bertuzzi fueron a la Comisión de Acuerdos para defender sus candidaturas a la estratégica Cámara Federal, el kirchnerismo no asistió.
La explicación formal fue la pelea de José Mayans con Patricia Bullrich por la integración de la Comisión de Acuerdos. El peronismo cuestionaba cómo había quedado conformada y decidió no participar. Pero el efecto concreto fue otro: Yadarola atravesó esa instancia sin tener enfrente a los senadores del espacio que durante años había cuestionado su actuación.
Después llegó la sesión y ocurrió algo todavía más llamativo. El peronismo separó el pliego de Bertuzzi para rechazarlo. Con Yadarola no hizo lo mismo. Su nombre quedó dentro del paquete y fue acompañado.
Ese contraste alimentó inmediatamente las sospechas. Si el bloque sabía perfectamente cómo separar un pliego para dejar asentado su rechazo, ¿por qué no utilizó el mismo mecanismo con Yadarola?
Martín Soria terminó aportando otro dato a la historia. El exministro de Justicia estuvo para votar contra Bertuzzi pero no acompañó a Yadarola. No era un detalle menor: Soria había sido uno de los dirigentes que más duramente denunció políticamente el viaje a Lago Escondido.
En el peronismo comenzó entonces a circular una explicación tan sencilla como explosiva: habría una decisión de modificar la relación con determinados sectores de la Justicia. La frase que circuló para sintetizar ese giro fue: “No queremos pelearnos más con los jueces”.
Una segunda explicación habla de puro pragmatismo. Los votos para aprobar a Yadarola estaban y el rechazo kirchnerista solamente habría servido para dejar otra derrota registrada en el tablero del Senado. Pero esa teoría tiene un agujero: con Bertuzzi hicieron exactamente eso. Lo rechazaron aun sabiendo que perderían.
¿Por qué aceptar la derrota con Bertuzzi y evitarla con Yadarola, justamente uno de los jueces que Cristina había colocado dentro del dispositivo de Lago Escondido?
Ahí aparece la versión que más inquieta al kirchnerismo: que el voto forme parte de una negociación judicial bastante más amplia. El Gobierno está avanzando sobre una renovación extraordinaria de los tribunales y la Cámara Federal porteña es una de las piezas más codiciadas de ese tablero. Por allí pasan las causas de corrupción y los expedientes políticamente más sensibles del país.
La hipótesis no supone necesariamente que alguien haya negociado “Yadarola a cambio de X”. Los acuerdos judiciales suelen construirse por paquetes: cargos, pliegos, lugares en organismos, vacantes y equilibrios futuros. El problema es que hasta ahora nadie explicó qué obtuvo el peronismo a cambio de tragarse uno de los nombres que durante años había utilizado para denunciar el funcionamiento de Comodoro Py.
La discusión terminó de explotar ayer cuando Juliana Di Tullio salió a responder públicamente las críticas. La senadora, una de las dirigentes más cercanas a Cristina, cuestionó a periodistas de C5N que habían hablado de un acuerdo espurio alrededor de la votación.
Di Tullio apuntó especialmente contra Gustavo Sylvestre y Fernando Borroni. Dijo que le sorprendía que periodistas de ese canal interpretaran como “pactos espurios” decisiones institucionales del Senado y recordó la relación de Marcelo D’Alessandro, otro de los protagonistas de Lago Escondido, con el grupo propietario de la señal. También metió en la discusión la pauta publicitaria.
La reacción resultó políticamente interesante porque Di Tullio no concentró su respuesta en explicar por qué Yadarola merecía ahora el voto del kirchnerismo. El eje fue otro: quién estaba instalando la versión de un pacto y desde dónde se impulsaba esa acusación.
Roberto Navarro agregó combustible cuando sostuvo que la decisión había llegado desde Cristina y que Di Tullio había funcionado como transmisora de esa línea. De esa manera, lo que inicialmente parecía una votación incómoda de un bloque de senadores pasó a rozar directamente a la expresidenta.
En medio de esa bataola apareció también la explicación de Roberto Caballero. Su lectura fue que el voto debía comprenderse dentro de una negociación institucional más amplia y no como una reivindicación personal de Yadarola. Es decir: nadie habría descubierto de pronto que el juez de Lago Escondido era aceptable. La decisión tendría sentido dentro de un acuerdo mayor por los cargos judiciales.
La explicación de Caballero, sin embargo, abre otra pregunta en lugar de cerrarla. Si existió una negociación institucional que justificaba votar a Yadarola, ¿qué consiguió el peronismo? ¿Qué otros nombres, lugares o decisiones formaron parte de esa alquimia?
Ese interrogante se conecta con otro dato difícil de ignorar: el quilombo explotó cuatro días después.
La votación había sido pública. Los nombres también. Los senadores habían levantado la mano delante de todo el recinto. Sin embargo, la crisis política no estalló inmediatamente. Pasaron cuatro días hasta que el episodio se convirtió en una batalla dentro del universo kirchnerista.
Ese retraso es probablemente la parte más interesante de la historia. Una explicación posible es bastante inocente: Yadarola quedó enterrado dentro de un paquete enorme de pliegos y recién después algunos sectores repararon en la dimensión política de lo que se había votado.
La otra explicación es mucho más venenosa: todos sabían qué había ocurrido, pero alguien decidió cuatro días después sacar el acuerdo de las sombras y cargarle el costo a quienes participaron de la negociación.
Ahí aparecen Sergio Massa y Axel Kicillof.
En sectores del kirchnerismo miran hacia el massismo por su histórica capacidad para construir puentes con jueces, empresarios, gobernadores y sectores del establishment. Massa siempre tuvo interlocutores en el mundo judicial y su nombre aparece naturalmente cuando se habla de negociaciones transversales.
Pero en otros sectores apuntan hacia el kicillofismo. Sospechan que la difusión tardía del caso puede formar parte de la guerra interna con Cristina y de la construcción de un perfil propio del gobernador frente a 2027. No necesariamente porque Axel haya intervenido en los pliegos, sino porque dirigentes y terminales cercanas a su espacio podrían tener interés en exponer el costo del acuerdo.
Ninguna de esas dos hipótesis está acreditada. Son versiones de una interna que se volvió irreductible. Pero justamente por eso la demora de cuatro días adquiere tanta importancia. Una cosa es preguntarse quién negoció el voto. Otra, posiblemente más reveladora, es descubrir quién decidió contar después que esa negociación había existido.
Existe además una tercera posibilidad, bastante más incómoda para todos: que no haya que buscar a Massa ni a Kicillof. Que la decisión haya sido conocida y tolerada por la conducción del propio kirchnerismo.
Resulta difícil imaginar que Mayans pudiera separar deliberadamente a Bertuzzi, ordenar su rechazo y simultáneamente dejar a Yadarola dentro del paquete sin advertir lo que estaba haciendo. También cuesta explicar que una decisión de semejante sensibilidad pudiera atravesar el bloque sin que llegara alguna consulta hacia Cristina.
Por eso el intercambio de Di Tullio agregó una pista. Su fastidio pareció dirigido menos hacia el resultado de la votación que hacia la interpretación política que comenzó a circular después. La discusión pasó rápidamente de “por qué votamos a Yadarola” a “quién dice que esto fue un pacto”.
Y acaso allí esté la verdadera pelea.
Yadarola ya consiguió su ascenso. El problema quedó dentro del peronismo. Alguien decidió acompañarlo. Alguien consideró que el costo era tolerable. Durante cuatro días el asunto permaneció prácticamente inerte. Después alguien prendió la luz.
La pregunta ya no es solamente por qué el kirchnerismo votó a Yadarola.
La pregunta es quién negoció, qué se negoció y quién decidió cuatro días después hacer volar el acuerdo por el aire.






