lunes, 31 agosto 2026

Succesión sobre ruedas: se parte el clan Moyano por el trono camionero

Liliana Zulet esposa de Hugo Moyano pasó de manejar las empresas y la obra social que orbitan alrededor del gremio a convertirse en una pieza central de la pelea por la sucesión. Su hijo Jerónimo ya es número tres de la Federación y disputa el futuro del imperio camionero con Pablo Moyano.

Liliana Zulet nunca necesitó subirse a un camión para construir poder en Camioneros. Tampoco necesitó demasiados actos, discursos ni fotos. Durante años eligió un lugar bastante más efectivo: detrás de Hugo Moyano y encima de buena parte de la estructura económica que creció alrededor del sindicato.

Ahora ese poder silencioso empieza a adquirir otra dimensión. La pelea por la sucesión del histórico jefe camionero dejó de ser una discusión entre sus hijos. Zulet se convirtió en una protagonista central de esa disputa y tiene una carta propia: Jerónimo Moyano, el hijo que tuvo con Hugo y que avanza a una velocidad llamativa dentro de la estructura sindical.

El movimiento más importante ocurrió a fines de 2025. Jerónimo, de 26 años, fue designado secretario Gremial e Interior de la Federación Nacional de Trabajadores Camioneros. El cargo lo dejó como número tres de la organización que Hugo conduce desde 1992. No fue una promoción menor. Reemplazó a un histórico como Pedro Mariani y quedó ubicado en una secretaría con llegada directa a las delegaciones del interior.

La jugada tiene una traducción familiar inevitable. Jerónimo es el secretario privado de Hugo, maneja su agenda y lo acompaña en sus reuniones. Pero, sobre todo, es el hijo de Zulet. La mujer que durante décadas administró el subsuelo económico del moyanismo ahora tiene a su heredero sentado cerca de la punta de la mesa.

Zulet llegó al universo camionero con un perfil empresario. Con el tiempo se transformó en una pieza decisiva del entramado de compañías vinculadas al sindicato. Bajo esa órbita aparecen Iarai, dedicada a las prestaciones médicas; Aconra, constructora; Dixey, vinculada al sector textil, y otras sociedades que prestan servicios dentro del ecosistema camionero.

El corazón del sistema es Iarai. La empresa está vinculada al gerenciamiento de Oschoca, la obra social de Camioneros. Es un punto sensible porque durante décadas la salud fue mucho más que una prestación dentro del gremio: fue una de las grandes estructuras económicas sobre las que Hugo Moyano construyó su poder.

Ese entramado volvió a quedar bajo la lupa este año. Entre el 29 de abril y el 1° de junio, las cuentas del Sindicato de Camioneros registradas en el Banco Provincia transfirieron $2.579.853.035 a dos fideicomisos vinculados con Zulet, según publicó La Nación. El año anterior se había registrado otra operatoria por unos $900 millones.

Los nombres de los vehículos financieros parecen escritos para una fábula familiar. Uno de ellos es Khasis, término asociado a una comunidad de la India caracterizada por su organización matrilineal. Otro es Dhanvantari, nombre del dios hindú de la medicina. Por esos fideicomisos se canalizarían pagos hacia compañías vinculadas a Zulet.

Mientras ese circuito mueve millones, la obra social atraviesa una situación financiera delicada. Una presentación de Graciela Ocaña calculó que la deuda de las seccionales del interior llegaba a $32.400 millones en febrero de 2026 y estimó que podía acercarse a $60.000 millones al sumar la provincia de Buenos Aires. Hubo además reclamos por medicamentos, prestaciones y demoras salariales en establecimientos médicos.

Esa crisis no es lateral a la pelea familiar. Es uno de sus orígenes. Pablo Moyano responsabilizó a Zulet por el deterioro de las obras sociales y la discusión profundizó una ruptura con su padre que llevaba años acumulando tensión. En Camioneros hoy reconocen dos sectores: los dirigentes alineados con Hugo y los que responden a Pablo.

Pablo contra el eje Liliana-Jerónimo

Ahí aparece la verdadera dimensión política del avance de Zulet.

Durante años parecía natural que Pablo heredara el gremio. Tenía apellido, militancia, territorio y exposición pública. Pero esa sucesión lineal se rompió. Pablo se alejó de Hugo y convirtió sus cuestionamientos al manejo económico de Zulet en una de las principales trincheras de la interna.

Jerónimo recorrió el camino inverso. Cuanto más se alejaba Pablo, más cerca quedaba él.

Ya en 2022 había ingresado a la conducción de la Federación como secretario de Juventud. Tres años después saltó a la estratégica Secretaría Gremial e Interior. Hoy acompaña permanentemente a su padre y quedó ubicado en el corazón de la estructura que algún día deberá resolver qué ocurre cuando Hugo deje la conducción.

Por eso el avance de Liliana Zulet no debe buscarse necesariamente en una candidatura propia. Su construcción política es más sofisticada: controla resortes económicos del universo camionero mientras su hijo escala en la estructura sindical.

El mapa familiar completa la escena. Pablo tiene como aliada a su hermana Karina. Hugo hijo, abogado y diputado nacional, intenta conservar cierto equilibrio. Jerónimo quedó alineado con su padre y con el universo empresario construido por su madre. Las relaciones entre los distintos hijos de Moyano y los hijos de matrimonios anteriores de Zulet están atravesadas desde hace años por la desconfianza.

Hugo sigue teniendo la lapicera. Pero debajo suyo se desarrolla una pelea irreductible por quién heredará el edificio que construyó durante más de tres décadas.

Y Zulet tiene una ventaja sobre el resto: no necesita quedarse con el sillón de Moyano para ganar la sucesión. Le alcanza con que se siente Jerónimo

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