La presencia del Presidente desató una pelea dentro de una de las instituciones educativas más importantes de la comunidad judía. Exalumnos, docentes, trabajadores y familias difundieron una carta de rechazo y Adrián Moscovich, ex CEO de ORT, publicó una durísima columna contra Milei.
La visita de Javier Milei a la escuela ORT de Almagro terminó abriendo una inesperada guerra dentro de una de las instituciones educativas más emblemáticas de la comunidad judía argentina.
El Presidente llegó este jueves para hablar ante alumnos de cuarto y quinto año sobre “Ética como política de Estado” e inteligencia artificial. Pero la discusión había arrancado bastante antes de que Milei atravesara la puerta de la escuela.
Exalumnos, profesores, trabajadores y familias comenzaron a circular una dura carta contra la decisión de las autoridades de invitarlo. “Rechazamos la presencia de Javier Milei en las escuelas ORT”, dice el encabezado del documento que circuló dentro de la comunidad educativa.
La carta plantea que el cuestionamiento no responde a una diferencia ideológica sino a lo que consideran una contradicción entre la tradición de la institución y el discurso presidencial. “Es justamente la invitación a un claro exponente de la intolerancia lo que nos empuja a expresarnos”, sostienen sus autores.
El documento enumera además los ataques de Milei contra periodistas y dirigentes políticos y sus expresiones sobre el aborto y la diversidad sexual. “Una persona que difunde y defiende discursos de odio no puede de ninguna manera utilizar un espacio educativo para hacerlo”, afirma la carta.
La discusión toca una fibra particularmente sensible de la institución. Los firmantes recuerdan que ORT homenajea en la entrada de la escuela a integrantes de su comunidad víctimas del terrorismo de Estado y sostienen que invitar a Milei supone quebrar esa tradición. “Será una mancha imborrable en la historia de la institución”, advierten.
Pero el dato que convirtió la discusión en una verdadera interna fue la aparición pública de Adrián Moscovich.
Moscovich, ex CEO de ORT Argentina, publicó el domingo anterior a la visita presidencial una columna en Infobae titulada “La reposición humana frente a la insultada construcción colectiva”. Allí no menciona la invitación de la escuela, pero despliega una crítica frontal al Presidente que entra de lleno en la discusión que pocos días después explotaría dentro de ORT.
El exdirectivo reivindica allí el modelo educativo argentino que permitió que hijos de inmigrantes se convirtieran en profesionales, científicos e ingenieros, y contrapone esa tradición con la mirada que atribuye al gobierno libertario. Para Moscovich, esa experiencia nació de una “construcción colectiva” basada en la idea de que “nadie se salva solo”.
El ex CEO también le reclama directamente a Milei “respeto al que piensa distinto”, ya sea un periodista, un economista, un gobernador o incluso un presidente extranjero. Y cuestiona que la lógica económica convierta a las personas en números de un balance. “Nuestros hijos” no son “parte de un stock”, escribió.
La coincidencia temporal fue explosiva. Cuatro días después de esa columna, Milei entró a ORT para hablar justamente de ética.
La actividad, además, tuvo características poco habituales para una charla educativa. Hubo un fuerte operativo de seguridad, perros antibombas, efectivos armados y restricciones alrededor de la sede de Yatay. La prensa quedó afuera y no hubo transmisión oficial ni versión taquigráfica del discurso presidencial. La participación de los alumnos fue voluntaria.
Milei pidió además que dentro del auditorio hubiera “la menor cantidad posible” de adultos. El diario recogió reparos entre padres y allegados y describió un “silencio de radio” entre docentes que temían eventuales represalias. Al terminar, sin embargo, numerosos estudiantes se acercaron al Presidente para sacarse selfies.
La visita tampoco fue políticamente inocua para el Gobierno. La exposición en ORT estaba incluida dentro de una estrategia oficial destinada a “volver a enamorar” a los jóvenes, después de que la mesa política libertaria detectara una merma del respaldo presidencial en ese segmento.
Así, una charla presentada como un debate sobre inteligencia artificial terminó funcionando como un test mucho más humano y menos tecnológico.
De un lado quedaron las autoridades que decidieron abrirle las puertas al Presidente y quienes defienden que la pluralidad también implica escuchar a Milei. Del otro apareció un sector de la comunidad que sostiene exactamente lo contrario: que la tolerancia tiene un límite cuando quien ocupa el escenario utiliza el insulto como herramienta política.
La paradoja terminó servida en el título de la propia conferencia. Mientras Milei entraba a ORT para hablar de ética, puertas adentro la institución discutía qué significa exactamente esa palabra.
La nota de Moscovich está acá: “La reposición humana frente a la insultada construcción colectiva”. Yo explotaría especialmente la secuencia temporal: Moscovich publica el domingo, la carta circula en la comunidad y cuatro días después Milei entra a hablar de ética. Ahí está la historia.




