jueves, 3 septiembre 2026

Nico, el perro empetrolado que expuso el desastre ambiental que dejó YPF tras el abandono de los pozos

La petrolera de bandera se deshizo de la operación de áreas maduras, pero quedaron más de mil pozos que todavía deben saneados

El animal apareció hundido en petróleo en Comodoro Rivadavia y fue salvado por vecinos y proteccionistas. Mientras Nico pelea por recuperarse, el caso volvió incómoda una pregunta que YPF creyó dejar atrás cuando abandonó sus áreas convencionales: quién limpia después de 118 años de sacar petróleo.

Nico tuvo bastante menos suerte que YPF. La petrolera pudo irse de buena parte de Comodoro Rivadavia mediante acuerdos, transferencias de áreas y papeles prolijamente firmados. El perro, en cambio, cayó directamente en el petróleo.

Lo encontraron el sábado 22 de agosto en la zona de Kilómetro 5, atrapado en un piletón con hidrocarburos. Estaba prácticamente inmovilizado, cubierto de petróleo y con hipotermia. Vecinos, bomberos, policías, organismos municipales y proteccionistas participaron del operativo para sacarlo. A pocos metros apareció otro perro muerto, también empetrolado.

El sobreviviente fue bautizado Nico, en homenaje a uno de los hombres que participó del rescate. Después empezó otra operación, bastante menos épica pero mucho más trabajosa: sacarle de encima el petróleo. Una limpieza especializada de unas cuatro horas permitió remover cerca del 70% del hidrocarburo adherido a su cuerpo. El problema era que Nico no sólo estaba embadurnado: también había ingerido petróleo.

La encargada de acompañarlo durante buena parte de esa odisea fue Comodoro Conciencia Activa. La organización pidió aceite, detergente, trapos, toallones, comida y aportes para cubrir los gastos veterinarios. Mientras las grandes discusiones giraban alrededor de concesiones, responsabilidades y millones de dólares, la emergencia tenía una contabilidad bastante más modesta: había que conseguir pollo, paté y elementos para limpiar a un perro intoxicado.

Nico mejoró. Dejó de tener fiebre, comenzó a respirar mejor y sus estudios descartaron inicialmente daños graves en hígado e intestinos, aunque aparecieron manchas en un pulmón compatibles con la posible ingesta de petróleo. Llegó incluso a recibir el alta. Pero cuando estaba listo para mudarse con la mujer que decidió adoptarlo sufrió una convulsión durante la madrugada y tuvo que seguir internado. La medicación logró controlar los episodios y los veterinarios redujeron luego la dosis.

En el medio, la ONG también terminó empetrolada, aunque de otra manera. En las redes aparecieron cuestionamientos sobre el manejo de los fondos y sobre la actuación de sus integrantes durante el rescate. Comodoro Conciencia Activa salió a responder que todo su trabajo es ad honorem, que conserva comprobantes e historiales de gastos y que avanzará con querellas por calumnias e injurias y demandas civiles contra quienes, según la organización, difundan acusaciones falsas. “No podemos empañar todo un trabajo que es voluntario”, respondió una de sus integrantes.

La discusión sobre los voluntarios, sin embargo, tiene algo de distracción perfecta. Porque el problema grande no está en quién pagó el detergente para limpiar a Nico sino en cómo pudo existir una pileta con hidrocarburos a la que entró un perro. “Por donde entró Nico también puede entrar una criatura”, advirtió Silvina González Almirón, de Conciencia Activa. Una inspección posterior encontró alambrados deteriorados, instalaciones antiguas y sectores que podían representar riesgos.

La Provincia intimó a CRI Holding, señalada como responsable del sector inspeccionado, para que presente y ejecute un plan de saneamiento. Este punto es importante: el lugar donde apareció Nico no puede cargarse automáticamente como una instalación actualmente operada por YPF. Pero el perro tuvo la mala educación de caer al petróleo justo cuando Comodoro discute qué quedó después de la retirada de la petrolera estatal de sus áreas convencionales.

Y ahí aparece Horacio Marín. La YPF que conduce el ejecutivo concentró inversiones en Vaca Muerta y avanzó con la salida de campos convencionales considerados maduros. En Chubut, esa retirada dejó detrás una discusión gigantesca sobre pozos, ductos, instalaciones y suelos contaminados. Sólo dentro del ejido de Comodoro se relevaron más de 1.600 pozos inactivos o abiertos y más de 1.000 estarían vinculados históricamente con YPF. El costo estimado para cerrar correctamente cada pozo puede oscilar entre 350 mil y 700 mil dólares.

La salida tampoco fue gratis. El acuerdo entre Chubut e YPF incluyó una compensación de 25 millones de dólares vinculada a cuestiones ambientales y formó parte de un paquete que, sumando bienes, inmuebles y vehículos, fue valuado oficialmente en más de 80 millones de dólares. El problema es que ese acuerdo abrió otra batalla: abogados ambientalistas presentaron un amparo para cuestionar la liberación de responsabilidades ambientales otorgada a YPF.

La Municipalidad de Comodoro directamente llevó a YPF a la Justicia. Exige que identifique, evalúe, sanee y monitoree los pasivos ambientales que correspondan dentro de la ciudad y que ejecute un Plan Integral de Remediación. Además llevó el conflicto ante la Comisión Nacional de Valores porque considera que la magnitud del reclamo constituye información relevante para los inversores de la compañía.

El caso Nico le regaló carne y hueso a una discusión que hasta entonces transcurría entre expedientes. José Glinski sostuvo que quienes explotaron durante décadas los recursos tienen que hacerse cargo de lo que dejaron. “Comodoro le dio mucho a la industria petrolera. No podemos aceptar que ahora nos dejen la contaminación”, planteó. El diputado ya había presentado un proyecto para obligar a las petroleras a afrontar el abandono y la remediación de los pozos fuera de actividad.

Juan Pablo Luque fue más directamente contra el acuerdo de Ignacio Torres con YPF. Recordó los 25 millones de dólares y preguntó quién se hacía cargo de Nico mientras la comunidad juntaba recursos para salvarlo. La pelea política encontró rápidamente sus destinatarios: el peronismo chubutense quiere cargarle el costo a Torres por haber firmado el acuerdo y a YPF por haberse ido dejando detrás una geografía petrolera que nadie termina de ordenar.

Pero Nico no arriesgó su vida en vano : arruina la posibilidad de esconder el problema detrás de una planilla Excel. Un pasivo ambiental puede sonar a casillero de auditoría, provisión contable o cláusula de indemnidad. Un perro cubierto de petróleo, respirando con dificultad mientras una ONG junta detergente y pollo para mantenerlo vivo, resulta bastante menos abstracto.

YPF consiguió salir de Comodoro. Nico todavía está tratando de salir del petróleo.

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