Fue presidente de ARSAT durante el peronismo, aterrizó en el ORSNA de Milei y hasta recibió un mimo público de Sturzenegger.
Facundo Leal era de esos funcionarios que no hacen ruido. No daban entrevistas. No llenaban actos. No peleaban en televisión. Pero aparecían siempre donde había una botonera sensible del Estado. Telecomunicaciones. Satélites. Fibra óptica. Aeropuertos. Hasta que la Policía Federal entró a su departamento de Palermo y el perfil bajo quedó sepultado debajo de dólares, drogas y preguntas incómodas.
Leal cayó preso el miércoles 28 de mayo, cuando efectivos de la División Operaciones Federales de la Superintendencia de Investigaciones contra el Narcotráfico allanaron un departamento de la calle Ortiz de Ocampo, en Palermo. La orden judicial no buscaba una fiesta química. Buscaba pruebas en una causa por presunta corrupción en ARSAT, vinculada a un contrato firmado durante el gobierno de Alberto Fernández. Pero el allanamiento tomó otro vuelo. En el lugar encontraron 128 gramos de ketamina, 164 gramos de cristal MDMA, 72 pastillas de MDMA, 14 gramos de cocaína, un vapeador con cannabis, 15 cucharas para consumo, 803.754 dólares, 2.486.200 pesos y billetes de Uruguay, Brasil, México, Colombia, la Unión Europea y Tanzania. El Juzgado Federal N° 2 de San Isidro ordenó su detención inmediata e incomunicación.
La historia siguió esa misma noche en Mendoza. En otro domicilio, sobre la avenida Boulogne Sur Mer, la Policía encontró 1.787.600 dólares en efectivo, un celular y un cuaderno con anotaciones. En total, entre los dos operativos, se secuestraron 2.591.354 dólares en billetes, sin declaración conocida ni explicación pública. Cuando le preguntaron por su actividad, Leal se presentó como empresario agropecuario. Modesto rubro, parece, para semejante cosecha verde.
La causa había empezado por otro lado. A principios de 2024, empleados de ARSAT detectaron que un depósito de San Fernando, donde se guardaba equipamiento de la Red Federal de Fibra Óptica, había sido saqueado. El lugar era operado por una empresa de logística contratada por la estatal en 2022. Según la investigación, las cámaras no funcionaban y el cerco eléctrico llevaba tiempo cortado. ARSAT no es una oficinita perdida: es el proveedor mayorista de fibra óptica y conexiones satelitales del país, con casi 40.000 kilómetros de fibra desplegados en la Argentina.
El expediente quedó en manos del juez federal de San Isidro Lino Mirabelli y del fiscal Fernando Domínguez. Al principio miraban el robo. Después miraron los contratos. Y ahí el caso se puso espeso. Según la reconstrucción judicial citada por Infobae, el proceso licitatorio habría sido una ficción: las tres firmas que compitieron pertenecían a una misma estructura societaria y familiar. Los contratos, entre órdenes directas y prórrogas, acumularon más de 1,9 millón de dólares. La fiscalía pidió indagatoria para diez personas por defraudación, malversación, cohecho y negociaciones incompatibles con la función pública. Leal está entre ellos.
El dato que vuelve más picante el caso es su recorrido. Leal fue designado presidente y gerente general de ARSAT en agosto de 2022, en reemplazo de Matías Tombolini, que había pasado a la Secretaría de Comercio. Después sobrevivió al cambio de gobierno. ElDiarioAR reconstruyó que conservó el cargo incluso tras la llegada de Javier Milei y salió recién en febrero de 2024, aunque siguió vinculado a la compañía por su planta permanente.
El reciclaje no terminó ahí. En junio de 2025, el propio gobierno de Milei lo designó presidente del ORSNA, el organismo que regula el sistema nacional de aeropuertos. El decreto salió publicado en el Boletín Oficial con la firma de Milei y Luis Caputo. El cargo era “ad honorem”, un detalle que hoy suena casi literario. Su renuncia fue aceptada a partir del 26 de febrero de 2026, también por decreto. En el texto oficial, además, el Gobierno le agradeció “los servicios prestados”.
En el medio, Federico Sturzenegger también lo tuvo en el radar. En un posteo en X sobre otro récord de tráfico aerocomercial, el ministro felicitó a un equipo de Transporte en el que incluyó a Facundo Leal, junto a otros funcionarios, y cerró con el clásico “VLLC”. El tuit no es una causa judicial, claro. Pero sí deja una foto política. Leal no era un fantasma heredado que nadie había visto. Estaba en la lista de los festejos oficiales.
Un ex funcionario importante del kirchnerismo le dijo a Mosca una frase que resume el misterio del personaje: “Hace 11 años que no tengo contacto con Leal, tampoco tuve mucho, pero en un momento los temas de comunicación de ARSAT le caían a él. No sé cómo se recicló con Alberto y mucho menos con los libertarios”.
Esa es la pregunta que ahora incomoda a todos. Cómo un funcionario sin volumen público, sin jefatura política evidente y sin tribuna propia logró atravesar gobiernos tan distintos. ElDiarioAR lo ubicó dentro de una trama mendocina ligada a sectores empresarios y políticos de peso, con vínculos que rozan a José Luis Manzano, Daniel Vila, Luis Pierrini y el universo aerocomercial de Leonardo Scatturice. También señaló que Leal fue designado en el ORSNA después de la llegada de Pierrini a Transporte y que ambos salieron casi al mismo tiempo.
La Justicia, por ahora, tiene en la mesa una causa de corrupción, un robo de equipamiento estratégico, contratos bajo sospecha, celulares, computadoras, tablets, pendrives, cuadernos, drogas sintéticas y más de 2,5 millones de dólares. También apareció una derivación todavía más extraña: La Nación informó que en el departamento de Leal se secuestró una valija con 19 equipos de espionaje profesional, entre ellos dispositivos de audio y video camuflados en objetos cotidianos.
El caso Leal tiene una virtud incómoda. Arruina las coartadas simples. No entra cómodo en “la herencia”. Tampoco en “la casta ajena”. Pasó por Alberto, siguió con Milei, fue celebrado por Sturzenegger y terminó detenido por una causa que empezó con fibra óptica y terminó oliendo a ketamina, dólares y secretos mal guardados.
En el Estado argentino hay funcionarios que suben por política, otros por técnica y otros por una habilidad más opaca: saber dónde está cada puerta lateral. Leal parecía pertenecer a esa tercera especie. Hasta que una de esas puertas se abrió desde afuera, con orden judicial.




