jueves, 4 junio 2026

Milei dice que el comunismo es “satánico” y “cancerígeno” pero lo manda a Bausili a pedir la escupidera china

El presidente del BCRA viajará a Beijing este fin de semana. En julio vence el swap con el gigante asiático y el gobierno necesita renovarlo. Argentina no tiene los dólares para devolver el préstamo.

El Gobierno vuelve a tocar la puerta de China. Santiago Bausili viajará el fin de semana a Beijing para intentar renovar el swap de monedas y darle más aire a las reservas. El dato financiero es importante. El dato político es mejor: la decisión final no la toma solo el Banco Popular de China. La tiene que bendecir el Partido Comunista.

Después de varios meses de conversaciones, el Banco Central busca extender por otros tres años el acuerdo con China. La idea es mantener una línea que funciona como colchón de emergencia para las reservas, justo cuando el Gobierno necesita mostrar solvencia para cruzar vencimientos de deuda y llegar con algo de oxígeno al calendario electoral.

Bausili será parte de una misión oficial que retomará contactos con el Banco Popular de China. En Beijing hay inversiones en carpeta y, según publicó Clarín, disposición a renovar el swap. Pero en China nada se mueve como un trámite bancario común. El swap puede aparecer en los papeles como un acuerdo entre bancos centrales, pero se cocina en una mesa bastante más política.

El acuerdo existe desde 2009. Es una línea contingente entre el BCRA y el Banco Popular de China. Hoy asciende a 130.000 millones de yuanes, unos 19.200 millones de dólares al tipo de cambio actual. No es plata gratis ni dólares frescos servidos en bandeja. Se paga cuando se activa. Y se cuenta dentro de las reservas brutas, aunque no tenga la misma calidad que un dólar líquido en la caja.

El Gobierno quiere renovar el esquema sin cambios. Bausili ya había dicho que el swap tiene 17 años, que vence cada tres años y que la intención oficial es extenderlo “igual que siempre”. También aclaró que no hay un plan para eliminarlo. Traducción: Milei podrá hablar contra el comunismo en los discursos, pero al Banco Central le sirve que Beijing no le cierre la canilla.

El punto más sensible es el tramo activado por 5.000 millones de dólares. Esa parte fue usada durante la gestión de Miguel Pesce en el BCRA y Sergio Massa en Economía, en 2023, para pagar importaciones desde China, afrontar compromisos con organismos como el FMI, la CAF y Qatar, y sostener al mercado cambiario en medio de la falta de reservas.

Con Milei, lejos de desarmarlo, el BCRA mantuvo vivo ese tramo. En abril de 2025, pocos días antes del nuevo acuerdo con el FMI, Argentina y China renovaron la activación por 12 meses, hasta mediados de 2026. El propio BCRA informó que se trató de 35.000 millones de yuanes, equivalentes a unos 5.000 millones de dólares.

En paralelo, el Central fue devolviendo casi todo lo que estaba usado. Según la información publicada, ya canceló cerca del 90% y quedaría un remanente de alrededor de 659 millones de dólares. Pero ahora la discusión no es sólo pagar lo viejo. La apuesta es extender la disponibilidad del tramo completo. Es decir: que China permita seguir teniendo esos 5.000 millones como paraguas financiero.

Ahí aparece la parte menos glamorosa del “alineamiento occidental”. Milei también acordó un swap con Estados Unidos por 20.000 millones de dólares y usó 2.500 millones antes de las elecciones de octubre para contener la presión cambiaria, según la información difundida. Pero el swap chino sigue siendo una pieza demasiado grande como para sacarla del tablero sin ruido.

El FMI acepta que estas líneas de liquidez puedan funcionar como respaldo temporario, pero dejó una advertencia: no deben reemplazar los ajustes macroeconómicos que exige el programa. En lenguaje Fondo, significa que los swaps sirven para ganar tiempo, no para dibujar una solvencia que no existe.

La contabilidad tampoco es inocente. La parte inactiva del swap chino aparece como activo del BCRA. La parte activada se computa como pasivo. Por eso, en el mercado miran el acuerdo con una mezcla de alivio y sospecha. Mejora la foto de reservas brutas, pero no resuelve por sí sola el problema de fondo: Argentina todavía necesita dólares propios.

En el equipo de Luis Caputo dicen que la reactivación de estas líneas quedaría para “casos extremos”. La frase suena prolija. Pero la política económica argentina tiene una larga tradición de descubrir casos extremos cuando se acercan los vencimientos. La tasa que se paga por usar el swap, además, nunca fue revelada. Según las versiones del mercado, el secreto forma parte de las condiciones chinas.

El primer swap se firmó durante el gobierno de Cristina Kirchner, por unos 10.000 millones de dólares. Diecisiete años después, la línea casi se duplicó. El problema es que las reservas brutas no tuvieron la misma épica y la deuda del Tesoro pegó un salto feroz: pasó de 147.000 millones de dólares en 2009 a 452.000 millones en 2025, según los datos citados por Clarín.

Caputo intenta construir un blindaje de reservas hacia 2027. Esta semana celebró que el BCRA compró más de 9.800 millones de dólares desde enero y estimó que el año podría cerrar con compras de entre 17.000 y 24.000 millones. El número luce bien en la vidriera. Pero la City mira la trastienda: vencimientos, repos, swaps, deuda y acceso todavía cerrado al mercado voluntario.

Argentina es uno de los cerca de 40 países que tienen acuerdos de swap con China. En la plaza financiera creen que Milei quiere mantenerlo por dos motivos simples: mejorar la foto de reservas y conservar una línea de liquidez mientras Wall Street todavía no le abre del todo la puerta. Dicho menos elegante: el Gobierno necesita al dragón aunque le incomode la bandera.

La negociación, de todos modos, no es automática. Una fuente con conocimiento de esos vínculos lo resumió sin protocolo: “Hay que hacer mucha franela en las escaleras chinas; lo termina cerrando el comité de relaciones exteriores del partido”. En criollo: Bausili puede llevar los papeles, pero la lapicera política la tiene el Partido Comunista.

La gran pregunta es qué pedirá China a cambio. El vínculo con Beijing incomoda a Washington. Donald Trump quiere que Argentina se aleje de acuerdos de cooperación nuclear, inversiones chinas, minerales críticos y ventas de soja al gigante asiático. La Casa Blanca también mira con atención la presencia china en puntos sensibles del país, desde la Patagonia hasta proyectos vinculados a infraestructura estratégica.

Por eso el viaje de Bausili no es sólo una gestión técnica. Es una escena perfecta del mileísmo real. De un lado, el discurso contra el comunismo. Del otro, una misión oficial a Beijing para pedirle al Partido Comunista que renueve una línea clave para las reservas. La motosierra viaja liviana. El pragmatismo, en cambio, paga exceso de equipaje.

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Fue presidente de ARSAT durante el peronismo, aterrizó en el ORSNA de Milei y hasta recibió un mimo público de Sturzenegger.