Más de 100 jefes comunales marcharon al Ministerio de Economía. Piden bajar el precio del combustible y reactivar la obra pública. Detrás del reclamo, asoma una disputa más profunda por los fondos y el control del territorio.
Más de 100 intendentes decidieron salir a la calle. No fue una foto casual. Fue una señal política. Marcharon al Ministerio de Economía con un reclamo concreto: el precio del combustible y las obras frenadas. En el fondo, la discusión es otra. Plata, poder y gestión.
La movilización tuvo volumen. Hubo jefes comunales del conurbano y del interior. Todos alineados con Axel Kicillof y La Cámpora. La consigna fue clara. Que la nafta vuelva al precio del 1° de marzo. Y que se reactive la obra pública financiada con el Impuesto a los Combustibles.
El planteo no es nuevo. Pero esta vez se volvió colectivo. Y visible. La Federación Argentina de Municipios funcionó como punto de encuentro. La foto grupal, prolija, ordenada, casi institucional, contrastó con el malestar que se escuchaba en los pasillos.
“Dos reclamos concretos”, repetían. No hubo grises. El combustible impacta directo en la gestión diaria. Patrulleros, ambulancias, recolección. Todo depende del tanque. Y cada aumento pega en la caja municipal.
El segundo punto es más estructural. Las obras. Calles, cloacas, viviendas. Proyectos que quedaron a mitad de camino. Fondos que, según denuncian, se recaudan pero no se ejecutan. Ahí aparece el corazón del conflicto.
“Es un fraude, un robo; es un delito que se queden con la plata de todos. Cuando cargan el tanque de nafta, una parte de ese valor va a una cuenta para hacer obras”, lanzó Gabriel Katopodis, ministro de Infraestructura bonaerense. La frase no fue improvisada. Fue el eje político de la jornada.
En la marcha también estuvieron nombres pesados del conurbano. Fernando Espinoza, Mariel Fernández, Andrés Watson. Y el ministro de Gobierno bonaerense, Carlos Bianco. A ellos se sumaron intendentes del interior. El reclamo buscó mostrar federalismo. Y volumen político.
Un off que circuló entre los organizadores lo resumió sin vueltas: “Esto no es solo por la nafta. Es por la caja”. La frase explica más que cualquier documento. Los municipios sienten que quedaron afuera del reparto. Y que la motosierra no distingue escalas.
La escena tuvo algo de déjà vu. Intendentes en la calle. Reclamos por fondos. Un Ministerio de Economía como destino. Pero el contexto es distinto. Hoy la tensión no es solo fiscal. Es territorial. Cada peso define capacidad de gestión.
La metáfora que repiten en voz baja es simple. “Nos dejaron el auto sin nafta y nos piden que sigamos manejando”. La alegoría es más cruda: un Estado nacional que concentra recursos y municipios que hacen malabares para sostener lo básico.
La marcha dejó una foto. Pero también una advertencia. Cuando los intendentes se mueven en bloque, el conflicto escala. Y cuando el reclamo baja al territorio, ya no es solo política. Es gestión, servicios y calle.




