domingo, 25 octubre 2026

Dos apagones, un síntoma: Clorinda y Malargüe a oscuras en la Argentina del déficit cero

La escena se repitió con kilómetros de distancia. Clorinda primero. Malargüe después. Dos apagones, dos geografías opuestas y una misma sensación: el sistema eléctrico volvió a crujir.

En Clorinda, el corte dejó a gran parte de la ciudad sin suministro durante varias horas. Comercios cerrados, semáforos apagados y vecinos a oscuras en plena jornada. No fue un episodio aislado. La zona viene arrastrando problemas de tensión y cortes reiterados.

La situación en Malargüe no fue muy distinta. El apagón afectó a la ciudad y zonas aledañas. Hubo interrupciones prolongadas y reclamos inmediatos. En una región atravesada por la actividad petrolera y minera, la falta de energía pega doble.

Las explicaciones oficiales, como suele pasar, llegaron tarde y con tono técnico. Fallas en líneas, problemas en la distribución, cuestiones operativas. Ninguna sorpresa. Pero tampoco demasiada precisión.

El dato relevante es otro. No se trata de un evento puntual. Son episodios que se repiten en distintas provincias, con distintas causas, pero bajo un mismo paraguas: un sistema exigido y con márgenes cada vez más finos.

En el norte, Clorinda depende de una red que ya mostró límites. En el sur, Malargüe enfrenta tensiones propias de un sistema que crece en demanda sin acompañamiento suficiente en infraestructura. Dos caras de un mismo problema.

“Está todo muy justo”, resume un técnico del sector eléctrico. El off grafica una realidad incómoda: el sistema funciona, pero sin margen. Y cuando algo falla, el impacto se siente rápido.

A eso se suma el contexto. Menos inversión, tarifas en discusión y un esquema de subsidios en revisión. La ecuación no cierra fácil. Y la energía, como siempre, queda en el medio.

Los apagones, además, tienen efecto político. Golpean en lo cotidiano. Exponen fallas que no se pueden maquillar. Y reactivan una discusión que parecía dormida: la calidad del servicio.

En paralelo, el Gobierno sostiene el discurso de normalización. Pero la realidad muestra otra cosa. Cortes dispersos, problemas técnicos y un sistema que no termina de estabilizarse.

Clorinda y Malargüe no son excepciones. Son señales. Pequeños episodios que, sumados, dibujan un mapa más amplio. Un mapa donde la energía vuelve a ser noticia, pero por las razones equivocadas.

Porque al final del día, el problema es simple. Cuando se apaga la luz, se apaga todo. Y eso, en cualquier modelo económico, sigue siendo difícil de explicar.

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