Los jóvenes que terminaron la secundaria en 2011 atravesaron quince años con una inflación acumulada del 45.500%. El empleo registrado creció 1% durante el mismo período. La frustración tiene explicación estadística.
Hay generaciones que recuerdan una crisis puntual. La que terminó la secundaria en 2011 no tuvo esa suerte. Lo que encontró fue algo más silencioso: un mercado formal de trabajo que dejó de generar oportunidades y una inflación que se convirtió en una forma de vida.
Quien egresó ese año hoy ronda los 32 o 33 años. Entró a la adultez mientras la Argentina acumulaba una inflación cercana al 45.500%. En ese mismo período pasaron cuatro presidentes, cambiaron los diagnósticos económicos y se ensayaron recetas opuestas. Pero hubo una constante: para millones de jóvenes, el empleo privado registrado dejó de ser una puerta de entrada.
Los números del SIPA son contundentes. Entre diciembre de 2011 y abril de 2026 el empleo asalariado registrado en el sector privado aumentó apenas 63.745 puestos, alrededor del 1%. En quince años, el mercado prácticamente no creó trabajo formal.
La conclusión es incómoda. Para quienes salieron de la escuela en 2011, el mercado laboral formal estuvo, en los hechos, cerrado. Hubo quienes consiguieron empleo porque reemplazaron a otros, porque cambiaron de empresa o porque ocuparon vacantes existentes. Pero el sistema, en conjunto, casi no generó nuevos lugares para absorber a una generación completa.
Mientras tanto, la inflación hizo su trabajo. Los precios subieron decenas de miles por ciento. Los salarios corrieron siempre desde atrás. Ahorrar se volvió casi imposible y planificar el futuro pasó a ser un ejercicio de supervivencia.
Ese recorrido ayuda a entender buena parte del humor social. No se trata solamente del enojo con un gobierno determinado. Quien terminó el secundario en 2011 atravesó las presidencias de Cristina Kirchner, Mauricio Macri, Alberto Fernández y Javier Milei sin conocer un mercado laboral dinámico que ofreciera oportunidades de manera sostenida.
El dato también obliga a revisar una discusión habitual. Durante años la política debatió el dólar, el déficit, las tarifas o la deuda. Sin embargo, para una generación entera la variable decisiva fue otra: el empleo formal dejó de crecer. Y cuando una economía deja de ofrecer trabajo registrado mientras acumula 45.500% de inflación, la sensación de que el ascenso social se rompió deja de ser una percepción. Se convierte en una estadística.




