El ex gobernador conserva legisladores, pero el territorio empezó a mirar para otro lado. En el medio aparece Kako Sartori, vocero del quiebre y señalado por la causa CODEIM.
En Misiones ya no hay interna. Hay divorcio con reparto de bienes. Carlos Rovira quiso ordenar la sucesión desde Encuentro Misionero, pero Hugo Passalacqua sacó los pies del plato y avisó que ese partido no lo contiene. La pelea tiene de todo: intendentes, legisladores, caja, reelección y una investigación incómoda sobre la CODEIM. Una novela provincial con selva, lapicera y cuchillo bajo la mesa.
El posteo de Jorge Asís funcionó como una síntesis cruel del momento. “La vaca se volvió toro”, escribió, para describir la caída de autoridad de Rovira, el viejo dueño del tablero misionero. También planteó que Passalacqua reunió en Ruiz de Montoya a intendentes que apoyan su reelección y que Carlos “Kako” Sartori les aclaró a los rebeldes que el gobernador no tiene nada que ver con Encuentro Misionero. Un tuit filoso, pero con un dato central: el rovirismo ya no ordena a todos con un silbido.
Rovira venía de una jugada clásica. Dio por agotado al viejo Frente Renovador de la Concordia y empujó el nacimiento de Encuentro Misionero. En público dijo que no será candidato en 2027. Pero también dejó claro que se reserva la conducción política y estratégica del nuevo espacio. O sea: no quiere estar en la boleta, pero sí seguir eligiendo quién sube, quién baja y quién espera afuera con la servilleta en la mano.
El problema fue que la nueva criatura nació con una picardía demasiado visible. Encuentro Misionero difundió sus autoridades y metió a Passalacqua en la foto. El gobernador no tardó en despegarse. La aclaración llegó por boca de Sartori, ministro Coordinador de Gabinete. “Nosotros no formamos parte de eso nuevo que ellos han armado”, dijo. Y remató con una frase que en la política misionera sonó a portazo: “Nosotros no nos fuimos, ellos se fueron del espacio”.
Sartori fue más lejos. Sostuvo que Passalacqua y su sector no fueron invitados al lanzamiento del nuevo partido. También dijo que la modificación del nombre se habría hecho en forma inconsulta y que no se consultó a los afiliados. Para que no quedaran dudas, agregó que hoy el sector del gobernador está “sin partido”, pero con una responsabilidad de gobierno. En criollo: sin sello todavía, pero con la lapicera del Ejecutivo.
Ahí aparece el dato que más duele en la mesa chica de Rovira. Según el propio Sartori, entre el 95 y el 97 por ciento de los intendentes oficialistas respaldan una nueva candidatura de Passalacqua en 2027. El Territorio publicó otro número con la misma música: de 79 municipios, casi todos estarían de acuerdo con la continuidad del gobernador y apenas unos siete jefes comunales seguirían por definirse. La Renovación no se rompió por arriba. Se le abrió el piso.
La reunión de Ruiz de Montoya fue la foto de ese terremoto. Asís habló de 60 intendentes. Misiones Online elevó la cuenta a 67 jefes comunales que firmaron un acta de respaldo explícito a la reelección de Passalacqua. No fue un café de sobremesa. Fue una demostración territorial. En la política argentina, los comunicados hacen ruido. Los intendentes hacen poder.
Un operador misionero lo resume con una frase seca: “Los diputados y senadores responden a Rovira, no a Passalacqua”. El ejemplo que más repiten es Oscar Herrera Ahuad, ex gobernador y presidente del bloque misionero, que forma parte de Encuentro Misionero. Esa es la otra mitad de la pelea. Passalacqua juntó intendentes. Rovira conserva terminales legislativas. El mapa quedó partido: territorio de un lado, Congreso del otro.
Agencia Hoy ya había mostrado esa diferencia con el episodio Adorni. Ninguno de los siete diputados por Misiones dio quórum para avanzar con la interpelación al jefe de Gabinete. En esa lista aparecieron los libertarios Diego Hartfield y Maura Gruber, el bullrichista Emmanuel Bianchetti y los roviristas Oscar Herrera Ahuad, Daniel Vancsik, Yamila Ruiz y Alberto Arrúa. La lectura política fue clara: los legisladores de Encuentro Misionero le dieron aire a la Casa Rosada y, de paso, mostraron que Rovira todavía tiene botonera en Buenos Aires.
Pero la caja provincial, los municipios y el clima social no se manejan desde una banca. Ese es el cambio. José María Arrúa, ministro de Turismo, también tomó distancia de Encuentro Misionero y dijo que el sector de Passalacqua espera definiciones políticas. El intendente de San Javier, Matías Vílchez, fue más explícito: si el gobernador no está dentro de Encuentro Misionero, él tampoco. Cuando un intendente dice eso, no está opinando. Está avisando.
El otro nombre clave es Sartori. No solo porque fue el vocero del quiebre. También porque su historia reciente explica por qué Passalacqua lo puso en ese lugar. Agencia Hoy contó en diciembre que la llegada de “Kako” al Ministerio Coordinador, tras la salida de “Kiko” Llera, tenía una explicación política: aceitar la relación con los intendentes y disputar influencia territorial en la interna renovadora. Sartori venía de Campo Grande y de presidir la CODEIM, la Comisión de Desarrollo Estratégico Integral de Municipios. Un hombre de municipios para una guerra de municipios.
Pero ese mismo punto lo vuelve vulnerable. En mayo, Agencia Hoy publicó que la Justicia investiga a Sartori por presuntas irregularidades en la CODEIM. Según esa publicación, el Tribunal de Cuentas y la Fiscalía de Estado miran los manejos de ese organismo, que administró fondos millonarios destinados a programas, subsidios y actividades institucionales. También se mencionan rendiciones cuestionadas, documentación presuntamente apócrifa y posible desvío de recursos públicos. Por ahora, todo está en investigación. Pero la palabra CODEIM ya dejó de sonar a sigla técnica y empezó a sonar a problema.
La causa también menciona al intendente de Colonia Victoria, Hugo Andino, entre los principales señalados. Agencia Hoy agregó que la investigación podría extenderse a otros integrantes de la comisión directiva que participaron de balances, autorizaciones de pago y rendiciones. Es el tipo de expediente que en la superficie parece administrativo, pero en una interna feroz puede convertirse en garrote. Más aún cuando el funcionario investigado es, al mismo tiempo, el encargado de decir que Passalacqua no se sube al barco de Rovira.
Así quedó armado el cuadro. Rovira inventó Encuentro Misionero para no perder la conducción. Passalacqua respondió con intendentes y distancia pública. Los legisladores siguen orbitando cerca del viejo jefe. El gobernador, en cambio, prueba fuerza propia desde la gestión y la territorialidad. La novedad no es que haya pelea. La novedad es que alguien se animó a decirla en voz alta.
En Misiones, durante años, el poder se administró como si fuera una represa: compuertas cerradas, caudal medido y nadie chapoteando fuera del cauce. Ahora el agua encontró una grieta. Rovira todavía tiene estructura. Passalacqua tiene gobierno. Sartori tiene los intendentes cerca y la CODEIM demasiado cerca. La vaca se volvió toro, sí. Pero lo más divertido es que todavía no se sabe quién quedó dentro del corral.




