El acto que organizó Augusto Costa en Parque Centenario terminó agravando la interna más áspera del peronismo. Lo que iba a funcionar como una demostración de fuerza del armado porteño de Axel Kicillof se transformó en una postal incómoda: poca gente, ausencias pesadas y una catarata de reproches cruzados entre el kicillofismo y La Cámpora.
Costa viene siendo impulsado por Axel como una de las caras del desembarco político del gobernador en la Ciudad. El ministro bonaerense armó su agrupación “Kilómetro Cero” para construir volumen propio en territorio porteño y proyectar el esquema de Kicillof hacia 2027.
Pero el encuentro en Parque Centenario dejó exactamente la imagen opuesta a la que buscaban mostrar. En sectores del peronismo porteño hablaron de un acto “frío”, con militancia dispersa y sin acompañamiento fuerte de las estructuras tradicionales del kirchnerismo capitalino. La ausencia de dirigentes relevantes del universo camporista fue leída como un mensaje político directo. La bronca escaló rápido.
En el kicillofismo acusaron a La Cámpora de “boicot silencioso” y de retacear estructura para evitar que crezca una referencia propia de Axel en la Ciudad. Del otro lado respondieron con crueldad: dijeron que el problema no era la interna sino que Costa “no mueve el amperímetro” y que el axelismo “confunde gestión con construcción política”.
La discusión venía incubándose hace meses. Kicillof decidió avanzar en un armado nacional autónomo mientras el cristinismo duro intenta conservar el control del PJ y de las listas. Costa funciona como una pieza clave de esa estrategia porque expresa el núcleo técnico y político más cercano al gobernador.
El problema es que la Ciudad se volvió un territorio especialmente sensible. Ahí conviven Juan Manuel Olmos, La Cámpora, sindicatos, movimientos sociales y distintas terminales del peronismo que desconfían de la idea de un “axelismo puro” desembarcando desde La Plata para disputar liderazgo.
En privado, dirigentes camporistas ironizaron con que el acto parecía “una asamblea de consorcio”. Del lado de Kicillof devolvieron con otra frase venenosa: “Ellos prefieren perder la Ciudad antes que compartir la lapicera”.
La tensión ya dejó de ser solamente política y empezó a volverse emocional. En el entorno de Axel sienten que La Cámpora quiere disciplinar cualquier intento de autonomía. En el camporismo, en cambio, creen que el gobernador construye una estructura paralela mientras sigue usando el capital simbólico de Cristina.
El episodio de Parque Centenario actuó como una lupa sobre ese conflicto. Un acto que buscaba mostrar expansión terminó exponiendo fragilidad. Y sobre todo confirmó algo que varios intendentes y dirigentes del PJ ya comentan en voz baja: la interna entre La Cámpora y el kicillofismo entró en una fase mucho más salvaje.
Hay un dato que inquieta particularmente al kirchnerismo duro. Kicillof ya no está armando solamente un espacio bonaerense. Está intentando construir una corriente nacional propia, con terminales universitarias, sindicales y territoriales. La agrupación de Costa en la Ciudad forma parte de ese esquema.
Por eso el fracaso del acto pegó tan fuerte. Porque en política los lanzamientos importan menos por lo que dicen que por lo que muestran. Y Parque Centenario dejó una imagen incómoda para todos: un peronismo discutiendo liderazgo mientras Milei conserva el centro de la escena.
La metáfora que usó un dirigente peronista después del acto fue brutal. “Parecemos una familia peleándose por los cuartos de una casa que todavía sigue incendiándose




