La senadora porteña prepara una gira política por varias provincias que en la Casa Rosada leen como un gesto de autonomía política. El armado que inquieta a Karina tiene una parada explosiva en Mendoza, en medio de la tensión entre Luis Petri, el candidato a gobernador favorito del mileismo y Alfredo Cornejo que apunta a la reelección.
Patricia Bullrich sale a recorrer el país con una agenda que en el Gobierno no leen como gestión. La senadora prepara una gira política por distintas provincias, con paradas en Mendoza, Río Negro y otros distritos donde el oficialismo todavía tiene estructuras débiles o conflictos abiertos. El movimiento cayó como una señal de autonomía política dentro de una Casa Rosada atravesada por las internas.
En el entorno de Karina Milei observan el operativo con desconfianza. Bullrich construye volumen propio mientras el karinismo intenta cerrar un esquema de control vertical sobre La Libertad Avanza en todo el país. La ministra habla con gobernadores, arma vínculos territoriales y reaparece como una figura capaz de dialogar con radicales, PRO y libertarios al mismo tiempo.
Pero la escala más explosiva de la gira es Mendoza.
Ahí el viaje tiene un trasfondo mucho más profundo que una reunión institucional. Alfredo Cornejo empezó a acercarse nuevamente a Bullrich porque detecta una amenaza concreta: que La Libertad Avanza impulse a Luis Petri como candidato propio en la provincia y le dispute el liderazgo del radicalismo mendocino.
La tensión tiene algo de ironía política. Cornejo, Petri y Bullrich fueron parte del mismo entramado interno que sostuvo el llamado Grupo Malbec, el sector radical que empujó la candidatura presidencial de Bullrich en 2023. Petri incluso terminó siendo su compañero de fórmula presidencial. Ahora ese mismo ecosistema amenaza con partirse.
Cornejo percibe que Milei y Karina necesitan candidatos propios en las provincias y que Petri encaja perfecto en ese esquema: radical, alineado con el Gobierno, con buena imagen en el electorado libertario y con llegada directa a Bullrich. El gobernador teme quedar rodeado dentro de su propio territorio por una fuerza nacional que hasta ahora administraba a distancia.
Por eso la gira de Bullrich funciona también como una negociación de poder. Cornejo busca mantener abierto un canal con la ministra para evitar que Petri se convierta en el instrumento de colonización libertaria sobre Mendoza. No es sólo una disputa electoral. Es el control de la sucesión provincial y del aparato radical mendocino.
En paralelo, Bullrich aprovecha la tensión para ampliar su propia autonomía. La ministra aparece cada vez menos subordinada al laboratorio político de Santiago Caputo y al armado territorial de Karina Milei. Recorre provincias, acumula fotos con gobernadores y vuelve a construir una identidad propia dentro del oficialismo.
La parada en Río Negro también tiene lectura política. El sur es uno de los territorios donde el Gobierno todavía negocia permanentemente con gobernadores dialoguistas y donde Bullrich conserva vínculos por la agenda de seguridad y conflicto mapuche. La ministra intenta transformarse en una interlocutora federal mientras La Libertad Avanza todavía funciona como una estructura porteña con delegaciones sueltas.
En la Casa Rosada algunos ya describen el fenómeno como “la liga de los supervivientes”. Gobernadores que apoyan a Milei pero no quieren ser absorbidos completamente por el experimento libertario. Y dirigentes nacionales que empiezan a construir red propia por si el desgaste económico termina debilitando el poder presidencial.
Bullrich entendió antes que muchos que el oficialismo todavía tiene votos, pero no tiene capilaridad. Y en Argentina, cuando el poder central empieza a crujir, los gobernadores dejan de mirar la foto y empiezan a mirar el mapa.
Mendoza se volvió el laboratorio perfecto de esa tensión. Cornejo necesita a Bullrich para contener a Petri. Bullrich necesita a Cornejo para mostrar territorialidad. Y Petri necesita a Milei para disputar el futuro. Los tres vienen del mismo espacio político. Los tres saben que esa convivencia tiene fecha de vencimiento




