El gobierno de Javier Milei dejó a la deriva una de las piezas más sensibles del entramado nuclear argentino. Se trata de la Planta Industrial de Agua Pesada (PIAP), ubicada sobre el río Limay, en Neuquén. La instalación, considerada durante años la mayor del mundo en su tipo, atraviesa una situación crítica: según denuncias recientes, lleva meses sin un contrato de mantenimiento operativo y acumula problemas financieros y técnicos.
La planta produce agua pesada, un insumo indispensable para el funcionamiento de las centrales nucleares argentinas que operan con uranio natural, como Atucha y Embalse. Durante décadas fue presentada como uno de los símbolos de la autonomía tecnológica local. Su capacidad de producción llegó a ubicarse entre las más altas del planeta.
El deterioro no es nuevo. La actividad industrial de la PIAP quedó prácticamente frenada en 2017 y desde entonces sobrevivió bajo esquemas mínimos de conservación. Hubo intentos de reactivación durante el gobierno anterior, incluso con planes para exportar agua pesada y abastecer futuras centrales nucleares.
Ahora el escenario cambió otra vez. La Comisión Nacional de Energía Atómica negocia desprenderse de parte de su participación en ENSI, la empresa que opera la planta junto a la provincia de Neuquén. En el sector interpretan el movimiento como un retiro silencioso del Estado nacional del negocio nuclear pesado.
La contradicción es llamativa. Mientras el Gobierno promociona un “Plan Nuclear Argentino” ligado a reactores modulares y desarrollo tecnológico, la infraestructura que abastece de agua pesada a las centrales permanece paralizada y con financiamiento intermitente. Incluso funcionarios nacionales prometieron hace pocos meses reactivar la planta.
En el mundo energético comparan la situación con abandonar una locomotora en medio del desierto: volver a ponerla en marcha después cuesta muchísimo más que sostenerla funcionando. En la industria nuclear, además, el deterioro prolongado implica pérdida de personal altamente calificado, corrosión de equipos críticos y riesgo de dependencia externa para conseguir insumos estratégicos.




