Al violento cruce público entre Santiago Caputo y Martín Menem por cuentas libertarias y operaciones en redes, se sobreimprime el faltazo que Toto Caputo le clavó a Adorni. El gobierno se derrite entre escánadalos, corrupción, trolls y desconfianzas
El gobierno de Javier Milei entró en una fase donde las internas dejaron de ser rumores de pasillo para convertirse en un espectáculo público. Ya no hace falta una filtración compleja ni una operación de inteligencia. Alcanzan un like, una cuenta trucha mal administrada o una silla vacía en un acto para dejar expuesto que el oficialismo está atravesado por una guerra permanente entre tribus.
La última detonación llegó por una torpeza digital que terminó dejando a Santiago Caputo y Martín Menem en una pelea a cielo abierto. Todo ocurrió cuando Caputo expuso desde su cuenta a un perfil libertario atribuido al entorno de Menem. El episodio derivó en una catarata de acusaciones internas y dejó flotando una sospecha incómoda: gran parte del ecosistema libertario que se presenta como militancia espontánea funciona, en realidad, como una red de operaciones cruzadas entre sectores del propio gobierno.
La cuenta en cuestión no sólo defendía a Karina Milei. También se dedicaba a atacar sistemáticamente a Patricia Bullrich, Sandra Pettovello y Luis “Toto” Caputo. El dato cayó especialmente mal en Economía. No porque las críticas fueran nuevas, sino porque dejaron al descubierto que el fuego amigo ya se volvió una metodología estable dentro del oficialismo.
En la Casa Rosada todavía se sabe que Martín Menem quedó golpeado después de la filtración. Cerca del riojano intentaron despegarse rápidamente de la cuenta libertaria. Pero el daño ya estaba hecho. En política, como en las viejas peleas de consorcio, alcanza con que alguien abra la puerta equivocada para que todos terminen viendo lo que pasa adentro.
La pelea además expuso algo más profundo: la tensión creciente entre el dispositivo político de Karina Milei y el universo que responde a Santiago Caputo. Son dos formas distintas de administrar poder. Los karinistas buscan verticalismo y control absoluto. Los caputistas juegan más al laboratorio digital, la rosca y la presión permanente. El problema es que ambos sectores conviven dentro de un gobierno que cada semana parece más tomado por las suspicacias internas.
Y en medio de esa implosión apareció otro gesto político que hizo ruido fuerte. Toto Caputo decidió faltar a la inauguración del Parque Solar “Los Quemados” donde Manuel Adorni era una de las figuras centrales.
El faltazo de Caputo fue leído además como otro síntoma del agotamiento por el escándalo de corrupción que envuelve al jefe de gabinete. El ministro de economía atraviesa semanas difíciles. Las tensiones con el mercado empezaron a erosionar el clima triunfalista que el oficialismo intentaba sostener después del veranito post electoral. En ese contexto, Economía ya no está para fotos sociales ni cenas de camaradería.
Un dirigente libertario que conoce la dinámica interna del gobierno resumió el clima interno: “Acá todos se espían, todos sospechan de todos y todos creen que el otro les quiere serruchar el lugar”. La frase circuló rápido entre despachos oficiales porque describe bastante bien el estado actual de La Libertad Avanza.
Mientras Milei intenta sostener la centralidad política con viajes, discursos y batallas culturales, abajo suyo el gobierno parece una estructura cada vez más fragmentada. Bullrich juega su propio partido. Karina arma cajas y candidaturas. Santiago Caputo administra el ecosistema digital y la inteligencia política. Toto Caputo pelea con el mercado. Para Adorni, El Quemado. Chiste que como LLA, se cae solo.
El problema para la Casa Rosada es que las internas dejaron de ser una anomalía para convertirse en el funcionamiento habitual del gobierno. Y cuando un oficialismo naturaliza la pelea permanente, cualquier error mínimo puede transformarse en una guerra. A veces alcanza apenas con un tuit. O con alguien que no aparece en una foto.




