martes, 14 abril 2026

De Lago Escondido a C5N: el inesperado giro de Marcelo D’Alessandro

La sorpresiva incorporación del exministro de Seguridad porteño al Grupo Indalo, tras la ruptura con Fabián De Sousa, desató especulaciones sobre una guerra que incluye personajes ligados a los servicios de inteligencia

La reciente separación societaria entre Cristóbal López y Fabián De Sousa en el Grupo Indalo marcó un punto de inflexión en el poderoso conglomerado, propietario de medios como C5N, Radio 10 y Ámbito Financiero. López, conocido como el “zar del juego”, tomó las riendas y reestructuró el grupo, desplazando a figuras clave como los vicepresidentes Nacho Vivas y Julián Leunda, quienes se alinearon con De Sousa en una nueva sociedad enfocada en minería, inmuebles y alimentos. La movida, que muchos anticipaban como un acercamiento al kirchnerismo de Cristina Fernández de Kirchner y su hijo Máximo, dio un giro inesperado con un nombramiento que sacudió los cimientos de la empresa.

López convocó a Marcelo D’Alessandro, exministro de Seguridad de la Ciudad de Buenos Aires durante el gobierno de Horacio Rodríguez Larreta, para ocupar un cargo jerárquico en Indalo. D’Alessandro, cuya carrera quedó marcada por el escándalo de Lago Escondido y los chats filtrados que lo vinculaban a operaciones políticas y judiciales, apareció en las oficinas de C5N, un canal que previamente lo había cuestionado duramente por ese episodio.

Su incorporación generó sorpresa y desató una ola de paranoia entre los empleados, quienes interpretan la decisión como un mensaje estratégico de López en el marco de una “guerra de servicios”.

La salida de Vivas y Leunda, ambos con estrechos lazos con Lucas Nejamkis y Jaime Stiuso, alimentó las sospechas sobre un trasfondo de inteligencia en la reestructuración de Indalo. Vivas, un empresario con contactos en sectores de poder y la Agencia de Recaudación y Control Aduanero, y Leunda, exasesor de Alberto Fernández, eran piezas clave en la gestión del grupo durante la prisión de López y De Sousa. Su desplazamiento, sumado a la llegada de D’Alessandro, sugiere un intento de López por consolidar el control y enviar un mensaje a quienes, según él, podrían haber operado en su contra.

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