Tras la caída de Adorni por sus inconsistencias contables, Santilli llega al Gobierno con su propio frente abierto: una deuda hipotecaria de 550 mil dólares declarada ante un prestamista privado con negocios fuertes con el Estado.
Tras la salida de Manuel Adorni de la Jefatura de Gabinete acorralado por investigaciones judiciales, Diego Santilli será su sucesor. A diferencia de lo que muchos creen, que el ahora ex ministro del Interior llega con un prontuario limpio en cuanto sus registros contables, la realidad es muy distinta y salpica a distintos nombres que fueron claves en sus maniobras difíciles de justificar.
Cuando era vicejefe de Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, Santilli presentó en su declaración jurada de 2015 una deuda hipotecaria de 550 mil dólares. Entonces, quien le prestaba ese dinero no era una entidad bancaria, sino Marcos Podestá, un poderoso empresario de Droguería Varadero S.A y Rio Varadero S.A, entre otras. Estas tuvieron un crecimiento exponencial de sus contratos de provisión con el Estado porteño con el poder macrista.
Al año siguiente, el la DDJJ de 2016, aquella deuda con el contratista había sido saldada. Lo llamativo es que lo pudo hacer con un sueldo neto de apenas $80 mil y dedicación exclusiva al cargo. También mostraba un piso de lujo frente al MALBA por u$s800 mil, que luego sufrió una “devaluación” fiscal del 85% para camuflar los números.
Podestá dirige un conglomerado de empresas proveedoras cuyos contratos crecieron con el Estado a partir de diciembre de 2015. Durante la investigación expuesta por el medio El Disenso, se mencionaba que tenía como socios a Néstor Fabricio y Alejo Hernán Martínez. Así, el acreedor de Santilli obtuvo importante contratos en Nación, PBA, GCBA y Vaca Muerta.
El Gobierno en el que se encontraba Santilli por entonces le dio varios contratos al Grupo Varadero, una de las droguerías que Podestá, desde 2012, contaba entre sus consultores a Bruno Screci, quien era ministro de Gobierno porteño.
Según el mismo medio, además de ser prestamista, la caja de Podestá sirvió para blanquear fondos de campaña, por ejemplo, a través de otra empresa enjambre como Resonancia ART SA, que reforzaba los fondos de campaña del PRO.

Por otro lado, Rio Varadero también repartía plata en el equipo de Larreta bajo el concepto de “consultorías”, de modo que transformaba a los funcionarios en asesores de sus proveedores.

Podestá, en 2025, volvió a ser nombrado por su deseo de resetear el mercado de aseguradoras de ART con las provincias, también con el Grupo Varadero. Sus contactos políticos serían entonces fundamentales para lograrlo.
En septiembre del año pasado se supo que el empresario encabezó en Chubut un lobby inusual para reformular la contratación de seguros laborales en las provincias. Se trata de un negocio en el que participan pocas compañías donde sus jugadores se convierten en factores de poder político y económico.
Su jugada se dio un mes después de que el gobierno provincial anunciara el fin del “curro de los seguros”, con un supuesto ahorro de más de $1.000 millones destinado a un bono docente. Así, la provincia ya no tendría una ART integrada, sino servicios médicos. Solo pagaba la atención de salud y dejó en el aire la cobertura de sueldos e indemnizaciones.
La medida borró del negocio a Prevención ART, del Grupo Sancor, que aunque presentó la oferta más económica, fue excluida tras más de 10 años de brindar servicio. La ganadora fue Colonia Suiza ART, una prestadora de salud del Grupo Varadero.
Médico de profesión, Podestá logró conformar un conglomerado que se encarga no solo de la provisión de medicamentos, sino también de servicios mineros y petroleros. Más allá de la Droguería Varadero, también cuenta con el Instituto Biológico Contemporáneo o Gemepe, todas proveedoras de estados locales o provinciales.




