Las piezas se empiezan a mover y el rompecabezas electoral ya no es una hipótesis. La política entró en modo armado. Y las tensiones aparecen en simultáneo: Santa Fe, el PRO y Mauricio Macri como eje.
En Santa Fe, el gobernador Maximiliano Pullaro recibió un ultimátum. Sectores de su coalición le reclaman avanzar con la eliminación de las PASO. El argumento formal es el costo y la fragmentación. El real es otro: ordenar la interna sin pasar por una primaria abierta.
Pullaro mide. Sabe que eliminar las PASO implica cerrar listas por arriba. Y eso deja heridos. En un escenario con múltiples tribus, el riesgo es mayor. Las primarias hoy funcionan como válvula de escape.
“Sin PASO, alguien queda afuera. Y el que queda afuera juega en contra”, apuntó un operador político. Esa es la cuenta que hace el gobernador antes de tomar una decisión.
En paralelo, el PRO muestra su propio reordenamiento. Guillermo Montenegro decidió volver al macrismo después de su intento de acercamiento a los libertarios. La jugada no es menor. Es un regreso al origen en medio de un espacio que busca rearmarse.
Montenegro que se pintó de violeta para las elecciones de medio término, ahora vuelve a alinearse con Macri, tras frustrarse su designación como ministro de justicia.
El movimiento también tiene lectura interna. Refuerza el esquema macrista en un momento donde el partido necesita consolidar tropa. Y al mismo tiempo expone los límites de los intentos de fuga hacia el universo libertario.
Entre los heridos, Mauricio Macri vuelve a ocupar el centro de la escena. No oficializa nada, pero no baja la posibilidad de ser candidato. Mantiene la carta en la mano y deja que el resto del espacio se ordene en función de eso.
La hipótesis genera ruido. Si Macri juega, redefine todo. Cambia la estrategia, los nombres y el equilibrio interno. No hay margen para medias tintas.




