martes, 17 febrero 2026

Apareció “la copa” y Macri agachó la cabeza ante Milei

Habló tras recibir las 31 líneas de colectivo de la Ciudad y unificó el discurso con Milei. No le reclamó ni la coparticipación.

Luego de varias semanas de una relación tensa entre los libertarios y el Pro, comenzaron los gestos de buena voluntad y bajaron el tono.

El jefe de gobierno porteño -Jorge Macri- se retiró pasado el mediodía de la Casa Rosada en donde se reunió con el presidente Javier Milei para hacer el traspaso de las 31 líneas de colectivos que transitan solo por CABA y apoyó las medidas del gobierno.

Desde el 1° de agosto con la reaparición de Mauricio Macri en el primer plano de la escena política, los reclamos y las disputas de poder no habían cesado.

Sin embargo, los conflictos comenzaron a destrabarse con la última cena del ex presidente y el actual mandatario que desembocó en el encuentro de Milei con diputados y diputadas de los bloques aliados.

A la salida de la reunión, el primo Jorge salió en defensa del gobierno libertario y advirtió que están haciendo “un gran esfuerzo” para sostener la tarifa social y “está asumiendo costos políticos muy grandes para ordenar la economía”.

En ese sentido y consultado por los fondos que le corresponden a CABA, se despegó de las críticas que venía marcando contra el ejecutivo, “nada que ver, la coparticipación la está cumpliendo Nación con mecanismos de pago que se siguen discutiendo en la Corte pero está cumpliendo”.

Tras semanas de idas y vueltas, encuentro fallidos, y ausencias a la hora de discutir los números, los libertarios pusieron el dinero y Macri revirtió sus dichos, “está haciendo un gran esfuerzo también y eso ayuda”.

“Si no tuviéramos ese pago de la copa esto sería absolutamente imposible de sostener”, aseguró el Jefe de Gobierno y apuntó a la provincia “lamentamos que no sostenga la tarifa integrada porque hay una discriminación, esperemos que lo revise”.

Para cerrar, Macri resaltó que la ciudad ganará autonomía con esta decisión del ejecutivo nacional y puso al gobernador bonaerense Axel Kicillof como el adversario a derrotar por parte de la alianza que pretenden construir entre el Pro y La Libertad Avanza.

Compartir

Publicidad

Publicidad

Publicidad

Publicidad
Publicidad
Publicidad

Te puede interesar
TAMBIÉN

El servicio de limpieza de Salto Grande y la trama que conecta a Reidel, el PRO y una empresa que se repite

La misma estructura empresaria señalada en la polémica por contrataciones en Nucleoeléctrica aparece como proveedora en la represa binacional. Detrás del servicio de limpieza, una red de sociedades, vínculos políticos y contratos que vuelven a cruzar energía, negocios y poder

El hombre que no habla: Ignacio Devitt, el silencioso de la mesa política del gobierno

El hombre que no habla: Ignacio Devitt, el silencioso de la mesa chica que cuidó la reforma laboral En la política argentina siempre hay un personaje que no sale en las fotos pero aparece en todas las decisiones. En el Gobierno de Javier Milei, ese lugar lo ocupa Ignacio Devitt. Secretario de Asuntos Estratégicos, nombre técnico para una función política muy concreta: ordenar, monitorear y asegurarse de que las cosas sucedan sin ruido. Mientras otros discutían en público, él contaba votos en privado. Devitt es, probablemente, el menos conocido de la mesa política que siguió de cerca la aprobación de la reforma laboral. Una mesa heterogénea, donde conviven estilos y roles muy distintos. Karina Milei como vértice del poder real, obsesiva del control político. Manuel Adorni como vocero y escudo mediático. Martín y “Lule” Menem como operadores parlamentarios con oficio heredado. Y, detrás de todos ellos, Devitt, el funcionario que aparece cuando hay que cerrar. En un gobierno donde la visibilidad suele ser sinónimo de influencia, Devitt construyó exactamente lo contrario. Su capital político es la discreción. No polemiza, no filtra, no declara. En la Casa Rosada lo describen como un organizador. Alguien que traduce decisiones políticas en secuencias operativas. Quién llama a quién. Cuándo se negocia. Cuándo se espera. Y, sobre todo, cuándo no hablar. La reforma laboral fue su primera gran prueba. No por el contenido del proyecto, sino por la ingeniería política necesaria para que avanzara en un Congreso fragmentado y con aliados inestables. Mientras Adorni explicaba el rumbo en conferencias y los Menem tejían acuerdos legislativos, Devitt seguía el minuto a minuto del tablero. Su tarea era evitar sorpresas. En un oficialismo con pocos votos propios, eso equivale a evitar accidentes. En ese esquema, el secretario de Asuntos Estratégicos cumple un rol que en otros gobiernos ocupaban jefes de Gabinete o ministros políticos. Pero con una diferencia: sin estructura propia ni exposición pública. Su poder no surge del cargo sino de la confianza directa del círculo más cerrado del Gobierno, especialmente de Karina Milei, que privilegia perfiles ejecutivos antes que figuras con vuelo propio. El resultado es un funcionario difícil de encasillar. No viene del armado territorial ni del mundo mediático. Tampoco del sindicalismo o la rosca clásica. Su perfil encaja mejor en la lógica empresarial que Milei intenta trasladar al Estado: menos discurso, más ejecución. En la práctica, alguien que verifica que las órdenes se cumplan. En los pasillos del Congreso lo describen con una mezcla de curiosidad y alivio. Curiosidad porque pocos lo conocen realmente. Alivio porque, a diferencia de otros interlocutores del oficialismo, no suele sobreactuar posiciones ideológicas. Escucha, toma nota y vuelve con respuestas. En tiempos de política performática, ese estilo casi administrativo resulta exótico. La paradoja es que cuanto menos aparece, más crece su influencia. La aprobación de la reforma laboral consolidó una mesa política donde cada uno cumple un rol preciso: Karina decide, Adorni comunica, los Menem negocian y Devitt ordena. Un reparto de funciones que explica, en parte, cómo un gobierno sin mayoría propia logró avanzar con una de sus reformas más sensibles. En la Casa Rosada lo resumen con una frase simple: cuando el tema es delicado, aparece Devitt. Y cuando aparece Devitt, es porque alguien ya hizo las cuentas.

Radicales en modo doble discurso: rechazo mediático, voto afirmativo en el recinto

El bloque radical había marcado diferencias con la eliminación del régimen vinculado al estatuto del periodista, pero en el recinto acompañó el proyecto. El giro dejó expuesta la tensión entre el discurso público y la estrategia parlamentaria.