El apagón en La Plata golpeó a una empresa del Grupo DESA cuando ya crecía el malestar por las facturas de EDEA en la Costa. Detrás aparece una discusión más grande por tarifas, inversiones y el vínculo del gobernador con Rogelio Pagano y Marcelo Mindlin.
El incendio que durante la madrugada dejó sin luz a buena parte de La Plata cayó en el peor momento para Rogelio Pagano. El dueño del Grupo DESA ya venía acumulando ruido por el fuerte aumento de las facturas de EDEA en la Costa Atlántica y ahora el problema saltó al corazón político de la provincia de Buenos Aires.
El fuego se desató alrededor de las 2.30 en la Subestación Tolosa de Edelap, ubicada en 528 entre Camino General Belgrano y calle 9. El episodio provocó un apagón de grandes dimensiones, afectó distintos barrios de La Plata y obligó a evacuar preventivamente a vecinos de la zona. También quedaron sin iluminación tramos de la Autopista Buenos Aires-La Plata.
Edelap informó que el origen del incendio todavía está bajo investigación. Bomberos, Defensa Civil y técnicos de la compañía lograron controlar el foco y la distribuidora comenzó luego a reconfigurar la red, con prioridad para hospitales y otros servicios esenciales. Tolosa, Ringuelet, Villa Castells, San Carlos, José Hernández, Gonnet y sectores del casco urbano quedaron afectados. La empresa desplegó además grupos electrógenos y no dio inicialmente un horario para la normalización completa.
Pero el incendio prendió sobre pasto seco. Apenas tres días antes había estallado otra polémica alrededor de EDEA, también propiedad de DESA, por las facturas que recibieron usuarios de la Costa Atlántica. Allí se combinaron el frío, el escaso acceso al gas de red, los aumentos tarifarios y una baja adhesión al registro de subsidios. Walter Martello cuestionó además la respuesta de la distribuidora y señaló que se había limitado a otorgar apenas 15 días de tolerancia antes de avanzar con cortes.
El dato que inquieta en La Plata es que no se trata de dos empresas desconectadas. Pagano controla a través de DESA las distribuidoras EDEA, Edelap, EDEN y EDES en territorio bonaerense. El propio grupo se presenta como dueño de esas cuatro compañías, además de EDESA en Salta.
Por eso, el apagón platense volvió a poner bajo discusión no solamente el nivel de las tarifas sino también las inversiones y la calidad del servicio. Es una combinación particularmente incómoda para el gobierno de Axel Kicillof: cuando una boleta aumenta, la discusión política puede concentrarse en el precio de la energía; cuando además se corta la luz, aparece inevitablemente la pregunta por qué parte de esa tarifa vuelve a la red.
La relación entre Kicillof y Pagano tiene una historia larga. Apenas asumió, el gobernador frenó un incremento tarifario heredado de María Eugenia Vidal y abrió una negociación directa con DESA. En diciembre de 2019, funcionarios provinciales y representantes del holding acordaron revisar inversiones, indicadores de calidad y el nivel de tarifas. Meses después, durante la pandemia, Kicillof y Pagano firmaron la extensión del congelamiento tarifario mientras la Provincia analizaba el cumplimiento de las inversiones comprometidas.
Ahora esa relación vuelve a quedar bajo tensión. En sectores del peronismo bonaerense ya leen la crisis como otro capítulo de la pelea por quién administra políticamente el sistema eléctrico provincial. Allí también sobrevuela la interna entre el axelismo y La Cámpora, que desde hace tiempo atraviesa organismos, empresas y áreas sensibles del Estado bonaerense.
El tablero tiene además otro jugador pesado: Marcelo Mindlin. Pagano conoce como pocos al dueño de Pampa Energía. Trabajó junto a él durante años y participó de la construcción del grupo antes de independizarse y formar DESA en 2014. Luego construyó su propio imperio de distribución eléctrica en territorio bonaerense.
Mindlin, por su parte, desarrolló durante los gobiernos peronistas una relación fluida con Kicillof. El gobernador recorrió junto al empresario inversiones de Pampa en la provincia y en 2023 participó de la ampliación del parque eólico de la compañía, donde se anunciaron inversiones por cientos de millones de dólares. Antes, ambos habían recorrido la Central Térmica Ensenada Barragán, donde Pampa e YPF encararon una inversión de USD 220 millones.
Ese vínculo alimenta una competencia empresarial que en La Plata siguen con atención. Pagano nació empresarialmente al lado de Mindlin y después construyó un grupo propio. Hoy ambos tienen intereses enormes en el negocio eléctrico y una interlocución directa con el poder político bonaerense. En ese cruce, cada discusión sobre tarifas, concesiones e inversiones mueve piezas mucho más grandes que una factura de luz.
El incendio de Tolosa encontró entonces a DESA en una posición incómoda. En pocos días, dos de sus principales distribuidoras bonaerenses quedaron en el centro de la discusión: EDEA por cuánto cobra y Edelap por la capacidad de su infraestructura para sostener el servicio.
Y ahí aparece el verdadero problema para Kicillof. El gobernador debe administrar simultáneamente el enojo de los usuarios, la necesidad de sostener inversiones, la presión de las distribuidoras y una interna política que convierte cada incidente en munición. El fuego se apagó en Tolosa. El ruido alrededor del negocio eléctrico bonaerense, en cambio, recién tomó temperatura.




