La Selección firmó con una marca brasileña en plena crisis del sector yerbatero local. Productores hablan de una “señal equivocada” y apuntan a Tapia.
El mate, ese ritual que en Argentina funciona casi como un documento de identidad, se metió de lleno en una polémica inesperada. La AFA decidió sumar como sponsor a una yerba de origen brasileño y la reacción no tardó en llegar: productores locales, en plena crisis, estallaron de bronca.
El anuncio fue oficial. La Asociación del Fútbol Argentino presentó a Baldo, una yerba “de estándar brasileño”, como nuevo patrocinador de la Selección. La marca se sumó al ecosistema comercial que rodea a la Scaloneta, hoy uno de los activos más codiciados del marketing deportivo.
Pero el timing no pudo ser peor. El sector yerbatero argentino atraviesa un momento delicado, con precios deprimidos para el productor y tensiones en toda la cadena. En ese contexto, la imagen de los campeones del mundo tomando mate con una marca extranjera cayó como una provocación.
“Es una señal muy negativa”, subrayó una fuente del sector. La crítica no es solo simbólica. En las provincias productoras, como Misiones y Corrientes, la yerba mate es economía real: empleo, industria y arraigo territorial.
La bronca se amplificó en redes y en los medios. Productores y dirigentes del sector cuestionaron que la AFA elija asociarse con una empresa brasileña cuando la industria local enfrenta dificultades para sostener precios y rentabilidad. El contraste es evidente: mientras el campo reclama respaldo, la Selección exporta otra postal.
Detrás de la decisión aparece, como siempre, la lógica comercial. La AFA viene expandiendo su cartera de sponsors con acuerdos globales y regionales, aprovechando el envión de la copa mundial. En ese esquema, la procedencia del producto parece quedar en segundo plano frente a la oportunidad de negocio.
Sin embargo, el ruido político y económico es inevitable. El mate no es una bebida más. Es un símbolo cultural que, en este caso, se cruzó con la sensibilidad de un sector golpeado. Y ahí la jugada dejó de ser solo marketing para convertirse en un problema.
La escena es potente: la Selección más exitosa de los últimos años, emblema de identidad nacional, asociada a una yerba importada justo cuando los productores locales piden aire. Un detalle que, en otro contexto, pasaría desapercibido, pero que hoy expone una desconexión difícil de disimular.




