En medio de la crisis y los aumentos, las conversiones a GNC se dispararon hasta 40% en un mes. El ajuste se siente en el surtidor y cambia el mapa del parque automotor.
La postal es cada vez más frecuente. Talleres llenos. Turnos demorados. Autos esperando para colocar equipos de gas. En plena suba de la nafta y con el bolsillo en tensión, el GNC volvió a escena con fuerza.
El dato es contundente. Según registros del sector, las conversiones crecieron hasta un 40% en el último mes. No es un movimiento marginal. Es un salto abrupto que refleja una decisión económica concreta: bajar el costo diario de moverse.
El disparador es claro. La nafta subió un 25% desde que se desató el conflicto bélico en medio oriente y dejó de ser sostenible para amplios sectores. Cada ajuste en el surtidor impacta de inmediato en el gasto mensual. En ese contexto, el GNC aparece como la alternativa más barata dentro de lo posible.
El diferencial de precio sigue siendo el principal incentivo. Con brechas que pueden superar el 50% frente a los combustibles líquidos, el cálculo es rápido. En pocos meses, la inversión en el equipo se empieza a recuperar. Y en un escenario de ingresos deteriorados, esa ecuación pesa.
El fenómeno no es nuevo, pero la velocidad sí. El parque automotor argentino tiene una larga historia de migraciones hacia el gas en momentos de crisis. Pasó en los 90, se repitió tras la salida de la convertibilidad y vuelve ahora con características similares: caída del poder adquisitivo y suba sostenida de costos.
En los talleres lo explican sin vueltas. “La gente no viene por convicción, viene porque no llega”, dijo a este medio un instalador con años en el rubro. El comentario sintetiza el clima. No hay entusiasmo. Hay necesidad.
El aumento de la demanda también tensiona la oferta. Equipos, turnos y capacidad de instalación empiezan a quedar cortos. En algunos puntos del país, los plazos para convertir un vehículo ya se estiraron varias semanas. La urgencia choca con los límites del sistema.
Al mismo tiempo, el crecimiento del GNC reconfigura el uso del parque automotor. Más autos convertidos implican cambios en el consumo energético, en la demanda de estaciones y en la dinámica del transporte urbano. No es solo una decisión individual. Tiene efectos agregados.
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