domingo, 15 febrero 2026

Afirman que Cherñajosvky compró P&G gracias a lo beneficios del Régimen de Tierra del Fuego

El empresario Rubén Cherñajovsky, que fabrica electrónica y electrodomésticos Noblex, Atma y Philco, adquirió recientemente el cien por ciento de las acciones de Procter & Gambele. La multinacional de Estados Unidos se fue del país por las condiciones macroeconómicos, según explicó.

Esto se convirtió en una oportunidad para el líder del grupo Newsan, que ahora operará con las marcas Always, Gillete, Head & Shoulders, Oral-B, Pampers y Pantene, entre otras. Ahora Newsan tendrá su desembarco en el mundo del consumo masivo.

El empresario es uno de los principales beneficiarios del régimen de beneficios fiscales de Tierra del Fuego. Se trata de una ley implementada en 1972 para la promoción de la industria fueguina. Ésta fue aplazada por Alberto Fernández mediante el decreto 727/2021 hasta el año 2053 y la Cámara de Diputados lo convalidó en la Ley de Presupuesto que se trató en 2022.

La reforma establece beneficios fiscales como la liberación de pago del Impuesto al Valor Agregado (IVA) en compras y ventas, la exención de Ganancias y de aranceles a la importación. Además, también el pago de alícuotas en Impuestos Internos (6,5%) para productos alcanzados por una alícuota del 17%.

¿La adquisición de P&G se financió con el régimen fueguino? El diputado del PRO Nicolás Massot respondió a esta pregunta. El legislador negó que directamente sea así y destacó que el grupo Newsan opera hace mucho en la isla. “Directamente por supuesto que no. Indirectamente lo compró un grupo que opera en la isla hace mucho”, justificó en diálogo con Mosca.

Cherñajovsky, tiene un vínculo estrecho con Daniel Scioli, hoy funcionario de Javier Milei. Ahora contará con la operación de marcas que por su gran consumo generan ventas por US$ 85.000 millones.

Compartir

Publicidad

Publicidad

Publicidad

Publicidad
Publicidad
Publicidad

Te puede interesar
TAMBIÉN

El servicio de limpieza de Salto Grande y la trama que conecta a Reidel, el PRO y una empresa que se repite

La misma estructura empresaria señalada en la polémica por contrataciones en Nucleoeléctrica aparece como proveedora en la represa binacional. Detrás del servicio de limpieza, una red de sociedades, vínculos políticos y contratos que vuelven a cruzar energía, negocios y poder

El hombre que no habla: Ignacio Devitt, el silencioso de la mesa política del gobierno

El hombre que no habla: Ignacio Devitt, el silencioso de la mesa chica que cuidó la reforma laboral En la política argentina siempre hay un personaje que no sale en las fotos pero aparece en todas las decisiones. En el Gobierno de Javier Milei, ese lugar lo ocupa Ignacio Devitt. Secretario de Asuntos Estratégicos, nombre técnico para una función política muy concreta: ordenar, monitorear y asegurarse de que las cosas sucedan sin ruido. Mientras otros discutían en público, él contaba votos en privado. Devitt es, probablemente, el menos conocido de la mesa política que siguió de cerca la aprobación de la reforma laboral. Una mesa heterogénea, donde conviven estilos y roles muy distintos. Karina Milei como vértice del poder real, obsesiva del control político. Manuel Adorni como vocero y escudo mediático. Martín y “Lule” Menem como operadores parlamentarios con oficio heredado. Y, detrás de todos ellos, Devitt, el funcionario que aparece cuando hay que cerrar. En un gobierno donde la visibilidad suele ser sinónimo de influencia, Devitt construyó exactamente lo contrario. Su capital político es la discreción. No polemiza, no filtra, no declara. En la Casa Rosada lo describen como un organizador. Alguien que traduce decisiones políticas en secuencias operativas. Quién llama a quién. Cuándo se negocia. Cuándo se espera. Y, sobre todo, cuándo no hablar. La reforma laboral fue su primera gran prueba. No por el contenido del proyecto, sino por la ingeniería política necesaria para que avanzara en un Congreso fragmentado y con aliados inestables. Mientras Adorni explicaba el rumbo en conferencias y los Menem tejían acuerdos legislativos, Devitt seguía el minuto a minuto del tablero. Su tarea era evitar sorpresas. En un oficialismo con pocos votos propios, eso equivale a evitar accidentes. En ese esquema, el secretario de Asuntos Estratégicos cumple un rol que en otros gobiernos ocupaban jefes de Gabinete o ministros políticos. Pero con una diferencia: sin estructura propia ni exposición pública. Su poder no surge del cargo sino de la confianza directa del círculo más cerrado del Gobierno, especialmente de Karina Milei, que privilegia perfiles ejecutivos antes que figuras con vuelo propio. El resultado es un funcionario difícil de encasillar. No viene del armado territorial ni del mundo mediático. Tampoco del sindicalismo o la rosca clásica. Su perfil encaja mejor en la lógica empresarial que Milei intenta trasladar al Estado: menos discurso, más ejecución. En la práctica, alguien que verifica que las órdenes se cumplan. En los pasillos del Congreso lo describen con una mezcla de curiosidad y alivio. Curiosidad porque pocos lo conocen realmente. Alivio porque, a diferencia de otros interlocutores del oficialismo, no suele sobreactuar posiciones ideológicas. Escucha, toma nota y vuelve con respuestas. En tiempos de política performática, ese estilo casi administrativo resulta exótico. La paradoja es que cuanto menos aparece, más crece su influencia. La aprobación de la reforma laboral consolidó una mesa política donde cada uno cumple un rol preciso: Karina decide, Adorni comunica, los Menem negocian y Devitt ordena. Un reparto de funciones que explica, en parte, cómo un gobierno sin mayoría propia logró avanzar con una de sus reformas más sensibles. En la Casa Rosada lo resumen con una frase simple: cuando el tema es delicado, aparece Devitt. Y cuando aparece Devitt, es porque alguien ya hizo las cuentas.

Radicales en modo doble discurso: rechazo mediático, voto afirmativo en el recinto

El bloque radical había marcado diferencias con la eliminación del régimen vinculado al estatuto del periodista, pero en el recinto acompañó el proyecto. El giro dejó expuesta la tensión entre el discurso público y la estrategia parlamentaria.