miércoles, 4 noviembre 2026

El banco de Peña se derrumba y Cartes acecha: Paraguay al borde de una crisis política

La intervención de Ueno Bank dejó a millones de paraguayos en la incertidumbre y puso bajo sospecha el manejo de los fondos jubilatorios. El escándalo amenaza al presidente Santiago Peña en medio de su disputa con Horacio Cartes por el control del Partido Colorado.

El banco que creció al calor del poder político paraguayo terminó convertido en una amenaza para el gobierno que acompañó su expansión. Ueno Bank, la entidad digital que llegó a concentrar millones de usuarios, fue intervenida por el Banco Central por problemas de solvencia. La crisis dejó a sus clientes en la incertidumbre, provocó la detención de directivos y abrió un frente judicial que golpea directamente al presidente Santiago Peña.

La historia de Ueno es también la historia de un crecimiento financiero difícil de explicar sin mirar sus relaciones con el poder. Refundado en 2021 bajo el control del Grupo Vázquez, el banco desplegó una política comercial de una agresividad poco habitual. Reintegros de hasta el 40%, créditos baratos, escasas barreras de ingreso y una aplicación que permitió incorporar a trabajadores informales y pequeños comerciantes que hasta entonces permanecían fuera del sistema bancario.

El resultado fue una expansión vertiginosa. La entidad llegó a promocionarse con una consigna que resumía su penetración en la economía paraguaya: dos de cada tres habitantes utilizaban Ueno. La bancarización avanzaba a una velocidad extraordinaria. Lo que nadie terminaba de explicar era cómo se financiaba semejante generosidad comercial.

Con la llegada de Santiago Peña a la presidencia en 2023, Ueno consolidó su condición bancaria. Al año siguiente absorbió Banco Visión, una operación que le permitió incorporar una red territorial de sucursales y multiplicar su presencia física. El grupo empresario también avanzó sobre otros sectores mediante compañías vinculadas al turismo, la tecnología y la movilidad.

Pero el negocio más sensible llegó desde el Estado. El Instituto de Previsión Social (IPS), encargado de administrar los recursos jubilatorios y sanitarios de Paraguay, colocó fondos en Ueno. La entidad privada consiguió así una posición privilegiada en la administración de recursos públicos. Los depósitos del IPS y de otros organismos estatales terminaron convertidos en uno de los aspectos más delicados de la crisis.

La relación entre Ueno y el presidente paraguayo nunca fue un secreto. Peña mantuvo una participación comercial en el grupo empresario hasta 2025. Federico Miguel Vázquez Villasanti, principal referente de Ueno, quedó bajo sospecha por su proximidad al mandatario. El informe de situación que circula sobre la crisis sostiene incluso que Vázquez habría actuado como testaferro de Peña. Se trata de una acusación que no está acreditada judicialmente, pero que revela la gravedad de los cuestionamientos que rodean al gobierno.

La madrugada del 3 de noviembre marcó el quiebre. El Banco Central del Paraguay anunció la intervención de Ueno por falta de solvencia. Según el informe, los encajes de la entidad habían caído por debajo del mínimo legal. La medida paralizó operaciones y dejó a una enorme cantidad de clientes sin acceso normal a sus recursos.

El problema excede a los grandes depositantes. Buena parte de los usuarios de Ueno pertenece a los sectores informales de la economía, pequeños comerciantes y trabajadores que concentraban sus ingresos y pagos en la aplicación. Para ellos, el congelamiento de los fondos no representa una pérdida financiera abstracta. Significa la imposibilidad de pagar proveedores, comprar mercadería o disponer del dinero necesario para sostener sus actividades cotidianas.

Las autoridades anunciaron mecanismos de restitución y una cobertura inicial de hasta 10 millones de guaraníes por usuario. Pero el tamaño de la entidad y la exposición de los fondos públicos multiplicaron las dudas sobre el alcance de la crisis. El banco que había prometido democratizar el acceso al sistema financiero terminó dejando a sus clientes frente a la posibilidad de perder el acceso a sus ahorros.

La investigación judicial agregó combustible al incendio político. La Fiscalía avanzó contra la conducción del banco, entre ellos Federico Vázquez y Juan Manuel Gustale Cardoni. También quedaron involucrados otros directivos y responsables de la administración de la entidad. Los investigadores buscan determinar el destino de los fondos, las operaciones realizadas con empresas vinculadas y las eventuales responsabilidades penales.

El escándalo también alcanzó al Banco Central. Peña pidió la renuncia de su presidente, Carlos Carvallo, quien había ocupado posiciones directivas en Ueno antes de asumir al frente del organismo regulador. La salida dejó planteada una pregunta que atraviesa toda la crisis: cómo pudo crecer de manera tan acelerada una entidad financiera cuyos problemas de solvencia terminaron obligando a su intervención.

Sin embargo, el verdadero alcance del derrumbe puede estar en la política. La crisis de Ueno se desarrolla en medio de las tensiones entre Santiago Peña y Horacio Cartes, el expresidente que conserva una influencia decisiva sobre el Partido Colorado. Peña llegó al poder bajo el padrinazgo de Cartes, pero la relación se habría deteriorado por diferencias en el ejercicio del gobierno y en la disputa por la sucesión presidencial de 2028.

Uno de los puntos de fricción sería la candidatura del vicepresidente Pedro Alliana. Según el informe sobre la crisis, Peña busca posicionarlo como sucesor, mientras Cartes no habría acompañado esa estrategia. La disputa abrió una grieta dentro del oficialismo paraguayo, donde el control del partido, el gobierno y los negocios constituye una trama difícil de separar.

En ese contexto, la intervención de Ueno adquiere otra dimensión. El informe plantea la hipótesis de que las irregularidades financieras eran conocidas por las autoridades y que quedaron expuestas cuando se quebró el equilibrio político entre Peña y Cartes. Esa interpretación no está demostrada, pero coloca una pregunta en el centro de la escena: si los problemas del banco venían de antes, ¿por qué el sistema de controles actuó recién cuando la entidad estaba al borde del colapso?

La oposición ya busca transformar la crisis bancaria en una crisis institucional. Legisladores paraguayos impulsan denuncias contra Peña y Alliana y preparan un pedido de juicio político. La ofensiva apunta tanto a las relaciones del presidente con el grupo empresario como a las responsabilidades de los funcionarios que permitieron su expansión.

Para Cartes, el escándalo podría modificar la correlación de fuerzas dentro del Partido Colorado. El expresidente conserva una estructura política propia y capacidad de influencia sobre la dirigencia oficialista. El debilitamiento de Peña amenaza con dejar al mandatario sin margen para imponer su sucesión y fortalecer a quienes disputan el control del partido.

Paraguay enfrenta así una crisis que combina tres dimensiones explosivas: la fragilidad de una entidad financiera que había conseguido una penetración extraordinaria en la economía, la exposición de los recursos públicos y una pelea por el poder dentro del partido que gobierna el país desde hace décadas.

El interrogante ya no se limita al destino de Ueno Bank. También alcanza a la continuidad política de Santiago Peña y al futuro del oficialismo paraguayo.

El banco que debía representar la modernización financiera de Paraguay terminó exhibiendo una vieja lógica regional: cuando los negocios crecen protegidos por el poder, su derrumbe puede arrastrar a quienes los protegieron. Y en esa disputa, Horacio Cartes espera su oportunidad.

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