Alberto Fernández volvió a la escena política con una frase que cayó como una bomba dentro del peronismo. En una entrevista con Diego Schurman en Radio Del Plata, dio por muerto al kirchnerismo. Consultado sobre si había terminado “el tiempo de lo que se conoció como el kirchnerismo”, respondió: “Me parece que es un tiempo que se va agotando”.
La declaración no proviene de un observador externo. La hizo quien llegó a la Casa Rosada de la mano de Cristina Kirchner y terminó protagonizando uno de los gobiernos con mayores niveles de conflicto interno desde el regreso de la democracia. Durante cuatro años, la disputa entre el Presidente y su vicepresidenta marcó el ritmo de la gestión, con renuncias, cartas públicas, cuestionamientos cruzados y una coalición que terminó fracturada.
Por eso, la frase también puede leerse como un balance de su propia experiencia. Fernández pareció firmar el certificado de defunción del espacio político que lo llevó al poder, pese a que buena parte del peronismo sigue orbitando alrededor de Cristina Kirchner.
La afirmación, además, contrasta con algunos relevamientos recientes. Mientras el oficialismo celebra la mejora de Javier Milei, distintos estudios muestran que Cristina mantiene un núcleo duro competitivo y que su figura recuperó centralidad política desde su condena y prisión domiciliaria. Incluso hay sondeos que la ubican entre los dirigentes opositores con mayor nivel de adhesión y otros que registran un repunte de su liderazgo dentro del peronismo.
Más allá de las diferencias entre consultoras, el dato político es otro: Cristina sigue ordenando buena parte de la discusión opositora. Su nombre continúa siendo el principal punto de referencia del peronismo, tanto para quienes buscan sostener su liderazgo como para quienes intentan construir una etapa posterior.
En ese contexto, la sentencia de Alberto Fernández parece más una toma de posición que una descripción objetiva del escenario.




