jueves, 8 octubre 2026

Quirno prohibió a los funcionarios de Cancillería asistir al festejo de la Independencia en la Embajada de Brasil

El canciller Pablo Quirno dio la orden de que los funcionarios de la Cancillería argentina no asistieran a la celebración por el Día de la Independencia de Brasil organizada por la embajada brasileña en Buenos Aires.

La instrucción alcanzó a los diplomáticos y funcionarios que habitualmente participan de este tipo de recepciones, una práctica protocolar bastante elemental entre países que mantienen relaciones diplomáticas y, mucho más, entre dos socios de la dimensión de Argentina y Brasil.

La decisión llamó la atención en el Palacio San Martín porque Brasil no es un vínculo más para la Argentina. Es uno de sus principales socios comerciales, comparte el Mercosur y la relación bilateral atraviesa prácticamente toda la agenda económica, energética y política de la región.

El gesto de Quirno adquiere además otra dimensión por el momento en que se produce. La relación personal entre Javier Milei y Luiz Inácio Lula da Silva nunca logró salir del congelador. Los cruces ideológicos del Presidente argentino con Lula contaminaron desde el comienzo una relación que históricamente los gobiernos de ambos países intentaron preservar de sus diferencias políticas.

La prohibición de asistir al festejo brasileño parece ir exactamente en la dirección contraria a cualquier intento de descomprimir esa tensión. En diplomacia, donde hasta una silla vacía comunica, ordenar una ausencia colectiva difícilmente pueda presentarse como una cuestión administrativa.

El episodio se conoce, además, mientras algunos sectores de la política argentina intentan reconstruir puentes con Brasilia. Nicolás Massot organizó un viaje de diputados de distintos espacios políticos a Brasil con la intención de recomponer el vínculo político con el gobierno de Lula después de los ataques y descalificaciones de Milei.

La jugada de Quirno deja así una escena bastante particular: mientras legisladores argentinos buscan reparar en Brasilia los daños provocados por la confrontación presidencial, la propia Cancillería ordena a sus funcionarios ausentarse de una de las celebraciones institucionales más importantes de la embajada brasileña.

La señal también resulta difícil de separar de la estrategia internacional de Milei, que convirtió las afinidades ideológicas en uno de los criterios centrales de su política exterior. El problema es que Brasil no puede reducirse a la relación entre Milei y Lula: detrás están el comercio bilateral, las inversiones, la industria automotriz, la energía y el Mercosur.

Por eso, dentro del mundo diplomático la pregunta no pasa solamente por el faltazo. Lo que queda por saber es si Quirno tomó la decisión como una señal puntual hacia la administración de Lula o si la ausencia en el festejo brasileño anticipa un nuevo endurecimiento de la relación con el principal socio de la Argentina.

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