La Ruta 151 es la principal vía de acceso al corazón petrolero, pero parece un campo minado. Río Negro agotó las gestiones con Nación y ahora prepara la ofensiva judicial para quedarse con el control de un corredor estratégico.
La postal se volvió viral este fin de semana. Camiones zigzagueando entre pozos gigantes sobre la Ruta Nacional 151, en Río Negro, mientras en las redes se multiplicaban las ironías sobre “obra pública cero”. La escena tiene algo más que valor simbólico: por ese corredor circula buena parte de la logística que alimenta el desarrollo de Vaca Muerta.
La Ruta 151 conecta Cipolletti con La Pampa y atraviesa una de las zonas neurálgicas de la actividad hidrocarburífera. Es el camino por donde pasan equipos, insumos, arena, caños y miles de trabajadores vinculados al shale. Su deterioro dejó de ser un problema vial para convertirse en un cuello de botella para una de las principales apuestas económicas del Gobierno nacional.
En Río Negro sostienen que ya no queda margen para esperar. La Fiscalía de Estado confirmó que la provincia “agotó todas las instancias” administrativas con el Gobierno nacional y que sólo resta avanzar por la vía judicial para exigir que Nación cumpla con sus obligaciones sobre la ruta. La decisión llega después de reiterados reclamos por el estado crítico del corredor y la falta de respuestas concretas.
Mientras tanto, el gobierno de Alberto Weretilneck ya trabaja en un plan alternativo. La idea es negociar el traspaso de las rutas nacionales 22 y 151 a la órbita provincial junto con un esquema de financiamiento que permita ejecutar las obras. En total son 560 kilómetros de corredores estratégicos cuyo mantenimiento hoy depende de Vialidad Nacional. El desafío, claro, es quién pone los recursos para recuperar una infraestructura cuyo deterioro se aceleró durante los últimos años.
La discusión excede el asfalto. La Ruta 151 se transformó en una pieza clave para el desarrollo energético de la Patagonia. A medida que crece la producción de Vaca Muerta y avanzan proyectos como el oleoducto Vaca Muerta Sur hacia Punta Colorada, la necesidad de contar con corredores logísticos confiables se vuelve cada vez más evidente. Cada demora impacta sobre costos, tiempos y seguridad.
En la Casa de Gobierno rionegrina admiten en reserva que la situación ya es insostenible. “No podemos esperar a que ocurra una tragedia para recién ahí discutir quién tiene la competencia”, resumió una fuente provincial. El diagnóstico es que la infraestructura quedó desalineada con la velocidad a la que crece la actividad petrolera.
La paradoja no pasa inadvertida. El Gobierno nacional convirtió a Vaca Muerta en la gran promesa de generación de dólares, pero la principal ruta de acceso a uno de sus corredores productivos más importantes se deshace bajo las ruedas de los camiones. En Río Negro creen que esa contradicción ya dejó de ser un problema político para transformarse en un riesgo económico.
Por eso la provincia decidió cambiar de estrategia. Si Nación no invierte, buscará quedarse con el control de las rutas y reclamar judicialmente los fondos necesarios para ponerlas en condiciones.




