La definición del ministro de Desregulación aparece en un artículo publicado este jueves por el Financial Times sobre el experimento de apertura comercial de Javier Milei.
“Creemos que es bueno que la fábrica haya cerrado”, afirmó Sturzenegger. El ministro justificó su posición al señalar que Fate ejerció durante décadas presión política para mantener los neumáticos en la Argentina a valores que, según dijo, triplicaban los precios internacionales.
La frase tiene una carga particular porque Fate cerró en febrero después de más de ocho décadas de actividad y dejó sin trabajo a 920 empleados. La empresa, propiedad de la familia Madanes Quintanilla, atribuyó la decisión a un cóctel de pérdida de competitividad, caída de la demanda y cambios en las condiciones de mercado provocados por la apertura comercial. También arrastraba un prolongado conflicto con el sindicato del neumático.
El Financial Times eligió justamente la planta cerrada como símbolo del cambio de modelo que impulsa Milei. La apuesta oficial consiste en dejar de sostener industrias orientadas al mercado interno y trasladar el centro de gravedad hacia sectores exportadores como petróleo, gas, minería y agro.
Sturzenegger incluso puso números y geografía a esa transformación. Calculó que en las próximas tres décadas unos cuatro millones de personas podrían abandonar el área metropolitana de Buenos Aires: dos millones se desplazarían hacia las zonas petroleras y gasíferas de la Patagonia y otros dos millones hacia las provincias mineras del norte.
La idea del Gobierno es que el proceso funcione a la inversa de la industrialización del siglo pasado, cuando millones de argentinos migraron desde las provincias hacia el Gran Buenos Aires detrás del empleo fabril. Para Sturzenegger, la apertura y el crecimiento exportador podrían producir ahora el recorrido contrario.
El problema es el mientras tanto. Según los datos citados por el diario británico, desde fines de 2023 cerraron alrededor de 3.400 empresas manufactureras y se perdieron más de 240 mil empleos formales. Industria, construcción y comercio aparecen entre los sectores más golpeados, mientras avanzan las inversiones vinculadas con recursos naturales.
El presidente de la UIA, Martín Rappallini, cuestionó precisamente esa selección de ganadores y perdedores. Planteó que no puede hablarse de liberalismo si un funcionario determina qué sectores tienen futuro y cuáles deben desaparecer, y reclamó condiciones equivalentes para competir antes de dejar que sea el mercado el que decida.
Milei también defendió el cierre de Fate con una cuenta particularmente cruda. Dijo que, desde una mirada utilitarista, hay 47 millones de argentinos que se benefician de neumáticos más baratos frente a 920 trabajadores perjudicados, aunque admitió que el resultado no necesariamente sea justo para quienes perdieron su empleo.
La discusión, entonces, excede a una fábrica de neumáticos. Para Sturzenegger, Fate no es una víctima indeseada del modelo: es parte de la transformación que el Gobierno considera necesaria. Y esta vez el ministro decidió decirlo sin demasiados amortiguadores.






