El oficialismo daba por hecho que la oposición conseguiría los números para sesionar por morosidad y discapacidad y cambió de estrategia: en lugar de vaciar el recinto, decidió bajar. Busca controlar una derrota que ya no puede impedir. “Como sabe que pierde, el Gobierno se sienta primero”, afirmo un diputado de un bloque aliado.
La Libertad Avanza estrenó este miércoles una modalidad parlamentaria bastante particular: dar quórum para una sesión que no quiere que ocurra.
El oficialismo llegó a Diputados con la certeza de que la oposición tenía los votos necesarios para abrir una sesión incómoda para Javier Milei. En el temario aparecen dos asuntos que el Gobierno preferiría mantener lejos del recinto: la emergencia en discapacidad y distintas iniciativas para enfrentar el crecimiento de la morosidad de las familias.
Hasta ahora, la receta libertaria frente a una sesión adversa era bastante sencilla. No bajar, contar ausencias y esperar que la oposición se quedara a uno o dos diputados del número mágico. Esta vez las cuentas dieron tan mal que el Gobierno decidió cambiar de deporte.
Fuentes parlamentarias daban por descontado que la oposición llegaría al quórum aun sin la colaboración libertaria. Ante ese escenario, el oficialismo resolvió ocupar sus bancas y tratar de conducir desde adentro una sesión que no podía desactivar.
La primera maniobra había sido otra. La Libertad Avanza intentó activar las comisiones de Finanzas y Discapacidad para quitarle combustible a la convocatoria opositora. El objetivo era mostrar que los temas ya estaban siendo tratados y evitar la sesión. La jugada no alcanzó.
El cambio tiene una explicación bastante terrenal. Cuando el adversario tiene quórum propio, quedarse mirando la sesión por televisión deja de ser una estrategia. El Gobierno necesita diputados adentro para discutir el procedimiento, estirar los tiempos, disputar cada votación y, sobre todo, evitar que la oposición maneje sola el recinto.
Pero también expone el deterioro del mecanismo que Milei utilizó durante buena parte de su paso por el Congreso: gobernar la minoría administrando las ausencias ajenas.
El problema es que ahora las ausencias empiezan a escasear. Los bloques dialoguistas que durante mucho tiempo funcionaron como una reserva parlamentaria del Gobierno muestran cada vez menos disposición a pagar el costo de bloquear debates sensibles. La discapacidad ya le provocó derrotas al oficialismo y el endeudamiento de las familias se convirtió en un problema político difícil de esconder.
La morosidad, además, dejó de ser una discusión abstracta entre economistas. Casi la mitad de los argentinos tiene algún tipo de deuda y más de cinco millones registran atrasos. Entre los menores de 25 años, la tasa de mora llega al 37,6%.
El Congreso tiene en discusión alrededor de 50 iniciativas vinculadas con el problema de las deudas, mientras Milei sostiene que se trata de obligaciones privadas en las que el Estado no debería intervenir.
Por eso la escena parlamentaria tiene una ironía difícil de evitar. Después de convertir durante años el quórum en un arma para impedir que sesionara la oposición, los libertarios descubrieron las virtudes de sentarse en sus bancas justo cuando comprendieron que nadie los necesitaba para arrancar.






