Durante marzo, en un espacio nuevo para fiestas en la Costanera Norte, se reunieron mil representantes del segmento en el Food Delivery Day. Allí, se respiraba un aire triunfalista en medio al crecimiento sostenido y con buenos resultados de las dark kitchens.
Estuvieron presente miembros de marcas como Rappi, Atomic Kitchnes, las hamburgueserías Williamsburg y Mercado Libre para debatir sobre “la última milla”, las “dark kirchners” y problemas que afectan a los usuarios.
Se trata de la primera vez que se reunía el sector y se da en tiempos en el que el negocio de delivery en el país se transformó en el pilar fundamental del consumo moderno. En esa lógica se combinan las tradiciones locales de décadas con un negocio global que se instaló fuerte con las apps de pedido a domicilio.
Fue tal el crecimiento que el gigante Mercado Libre también se coló en este ámbito con “Pedí comida”, además del regreso de UberEats, para dar competencia contra PedidosYa y Rappi.
El fenómeno de las aplicaciones de delivery no se da solo en Argentina, es mundial. Se estima que el mundo mueve unos 500 mil millones de dólares anuales. En nuestro país, se cree que consumen entre 1,5 y 2,5 millones de usuarios por día y que 70 mil empresas forman parte del ecosistema de locales y proveedores de estas.
Por este motivo, en la Argentina el modelo dark kirchner y las cocinas únicamente pensadas para delivery crecieron de forma impresionante. Si bien es un sistema que aún está en pañales, esta modalidad permite reducir el costo de inversión en un 40-60% frente a un restaurante tradicional.
Se trata de locales sin salón que se encuentran en puntos de alta densidad logística y tienen como prioridad la velocidad de entrega. De este tipo se encuentran marcas de pizza y fast food.




