jueves, 18 junio 2026

Censura sin grieta: el senado bonaerense también impide el acceso a la prensa

Con la Rosada cerrada y el Senado blindado, Nación y Provincia exponen una práctica compartida. Cambian los discursos, no la lógica.

La foto de la semana es fuerte. Periodistas afuera de la Casa Rosada, trabajando desde bares, sin sala de prensa y con acreditaciones suspendidas. Pero la escena no es exclusiva del Gobierno nacional. Del otro lado de la General Paz, el Senado bonaerense ya había mostrado un anticipo de esa lógica.

La decisión del gobierno de Javier Milei fue tajante. La Casa Militar y Presidencia suspendieron el ingreso de todos los periodistas acreditados y cerraron la sala de prensa. La medida fue presentada como “preventiva”. En la práctica, implicó un cierre total del acceso a la cobertura diaria dentro de la sede de gobierno.

El detonante fue un episodio puntual. Un equipo del canal TN grabó imágenes en pasillos y zonas de la Casa Rosada. A partir de ahí, el Ejecutivo habló de razones de seguridad nacional y deslizó acusaciones de espionaje. El propio Milei amplificó esa lectura en redes, con críticas duras contra los periodistas involucrados.

El impacto fue inmediato. Se dejaron sin efecto las credenciales habituales. Los cronistas quedaron en la calle. Literal. Muchos improvisaron coberturas desde cafés cercanos, armando una especie de redacción paralela a metros de la Rosada. Una postal inusual incluso para la dinámica política argentina.

Pero la historia no empieza ni termina ahí. En marzo, en la provincia de Buenos Aires, el Senado que conduce Verónica Magario ya había quedado bajo fuego. Durante los actos por el 24 de marzo, se denunció que se limitó el ingreso de periodistas al recinto. La medida fue definida por sectores de prensa como un “cepo informativo”.

La responsabilidad política apuntó a la conducción de la Cámara alta bonaerense, es decir, al esquema que responde a Axel Kicillof. El dato no es menor. Porque ocurre en un ámbito legislativo y en una fecha cargada de significado, donde el acceso a la información debería ser regla, no excepción.

El contexto también suma ruido. El Senado bonaerense venía atravesando semanas tensas, con investigaciones por presuntos abusos sexuales dentro de la estructura y debates sensibles como la reelección indefinida de legisladores. En ese clima, restringir la prensa no pasa desapercibido.

Ahí aparece el punto incómodo. La comparación ya no es forzada. Nación y Provincia, Milei y Axel, terminan replicando mecanismos similares cuando la agenda aprieta. Cambian los argumentos. Seguridad en un caso, organización institucional en otro. El resultado es el mismo: menos acceso.

“Cuando hay ruido adentro, lo primero que se ordena es la puerta”, graficó a Mosca un diputado de la oposición. La frase funciona como clave de lectura. No hace falta hablar de censura abierta para entender la dinámica.

La grieta, en este tema, se vuelve un decorado. Porque la práctica cruza a ambos lados. Ayer fue la Rosada. Hace semanas fue el Senado bonaerense. Y en los dos casos, la pregunta queda flotando: cuánto margen está dispuesto a ceder el poder cuando la prensa incomoda.

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