Debido a la caída de la venta minorista de aceite, la industria de ese sector se encuentra en grave estado. Con un consumo que se desploma un 10% anual, los empresarios decidieron que el 30% de lo producido sea exportado a granel, en lugar de gastar en la fragmentación y embotellamiento.
De esta manera, la industria aceitera aprovecha el buen precio del girasol en el exterior y, de las 6 millones de toneladas que se procesan, 4,5 se las lleva la exportación. De ese total, unos 3 millones se destinan al aceite y, como no se consumen en Argentina, se empiezan a exportar a La India.
A finales de 2025, la Bolsa de Comercio de Rosario elaboró un informe en el que detalló que la Argentina estaba experimentando un viento en cola en su papel como exportador de aceites vegetales. Contando soja y girasol, las mismas alcanzaron un récord de 7,12 Mt entre enero y noviembre de 2025, según estimaciones de INDEC y NABSA.
En paralelo a la caída del consumo en Argentina, la excelente performance productiva local se combina con los daños en la cosecha del Mar Negro para dar lugar a una demanda externa que va creciendo. A esto se debe sumar que la absorción cada vez mayor de aceites vegetales para la producción de biocombustibles.
Mientras el consumo está por el suelo en Argentina, fuentes del sector retail indicaron en las últimas horas que hubo listas con aumentos de precios de hasta 6% promedio. Empresarios de los alimentos bajo la Coordinadora de Productores de Alimentos (COPAL) venía con incrementos en torno con la inflación, pero el 3,4% de IPC de marzo generó un cimbronazo.
Por un lado, observan que la inflación va a ser sostenida entre el 2,5 y el 3,5 de aquí hasta finales de año, mientras que, por otro, notan que los costos vienen subiendo demasiado al igual que las tarifas que golpean la estructura productiva. Con los precios que necesitan para cubrir todo, el consumo caerá cada vez más.




