martes, 28 abril 2026

El peronismo esconde la mano: la estrategia para exponer a Adorni sin quedar pegados

Manuel Adorni llega al Congreso con la guardia alta. Pero el peronismo ya eligió cómo jugarle. No va a ir de frente. Va a empujar a otros al choque. Y en esa táctica, Marcela Pagano aparece como la pieza clave.

La estrategia es clara y, en el mundo legislativo, bastante conocida: que el golpe más incómodo no venga del peronismo. Que lo ejecute alguien que no pueda ser encasillado como oposición tradicional. En este caso, Pagano. Y también Esteban Paulón.

En el PJ lo dicen sin vueltas en privado: necesitan que Adorni se enganche con Pagano. Que la discusión derive hacia ese cruce. Que el jefe de Gabinete se concentre en responderle a ella. Y, sobre todo, que no pueda victimizarse frente al kirchnerismo.

El objetivo de fondo es más fino. Evitar que Adorni tenga la excusa perfecta para levantarse e irse del recinto denunciando una emboscada K. Ese movimiento —que en el oficialismo no descartan— sería funcional al Gobierno. Le permitiría correr del eje las denuncias patrimoniales y refugiarse en el discurso de la “casta”.

Por eso, el peronismo decidió correrse medio paso. No desaparecer. Pero sí dosificar la exposición. En lugar de encabezar los cuestionamientos, dejar que sean otros los que lleven la voz cantante.

Pagano viene cumpliendo ese rol. En medios y redes instaló el tema del supuesto enriquecimiento ilícito. Y en el Congreso se prepara para sostener esa línea. Paulón, por su parte, aporta volumen político desde otro lugar, pero con el mismo tono crítico.

“Son dos espadas que no son nuestras, pero que hoy están más enojadas con el Gobierno que nosotros”, admitió un operador peronista con acceso a la estrategia. La frase pinta el momento: el PJ aprovecha una oportunidad sin exponerse de más.

La jugada incluyó incluso una duda táctica. En algunos sectores del peronismo evaluaron no asistir a la sesión. La idea era no quedar atrapados en una escena que pudiera ser capitalizada por Adorni. Pero finalmente se descartó.

La conclusión fue que ausentarse también implicaba un riesgo. Le dejaban la cancha libre al oficialismo para victimizarse. Y podían quedar ellos como los que eluden el debate. “No hay que hacerle el juego ni por presencia ni por ausencia”, resumieron en un despacho.

Así, el peronismo irá al recinto. Pero con libreto. Sin sobreactuar. Dejando que Pagano y Paulón tensen la cuerda. Y esperando que Adorni cometa el error de personalizar el conflicto.

En el oficialismo ya lo intuyen. Por eso el jefe de Gabinete sigue de cerca cada intervención. Sabe que no todas las críticas son iguales. Y que algunas están diseñadas para hacerlo caer en una trampa.

La escena que se prepara en Diputados no es un choque frontal. Es algo más sutil. Un juego de espejos donde el peronismo busca golpear sin mostrarse. Y donde el riesgo para Adorni no es solo lo que le digan, sino a quién decide responderle.

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