domingo, 15 febrero 2026

Ultimátum de Macri a Milei: Mauricio se hartó de que Karina y Santi Caputo le frenen todo

El ex presidente se reunió con los senadores del PRO para discutir sobre el veto a la Ley de Financiamiento Universitario.

El ex presidente Mauricio Macri decidió no reunirse más a comer milanesas con el mandatario nacional, Javier Milei, porque cada acuerdo que alcanzaban se veía frenado por la oposición de la secretaria general de la Presidencia, Karina Milei, y el asesor Santiago Caputo, ambos enemistados con el titular del PRO.

“Hace rato que no hay milanesas”, le dijo Macri a los seis senadores del bloque PRO, a quienes invitó a su casa este jueves en Acassuso para discutir acerca del veto de Gobierno al aumento de los fondos universitarios.

En el cónclave estuvieron el titular de la bancada, Luis Juez, y los senadores Carmen Álvarez Rivero, Alfredo De Angeli, Andrea Cristina, Martin Goerling y María Victoria Huala. A estos se sumó la tucumana Beatriz Ávila, del Partido por la Justicia Social, mientras que Guadalupe Tagliaferri no pudo ir por un viaje que tenía.

En este contexto, el ala del PRO comandada por Macri parecería estar en el molde y ver qué jugada hace La Libertad Avanza para no dar un paso en falso. Esta decisión generó nerviosismo en el Gobierno, que sabe que no le darían los votos, diferente a lo que ocurrió con el veto a la reforma jubilatoria que terminó con el asado con los “87 héroes”. 

Desde el PRO coinciden que uno de los principios del partido es la educación púbica, por lo que se presume que no acompañarán al veto. De todos modos, por el momento no se expresaron al respecto y las siguientes reuniones, tanto de diputados como senadores, serán claves para ver qué postura adoptan.

Puntualmente, lo senadores que fueron a Acassuso esperarán la decisión que tomen los diputados luego de la reunión de su bloque, que se llevará a cabo el próximo martes. Es que no quieren que pase como con el veto al aumento a las jubilaciones en el que de un momento a otro pasaron del rechazo a la aprobación.

Compartir

Publicidad

Publicidad

Publicidad

Publicidad
Publicidad
Publicidad

Te puede interesar
TAMBIÉN

El servicio de limpieza de Salto Grande y la trama que conecta a Reidel, el PRO y una empresa que se repite

La misma estructura empresaria señalada en la polémica por contrataciones en Nucleoeléctrica aparece como proveedora en la represa binacional. Detrás del servicio de limpieza, una red de sociedades, vínculos políticos y contratos que vuelven a cruzar energía, negocios y poder

El hombre que no habla: Ignacio Devitt, el silencioso de la mesa política del gobierno

El hombre que no habla: Ignacio Devitt, el silencioso de la mesa chica que cuidó la reforma laboral En la política argentina siempre hay un personaje que no sale en las fotos pero aparece en todas las decisiones. En el Gobierno de Javier Milei, ese lugar lo ocupa Ignacio Devitt. Secretario de Asuntos Estratégicos, nombre técnico para una función política muy concreta: ordenar, monitorear y asegurarse de que las cosas sucedan sin ruido. Mientras otros discutían en público, él contaba votos en privado. Devitt es, probablemente, el menos conocido de la mesa política que siguió de cerca la aprobación de la reforma laboral. Una mesa heterogénea, donde conviven estilos y roles muy distintos. Karina Milei como vértice del poder real, obsesiva del control político. Manuel Adorni como vocero y escudo mediático. Martín y “Lule” Menem como operadores parlamentarios con oficio heredado. Y, detrás de todos ellos, Devitt, el funcionario que aparece cuando hay que cerrar. En un gobierno donde la visibilidad suele ser sinónimo de influencia, Devitt construyó exactamente lo contrario. Su capital político es la discreción. No polemiza, no filtra, no declara. En la Casa Rosada lo describen como un organizador. Alguien que traduce decisiones políticas en secuencias operativas. Quién llama a quién. Cuándo se negocia. Cuándo se espera. Y, sobre todo, cuándo no hablar. La reforma laboral fue su primera gran prueba. No por el contenido del proyecto, sino por la ingeniería política necesaria para que avanzara en un Congreso fragmentado y con aliados inestables. Mientras Adorni explicaba el rumbo en conferencias y los Menem tejían acuerdos legislativos, Devitt seguía el minuto a minuto del tablero. Su tarea era evitar sorpresas. En un oficialismo con pocos votos propios, eso equivale a evitar accidentes. En ese esquema, el secretario de Asuntos Estratégicos cumple un rol que en otros gobiernos ocupaban jefes de Gabinete o ministros políticos. Pero con una diferencia: sin estructura propia ni exposición pública. Su poder no surge del cargo sino de la confianza directa del círculo más cerrado del Gobierno, especialmente de Karina Milei, que privilegia perfiles ejecutivos antes que figuras con vuelo propio. El resultado es un funcionario difícil de encasillar. No viene del armado territorial ni del mundo mediático. Tampoco del sindicalismo o la rosca clásica. Su perfil encaja mejor en la lógica empresarial que Milei intenta trasladar al Estado: menos discurso, más ejecución. En la práctica, alguien que verifica que las órdenes se cumplan. En los pasillos del Congreso lo describen con una mezcla de curiosidad y alivio. Curiosidad porque pocos lo conocen realmente. Alivio porque, a diferencia de otros interlocutores del oficialismo, no suele sobreactuar posiciones ideológicas. Escucha, toma nota y vuelve con respuestas. En tiempos de política performática, ese estilo casi administrativo resulta exótico. La paradoja es que cuanto menos aparece, más crece su influencia. La aprobación de la reforma laboral consolidó una mesa política donde cada uno cumple un rol preciso: Karina decide, Adorni comunica, los Menem negocian y Devitt ordena. Un reparto de funciones que explica, en parte, cómo un gobierno sin mayoría propia logró avanzar con una de sus reformas más sensibles. En la Casa Rosada lo resumen con una frase simple: cuando el tema es delicado, aparece Devitt. Y cuando aparece Devitt, es porque alguien ya hizo las cuentas.

Radicales en modo doble discurso: rechazo mediático, voto afirmativo en el recinto

El bloque radical había marcado diferencias con la eliminación del régimen vinculado al estatuto del periodista, pero en el recinto acompañó el proyecto. El giro dejó expuesta la tensión entre el discurso público y la estrategia parlamentaria.