sábado, 14 febrero 2026

Pettovello en crisis: un enfrentamiento en el corazón del Gobierno libertario

La ministra de Capital Humano ya no puede disimular su furia contra Karina Milei y Santiago Caputo.

La ministra de Capital Humano, Sandra Pettovello, está desde hace unos meses en medio de una fuerte interna dentro del Gobierno. Pese a la confianza que le tiene el presidente Javier Milei por los años que se conocen, la funcionaria está en plena guerra con Karina Milei y Santiago Caputo, dos integrantes de LLA que toman decisiones claves para la gestión. 

Si bien la secretaria general de la Presidencia se mostró abrazada con Pettovello en el balcón de la Casa Rosada el martes, la realidad es que su relación está signada por las diferencias. La hermana del Presidente sospecha que la ministra fue parte de una operación dos de sus laderos: Lule y Martín Menem.

En concreto, cree que desde Capital Humano se ordenó la intervención de un abogado en el caso que se reveló en Telenueve investiga el fin de semana sobre la compra de Andis a la drogería Suizo Argentina de productos medicinales por casi $27 mil millones. Según el periodista Tomás Méndez, la empresa tiene vínculos estrechos con Martín Menem.

A su vez, el comunicador señaló que Lule Menem se comunicó con el director de Andis, Diego Spagnuolo, para decirle que avanzara con la contratación, algo que también habría hecho luego Martín.

Interna de Pettovello con Santiago Caputo 

Otro frente de interna de Pettovello es con Santiago Caputo, con quien está enemistada por creer que hizo una maniobra con el secretario de Políticas Universitarias, Alejandro “El Galleguito” Álvarez, para sacarle las áreas de Educación.

En las últimas horas, luego que la Justicia compartiera un informe que complica a Capital Humano por el estado de los alimentos que quedaron retenidos en depósitos, la ministra volvió a gritar y llorar en una reunión con sus asesores.

Según se supo, la Policía Federal encontró kilos y kilos de mercadería embadurnada en caca de gato. A su vez, en el lugar había mucho olor a orina del mismo animal. 

¡A mí no me va a meter presa Santiago Caputo!”, dijo Pettovello ante sus asesores.

Compartir

Publicidad

Publicidad

Publicidad

Publicidad
Publicidad
Publicidad

Te puede interesar
TAMBIÉN

El hombre que no habla: Ignacio Devitt, el silencioso de la mesa política del gobierno

El hombre que no habla: Ignacio Devitt, el silencioso de la mesa chica que cuidó la reforma laboral En la política argentina siempre hay un personaje que no sale en las fotos pero aparece en todas las decisiones. En el Gobierno de Javier Milei, ese lugar lo ocupa Ignacio Devitt. Secretario de Asuntos Estratégicos, nombre técnico para una función política muy concreta: ordenar, monitorear y asegurarse de que las cosas sucedan sin ruido. Mientras otros discutían en público, él contaba votos en privado. Devitt es, probablemente, el menos conocido de la mesa política que siguió de cerca la aprobación de la reforma laboral. Una mesa heterogénea, donde conviven estilos y roles muy distintos. Karina Milei como vértice del poder real, obsesiva del control político. Manuel Adorni como vocero y escudo mediático. Martín y “Lule” Menem como operadores parlamentarios con oficio heredado. Y, detrás de todos ellos, Devitt, el funcionario que aparece cuando hay que cerrar. En un gobierno donde la visibilidad suele ser sinónimo de influencia, Devitt construyó exactamente lo contrario. Su capital político es la discreción. No polemiza, no filtra, no declara. En la Casa Rosada lo describen como un organizador. Alguien que traduce decisiones políticas en secuencias operativas. Quién llama a quién. Cuándo se negocia. Cuándo se espera. Y, sobre todo, cuándo no hablar. La reforma laboral fue su primera gran prueba. No por el contenido del proyecto, sino por la ingeniería política necesaria para que avanzara en un Congreso fragmentado y con aliados inestables. Mientras Adorni explicaba el rumbo en conferencias y los Menem tejían acuerdos legislativos, Devitt seguía el minuto a minuto del tablero. Su tarea era evitar sorpresas. En un oficialismo con pocos votos propios, eso equivale a evitar accidentes. En ese esquema, el secretario de Asuntos Estratégicos cumple un rol que en otros gobiernos ocupaban jefes de Gabinete o ministros políticos. Pero con una diferencia: sin estructura propia ni exposición pública. Su poder no surge del cargo sino de la confianza directa del círculo más cerrado del Gobierno, especialmente de Karina Milei, que privilegia perfiles ejecutivos antes que figuras con vuelo propio. El resultado es un funcionario difícil de encasillar. No viene del armado territorial ni del mundo mediático. Tampoco del sindicalismo o la rosca clásica. Su perfil encaja mejor en la lógica empresarial que Milei intenta trasladar al Estado: menos discurso, más ejecución. En la práctica, alguien que verifica que las órdenes se cumplan. En los pasillos del Congreso lo describen con una mezcla de curiosidad y alivio. Curiosidad porque pocos lo conocen realmente. Alivio porque, a diferencia de otros interlocutores del oficialismo, no suele sobreactuar posiciones ideológicas. Escucha, toma nota y vuelve con respuestas. En tiempos de política performática, ese estilo casi administrativo resulta exótico. La paradoja es que cuanto menos aparece, más crece su influencia. La aprobación de la reforma laboral consolidó una mesa política donde cada uno cumple un rol preciso: Karina decide, Adorni comunica, los Menem negocian y Devitt ordena. Un reparto de funciones que explica, en parte, cómo un gobierno sin mayoría propia logró avanzar con una de sus reformas más sensibles. En la Casa Rosada lo resumen con una frase simple: cuando el tema es delicado, aparece Devitt. Y cuando aparece Devitt, es porque alguien ya hizo las cuentas.

Radicales en modo doble discurso: rechazo mediático, voto afirmativo en el recinto

El bloque radical había marcado diferencias con la eliminación del régimen vinculado al estatuto del periodista, pero en el recinto acompañó el proyecto. El giro dejó expuesta la tensión entre el discurso público y la estrategia parlamentaria.

Amor, poder y rumores: el romance que agitó los pasillos del Congreso

Chats, reproches y puertas que se cierran. El vínculo entre Nicolás Massot y Fernanda Ávila salió del ámbito privado y se transformó en un relato que recorre despachos y cafeterías del Congreso, donde la política y la vida íntima rara vez avanzan por caminos separados.