viernes, 13 febrero 2026

Circo en Diputados: sesión con acusaciones cruzadas y llantos

La diputada Cecilia Moreau apuntó en dos oportunidades contra Martin Menem. Por su parte, Lilia Lemoine confesó haber sido violada. Mientras que Silvana Giudici insistió con quitarle la jubilación de privilegio a Alberto

Diputados tuvo una jornada caliente, en una sesión que le dio media sanción al proyecto que amplía el registro de datos genéticos a todos los delitos. La iniciativa contó con 146 votos a favor, 87 en contra y 7 abstenciones.

La Libertad Avanza, el PRO, la Coalición Cívica, la UCR, Innovación Federal y Encuentro Federal le dieron luz verde al proyecto. Mientras que La Izquierda y Unión por la Patria fueron por el rechazo, aunque siete legisladores peronistas se abstuvieron. Entre ellos, Daniel Arroyo y Victoria Tolosa Paz.

Entre las intervenciones mas acaloradas estuvo las de Cecilia Moreau con Martin Menem. La diputada de Unión por la Patria le recriminó al titular de la Cámara Baja que la mire cuando pide la palabra y lo llamó “machirulo”. Esto provocó una mención del caso Alberto Fernández-Fabiola Yañez por parte del bloque de la Libertad Avanza.

Horas más tarde, Moreau volvió a cruzarlo al Menem tras reclamar una cuestión de privilegio para repudiar la visita del grupo de diputados libertarios a represores detenidos en el penal de Ezeiza. Ante los gritos y denuncias, volvieron a un cuarto intermedio para ordenar la sesión.

“El diputado Toniolli pidió una cuestión de privilegio por la visitar que ustedes le hicieron a los genocidas. Me da vergüenza formar parte de esta Cámara, no por ustedes que son lo que son, sino por las complicidades de aquellos que se dicen republicanos”, afirmó la legisladora.

Lemoine se largó a llorar luego de confesar haber sido víctima de violación

Otro de los episodios más sobresalientes fue la de la diputada Lilia Lemoine, que reveló durante la sesión en la que se debatía el proyecto para ampliar el Registro de Datos Genéticos que fue víctima de violación hace 18 años. Allí describió que todavía guarda una botella de agua como prueba genética que el presunto violador usó para tomar.

“Yo no sé si sirve o no sirve, pero cada vez que el registro no se implementaba, yo lloraba y me preguntaba por qué esta burocracia de mierda se pone del lado de los violadores”, dijo.

Giudici apuntó contra el bloque peronista por no mencionar la denuncia contra Alberto Fernández

La diputada del PRO Silvana Giudici hizo una cuestión de privilegio donde presentó un pedido para que se le quite la jubilación de privilegio a Alberto Fernández por la denuncia por presunta violencia de género a su ex pareja Fabiola Yañez.

Giudici reprochó que ninguna de las diputadas de la bancada peronista mencionó el caso. “Me gustaría que no tengamos una memoria selectiva para priorizar”. Y agregó: “Nadie comentó hasta ahora la urgencia de que esta Cámara trate una de las peores humillaciones que nos toca como argentinos de tener un ex presidente constitucional y democráticamente elegido golpeador, violento y sátrapa que nos encerró durante dos años mientras él estaba de fiesta en la Casa Rosada”.

Compartir

Publicidad

Publicidad

Publicidad

Publicidad
Publicidad
Publicidad

Te puede interesar
TAMBIÉN

El hombre que no habla: Ignacio Devitt, el silencioso de la mesa política del gobierno

El hombre que no habla: Ignacio Devitt, el silencioso de la mesa chica que cuidó la reforma laboral En la política argentina siempre hay un personaje que no sale en las fotos pero aparece en todas las decisiones. En el Gobierno de Javier Milei, ese lugar lo ocupa Ignacio Devitt. Secretario de Asuntos Estratégicos, nombre técnico para una función política muy concreta: ordenar, monitorear y asegurarse de que las cosas sucedan sin ruido. Mientras otros discutían en público, él contaba votos en privado. Devitt es, probablemente, el menos conocido de la mesa política que siguió de cerca la aprobación de la reforma laboral. Una mesa heterogénea, donde conviven estilos y roles muy distintos. Karina Milei como vértice del poder real, obsesiva del control político. Manuel Adorni como vocero y escudo mediático. Martín y “Lule” Menem como operadores parlamentarios con oficio heredado. Y, detrás de todos ellos, Devitt, el funcionario que aparece cuando hay que cerrar. En un gobierno donde la visibilidad suele ser sinónimo de influencia, Devitt construyó exactamente lo contrario. Su capital político es la discreción. No polemiza, no filtra, no declara. En la Casa Rosada lo describen como un organizador. Alguien que traduce decisiones políticas en secuencias operativas. Quién llama a quién. Cuándo se negocia. Cuándo se espera. Y, sobre todo, cuándo no hablar. La reforma laboral fue su primera gran prueba. No por el contenido del proyecto, sino por la ingeniería política necesaria para que avanzara en un Congreso fragmentado y con aliados inestables. Mientras Adorni explicaba el rumbo en conferencias y los Menem tejían acuerdos legislativos, Devitt seguía el minuto a minuto del tablero. Su tarea era evitar sorpresas. En un oficialismo con pocos votos propios, eso equivale a evitar accidentes. En ese esquema, el secretario de Asuntos Estratégicos cumple un rol que en otros gobiernos ocupaban jefes de Gabinete o ministros políticos. Pero con una diferencia: sin estructura propia ni exposición pública. Su poder no surge del cargo sino de la confianza directa del círculo más cerrado del Gobierno, especialmente de Karina Milei, que privilegia perfiles ejecutivos antes que figuras con vuelo propio. El resultado es un funcionario difícil de encasillar. No viene del armado territorial ni del mundo mediático. Tampoco del sindicalismo o la rosca clásica. Su perfil encaja mejor en la lógica empresarial que Milei intenta trasladar al Estado: menos discurso, más ejecución. En la práctica, alguien que verifica que las órdenes se cumplan. En los pasillos del Congreso lo describen con una mezcla de curiosidad y alivio. Curiosidad porque pocos lo conocen realmente. Alivio porque, a diferencia de otros interlocutores del oficialismo, no suele sobreactuar posiciones ideológicas. Escucha, toma nota y vuelve con respuestas. En tiempos de política performática, ese estilo casi administrativo resulta exótico. La paradoja es que cuanto menos aparece, más crece su influencia. La aprobación de la reforma laboral consolidó una mesa política donde cada uno cumple un rol preciso: Karina decide, Adorni comunica, los Menem negocian y Devitt ordena. Un reparto de funciones que explica, en parte, cómo un gobierno sin mayoría propia logró avanzar con una de sus reformas más sensibles. En la Casa Rosada lo resumen con una frase simple: cuando el tema es delicado, aparece Devitt. Y cuando aparece Devitt, es porque alguien ya hizo las cuentas.

Radicales en modo doble discurso: rechazo mediático, voto afirmativo en el recinto

El bloque radical había marcado diferencias con la eliminación del régimen vinculado al estatuto del periodista, pero en el recinto acompañó el proyecto. El giro dejó expuesta la tensión entre el discurso público y la estrategia parlamentaria.

Amor, poder y rumores: el romance que agitó los pasillos del Congreso

Chats, reproches y puertas que se cierran. El vínculo entre Nicolás Massot y Fernanda Ávila salió del ámbito privado y se transformó en un relato que recorre despachos y cafeterías del Congreso, donde la política y la vida íntima rara vez avanzan por caminos separados.