Paraguay consiguió el grado de inversión y se convirtió en un símbolo de estabilidad, objetivo que persigue Caputo. Pero el derrumbe de Ueno desató una crisis que terminó con la renuncia del presidente. Las agencias de riesgo, bajo la lupa.
Paraguay era el alumno ejemplar de las calificadoras internacionales. Crecimiento económico, disciplina fiscal, inflación controlada y estabilidad monetaria. En 2024, Moody’s le otorgó el ansiado investment grade, el grado de inversión que abre las puertas de los grandes fondos internacionales. Standard & Poor’s hizo lo mismo en 2025. Era exactamente el reconocimiento que Luis Caputo pretende conseguir para la Argentina. Pero el modelo paraguayo acaba de recibir un golpe que puso en cuestión algo más que la solvencia de un banco: la capacidad de las agencias internacionales para anticipar las crisis que supuestamente deben medir.
La historia tiene una coincidencia significativa. FIX, la calificadora afiliada a Fitch Ratings, había confirmado en marzo una nota AA-py con tendencia fuerte para Ueno Bank, la entidad cuyo derrumbe precipitó la mayor crisis política de Paraguay en años. Es la misma red internacional de calificaciones que en mayo mejoró la nota de la deuda soberana argentina de CCC+ a B-. Las evaluaciones corresponden a escalas y emisores distintos, pero comparten un problema: la distancia que puede existir entre la confianza que transmiten las calificaciones y la situación real de una entidad financiera.
La diferencia es que Paraguay ya había alcanzado el grado de inversión y Argentina todavía se encuentra varios escalones por debajo. Para Caputo, ese reconocimiento es una pieza central de su estrategia de regreso a los mercados voluntarios de deuda. La calificación determina qué inversores institucionales pueden comprar determinados títulos y condiciona el costo del financiamiento. En el caso paraguayo, el sello de estabilidad convivió con una crisis bancaria que terminó por alcanzar al propio presidente.
El 31 de marzo, FIX confirmó la calificación AA-py de Ueno Bank y le asignó tendencia fuerte. La agencia destacó el crecimiento de la entidad, la diversificación de sus fuentes de financiamiento y la calidad de su cartera crediticia. La nota AA-py pertenece a la escala nacional paraguaya y no equivale a una AA internacional. Sin embargo, dentro de ese universo representaba una evaluación de elevada calidad crediticia. El 3 de noviembre, después de que el Banco Central interviniera la entidad, la misma calificadora redujo su nota directamente a Dpy, categoría de incumplimiento.
El salto de AA a D expone la fragilidad de las evaluaciones cuando los balances no reflejan adecuadamente los riesgos. La calificadora reconoció que habían aparecido datos que no habían sido suministrados previamente y que modificaban las condiciones sobre las que había construido su diagnóstico. El banco que hasta marzo exhibía una perspectiva fuerte terminó con un índice de solvencia de apenas 5,56%, menos de la mitad del mínimo regulatorio del 12%.
El episodio reabre una discusión que atraviesa la historia reciente de las finanzas internacionales. Antes de la crisis de 2008, las principales agencias habían otorgado calificaciones elevadas a instrumentos hipotecarios que luego sufrieron pérdidas extraordinarias. El problema estructural sigue siendo el mismo: las calificadoras trabajan en buena medida con información proporcionada por los propios emisores y, además, operan bajo un modelo comercial en el que frecuentemente son esos emisores quienes pagan por las evaluaciones.
En Paraguay, la cuestión adquiere otra dimensión porque Ueno no era una entidad marginal. El banco digital había crecido hasta reunir cerca de tres millones de clientes, una cifra equivalente a casi la mitad de la población del país. Administraba alrededor de 850 millones de dólares de fondos públicos, incluidos unos 380 millones vinculados al sistema de previsión y salud. También había conseguido financiamiento internacional y colocado bonos por 350 millones de dólares en Wall Street, con participación de JPMorgan y Bank of America.
La expansión del banco había sido presentada como una historia de modernización financiera. Una plataforma digital capaz de bancarizar a sectores que permanecían fuera del sistema tradicional. Pero detrás del crecimiento aparecieron préstamos a empresas vinculadas con su grupo controlador, Grupo Vázquez, que despertaron las sospechas de los supervisores. Cuando el Banco Central constató el deterioro patrimonial, dispuso el procedimiento de resolución de la entidad. Millones de usuarios quedaron temporalmente sin acceso a sus cuentas y el temor se extendió a los depositantes de otros bancos.
El impacto sobre la economía real fue inmediato. Comerciantes denunciaron una fuerte caída de las ventas, los jubilados tuvieron dificultades para acceder a sus haberes y comenzaron las protestas frente a las sucursales. El Gobierno tuvo que impulsar mecanismos extraordinarios para acelerar la devolución de los depósitos. Las autoridades monetarias sostienen que la crisis está circunscripta a Ueno y que no compromete la solvencia del conjunto del sistema financiero paraguayo.
Sin embargo, el problema financiero se transformó rápidamente en un escándalo político. Santiago Peña había sido accionista del grupo empresarial propietario de Ueno hasta marzo de 2025, según su propia declaración. Durante su presidencia aumentaron los depósitos de organismos públicos en la entidad. Además, el presidente del Banco Central, Carlos Carvallo, había ocupado anteriormente la conducción de Ueno. La combinación de estos antecedentes abrió interrogantes sobre los conflictos de intereses y la independencia de la supervisión bancaria.
Peña negó haber cometido irregularidades y sostuvo que había vendido su participación accionaria. También rechazó las acusaciones de encubrimiento. Pero la investigación judicial avanzó sobre directivos del banco y alcanzó al mandatario. La Fiscalía ordenó detenciones de ejecutivos, mientras Carvallo presentó su renuncia al Banco Central.
La crisis llegó al Congreso con un pedido de juicio político por presunto mal desempeño de sus funciones. La oposición cuestionó los vínculos empresariales del presidente, el manejo de los fondos previsionales y la actuación del Banco Central. El punto de quiebre llegó cuando Horacio Cartes, expresidente y principal referente del Partido Colorado, le retiró su respaldo a Peña y acompañó el proceso parlamentario.
Este jueves 5 de noviembre, Peña anunció su renuncia a la presidencia. La Cámara de Diputados avanzó con la acusación política y quedó abierto el trámite institucional que debe resolver la sucesión y el alcance del juicio político. El vicepresidente Pedro Alliana aparece como el sucesor constitucional. La salida de Peña no clausura las investigaciones sobre el banco ni resuelve la situación de los fondos públicos comprometidos.
El derrumbe resulta particularmente significativo por el perfil de Peña. Economista, exfuncionario del Fondo Monetario Internacional y promotor de la estabilidad macroeconómica, había construido buena parte de su gestión alrededor de la llegada de inversiones extranjeras. Paraguay se promocionaba como un destino confiable por sus bajos impuestos, su crecimiento sostenido y sus cuentas públicas ordenadas.
Ese prestigio no desaparece automáticamente por la caída de un banco. Tampoco el grado de inversión soberano significa que todas las entidades financieras de un país estén protegidas contra una crisis. Son riesgos diferentes. Pero cuando una insolvencia bancaria compromete recursos previsionales, provoca una investigación penal y precipita la renuncia de un presidente, la estabilidad institucional pasa a integrar la discusión sobre el riesgo económico.
Para la Argentina, el episodio ofrece un contraste interesante. Caputo necesita acumular reservas, reducir el riesgo país y conseguir que las calificadoras sigan mejorando la nota soberana para recuperar el financiamiento internacional. Paraguay ya había logrado buena parte de ese recorrido. Sin embargo, la crisis de Ueno demuestra que el reconocimiento de las agencias no sustituye la calidad de la supervisión ni garantiza la ausencia de vulnerabilidades financieras.
El propio sistema de calificaciones quedó expuesto por la velocidad de su reacción. La agencia que en marzo veía una tendencia fuerte en Ueno Bank reconoció en noviembre una situación de incumplimiento. Entre ambos informes, los ahorristas confiaron sus depósitos, el Estado mantuvo recursos públicos y los inversores internacionales financiaron la expansión de la entidad.
La discusión excede a Fitch y a Paraguay. El mercado financiero internacional utiliza las notas de riesgo para establecer precios, administrar carteras y decidir dónde colocar miles de millones de dólares. Pero esas calificaciones son opiniones sujetas a información incompleta, no auditorías integrales ni garantías de solvencia.
Paraguay consiguió el grado de inversión que busca la Argentina. Ueno consiguió la calificación AA que exhibía como prueba de fortaleza. El banco terminó intervenido y el presidente presentó su renuncia. La calificadora corrigió la nota cuando la crisis ya había estallado.







