Federico Sturzenegger encontró una manera particular de atravesar una de las semanas más complicadas de su gestión: se fue a Punta Cana a dar una clase magistral.
El ministro de Desregulación había sido uno de los principales impulsores de la reforma que buscaba flexibilizar las restricciones para la compra de tierras rurales por parte de extranjeros. Pero el Gobierno no consiguió los votos y terminó retirando ese capítulo para evitar que naufragara el resto del proyecto.
La derrota dejó a Sturzenegger en el centro de las críticas. La iniciativa había generado una resistencia que excedió al peronismo y terminó complicando incluso a los aliados del Gobierno. Gobernadores, legisladores provinciales, organizaciones sociales y figuras del espectáculo se pronunciaron contra la modificación.
El problema para el ministro fue que tampoco prosperó la salida intermedia. Ante la falta de votos para avanzar con el esquema original, el Gobierno intentó elevar del 15 al 25 por ciento el límite permitido para la propiedad extranjera. No alcanzó. Finalmente tuvo que sacar el capítulo.
En medio de esa discusión, Sturzenegger cambió el Senado por el Caribe.
El ministro apareció en Punta Cana, República Dominicana, para participar de una masterclass. La escena llamó la atención entre dirigentes que seguían la negociación en Buenos Aires: mientras el oficialismo buscaba explicar por qué había tenido que retroceder con una reforma emblemática de la agenda desreguladora, uno de sus principales autores estaba dando cátedra a miles de kilómetros.
“Se le cayó la ley y se fue a dar una clase magistral”, ironizó ante Mosca un dirigente que participó de las conversaciones alrededor del proyecto.
La caída del capítulo de tierras golpeó especialmente a Sturzenegger porque tocó el corazón de su programa. Desde su llegada al Gobierno, el ministro convirtió la eliminación de regulaciones en una cruzada personal y acumuló enfrentamientos con cámaras empresariales, sectores productivos, sindicatos y corporaciones profesionales.
Pero la Ley de Tierras encontró una resistencia distinta. La discusión dejó de ser técnica y se convirtió rápidamente en una cuestión política. La posibilidad de ampliar la participación extranjera sobre el territorio consiguió unir sectores que difícilmente suelen compartir una misma trinchera.
El resultado fue un freno poco habitual para el ministro. Sturzenegger suele avanzar como una topadora regulatoria: publica resoluciones, elimina normas y anuncia cada cambio en extensos posteos en redes sociales. Esta vez la máquina encontró una tranquera.




