lunes, 14 septiembre 2026

Mimos al FMI: el Gobierno acelera gestos antes de la revisión de febrero

Caputo llega al exámen con presupuesto, acumulación de reservas, y una mayor transparencia estadística.

No son concesiones. Son caricias.

A semanas de que llegue la primera revisión del acuerdo en la primera semana de febrero, el Gobierno entró en modo seducción FMI. Cada movimiento reciente —el presupuesto, las compras de dólares, la decisión de retocar el índice de inflación— responde a una lógica común: mostrar obediencia funcional sin admitirlo en voz alta.

La urgencia fue total. El Presupuesto tenía que salir sí o sí, aunque no fuera el que el Ejecutivo soñaba. No era el dibujo ideal, ni en gasto, ni en ingresos, ni en margen político. Pero era el presupuesto posible, y sobre todo, el presupuesto que el Fondo necesita ver. Sin ley de leyes, no hay previsibilidad fiscal. Y sin previsibilidad fiscal, no hay revisión exitosa.

Por eso el oficialismo corrió contrarreloj, negoció artículo por artículo y aceptó concesiones que hace apenas semanas parecían impensables. La discusión parlamentaria fue áspera, pero el mensaje externo era claro: Argentina tiene ancla fiscal, aunque sea con alambres. Para el FMI, alcanza.

El segundo gesto llegó por el lado de las reservas, el punto más sensible del programa. Después de semanas de sequía, el Banco Central arrancó ayer con compras netas por más de USD 80 millones, en una señal deliberada. No se trata solo del monto —que no cambia la historia— sino del timing: mostrar acumulación justo antes de que el Fondo abra la planilla de Excel.

El mensaje es político antes que contable: estamos haciendo el esfuerzo. Aunque sea marginal, aunque sea frágil, aunque dependa de condiciones que no controlamos del todo. El Fondo sabe leer ese lenguaje.

El tercer gesto es más silencioso, pero no menos relevante: la modificación del IPC a partir de la medición de enero, que se conocerá en febrero. El Gobierno actualizará la canasta y la metodología del índice, una decisión que se viene postergando hace años y que ahora aparece oportunamente alineada con los pedidos de mayor transparencia estadística que reclama el organismo.

No es casual. Para el FMI, los números importan tanto como la credibilidad de los números. Un IPC más representativo, aun con riesgos políticos, funciona como señal de normalización institucional. No baja la inflación, pero mejora la confianza en el termómetro. Y eso también cuenta en una revisión.

En el fondo, todo forma parte del mismo ritual. Presupuesto aprobado, reservas en movimiento, estadísticas aggiornadas. Gestos prolijos. Lenguaje técnico. Señales de disciplina.
No es un giro ideológico. Es una puesta en escena.

El Gobierno sabe que febrero no es un trámite. La revisión define desembolsos, plazos y margen de maniobra para el resto del año. Por eso cada decisión reciente parece pensada para ser subrayada en Washington.

No hay épica en esto. Hay administración del vínculo con el FMI.
Un vínculo que no se discute: se cuida

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