sábado, 25 julio 2026

Massa volvió a la cancha con los intendentes y el peronismo empezó a contar jugadores

Un partido de futbol, varias caras pesadas del conurbano y un mensaje sin micrófono. El tigrense reapareció y agitó la interna.

Sergio Massa volvió a mostrarse en público con una excusa liviana: un partido de fútbol. Alrededor suyo, un grupo de intendentes peronistas del conurbano bonaerense que no suele moverse sin cálculo. La foto, rápida y descontracturada, empezó a circular y activó interpretaciones.

En la cancha estuvieron dirigentes con peso propio. Entre ellos, Fernando Espinoza (La Matanza), Juan Andreotti (San Fernando), Leonardo Nardini (Malvinas Argentinas), Sebastián Abella (Campana) y Julio Zamora (Tigre). Una mezcla que llamó la atención: peronistas alineados con distintas tribus y hasta un intendente del PRO.

El dato no pasó desapercibido. No fue una reunión formal ni un acto partidario. Fue una postal cuidadosamente espontánea. Dirigentes territoriales, camisetas de fútbol y un Massa en modo anfitrión. En política, esas escenas suelen decir más que un discurso.

Según reconstruyó Mosca, el encuentro tuvo tono distendido. Hubo charla, bromas y fútbol. Pero también conversación política. “Se habló de todo, menos de nada”, deslizó un dirigente que participó de la actividad. El off sintetiza el clima: informal en las formas, cargado en el fondo.

La reaparición de Massa no es inocente. La interna peronista se recalienta y empieza a demandar referencias. En ese contexto, su presencia vuelve a tener peso.

El peronismo bonaerense atraviesa una etapa de fragmentación. No hay conducción ordenadora. Los intendentes buscan reacomodarse y evitar quedar atrapados en una disputa que todavía no tiene dueño. Por eso, cada foto con volumen político se amplifica.

La lista de asistentes también dejó mensajes. La convivencia de Espinoza y Nardini con Zamora o Andreotti sugiere un intento de tender puentes. Incluso la presencia de Abella, de extracción PRO, sumó ruido. No fue un encuentro cerrado ni homogéneo.

Desde el entorno de Massa intentaron bajarle el tono. Aseguran que fue un encuentro social. Que no hay definiciones electorales. Pero la política tiene otra lógica: cuando se juntan intendentes con poder real, el mensaje excede lo deportivo.

En el peronismo leyeron el gesto como una señal. Massa se muestra activo. Se rodea de estructura. Y vuelve a aparecer en el radar. No dice que quiere, pero tampoco lo descarta. En una interna abierta, eso alcanza para activar especulaciones.

El oficialismo, mientras tanto, mira de reojo. Sabe que un peronismo desordenado es funcional. Pero también que, si empieza a articularse, puede cambiar el tablero. Y Massa, guste o no, es un jugador con capacidad de armar.

La política argentina tiene estas escenas. Un picado puede ser apenas eso. O el primer movimiento de algo más grande. Esta vez, Massa eligió la cancha. Y el peronismo empezó a contar quiénes estaban del mismo lado.

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